-Capítulo 40-🦋

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 —¡Por favor! Un café, helado

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 —¡Por favor! Un café, helado... lo que tú quieras. Necesitamos hablar.

Sussan, con su mirada inquieta, me imploraba que la acompañara. Le urgía hablar. ¿De qué? Accedí, solo por curiosidad.

La semana había transcurrido con rapidez, Marie y el Sr. Evans, llegarían el día de mañana. Aún no visitaba a mi padre, y eran una de las cosas que tenía muy presente, porque sí, lo haría, pero antes tenía que ayudar a Ali, la cena de compromiso estaba a dos días. Faltaban flores, mantelería y decoraciones varias, no dude en encargarme de eso cuando Ali, se veía colapsada por todo el itinerario, compromiso, padres e hijos.

En cuanto a Matt... No lo veía desde aquella noche. Según Ali, había partido a la ciudad muy temprano al día siguiente. No habíamos hablado, otra vez. Pero sé que yo, sería un desastre el día que tocáramos el tema.

Fue así como esa mañana, tome el auto de Ali, deje a Ed y Marie, en el pueblo y yo, camine por algunas tiendas, por las cosas que faltaban.

Al tener listas la compras, me detuve frente a un aparador, que mostraba un lindo vestido veraniego en oferta.

—¿¡Hanna!?

Una voz conocida pegó en mis oídos, y observe el reflejo en el aparador. Me volteé, y el rostro de Sussan, retrocedió el tiempo.

esbozó una sutil sonrisa y a pesar de que tenía su imagen en mis recuerdos, algo en ella había cambiado.

—No creí volver a verte... —expresó, con cariño.

—¿¡Sussan!? —pregunté con asombro.

Mantenía una bolsa con un logo de una tienda para bebes. La observé de pies a cabeza y me detuve en su panza de cuatro a seis meses aproximadamente, la cual sobresalía con sutileza de su blusa color marfil.

Elegante y hermosa, los años le habían regalado un rostro apacible y tierno. No era la misma niña malcriada, que había conocido en la escuela.

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Pedí un jugo de frutas y ella, optó por lo mismo. La observaba un poco incómoda. No sabía mucho que decir, la última vez que la vi, fue entregándome una sonrisa burlona mientras Matt, desaparecía entre la multitud, aquella noche de la graduación.

Estaba casada con un amigo rico de su padre, con el cual llevaban ocho años de matrimonio, tenía dos pequeños y comentaba alegre que esperaba a su tercera hija. Se veía feliz y plena. Vivía a las afueras del pueblo y le dedicaba su vida a su familia e hijos. ¿Quién lo diría?

—¡Estas hermosa! —soltó después de darle un sorbo a su jugo de frutas—. Dylan, tiene que...

—Nos estamos divorciando —la interrumpí. No quería a Dylan, en nuestra conversación. Era claro que tampoco, mi vida tenia un cierto parecido a la de ella. Nada.

𝑫𝒆𝒗𝒖𝒆𝒍𝒗𝒆𝒎𝒆 𝑴𝒊 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora