-Capitulo 44-🦋

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«En mí, existe una sensación que solo un ser ha provocado

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«En mí, existe una sensación que solo un ser ha provocado... Estar drogada, ebria, perder la conciencia solo con un beso o, el descozor de sus manos sobre mí, esas, que me llevaban al cielo y me mantenían sobre sus nubes».

No importo la lluvia, o que estuviésemos varados en la nada a unos cuantos kilómetros de casa. España, había desaparecido de nuestros pensamientos, nuestros miedos los dejamos atrás, las discusiones, remordimientos, culpas... Todo desapareció.

Nada más importó. Él estaba conmigo y yo, con él.

Porque cada vez que miraba a ese ser, sus ojos me llenaban de paz, esa donde volvía a casa renovada, con fuerzas, me inspiraba...

Me preguntaba: ¿Esto era insano? Pero cuando te sientes de esa manera ¿Qué mierda importa?

Me besó como si no lo fuese volver a repetir y yo, lo seguí. Seguí el compás de su respiración, del latido de su corazón, ese que con fuerza se desbordaba en su cuello, al que mi boca obscena se aferraba del aroma de su cuerpo y que mágicamente el de la tierra húmeda, se colaba entre nosotros.

Nuestra ropa empapada desapareció de nuestros cuerpos, y nos secamos entre caricias y besos, esos que esparcimos por cada rincón de nosotros.

La melodía de la lluvia sobre el techo de la camioneta, se mezclo con nuestras respiraciones arduas y jadeos que imploraban más.

Y ¿Cómo no iba a querer más? Si yo, soñé cada noche con ese momento, que quedaría marcado en mi vida para siempre, como la tinta de un viejo libro, o las lágrimas que derramé al escribirle miles de palabras, esas que ahora llevo guardadas en un cajón, acompañadas con sus innumerables barcos de papel.

Sus manos, se abrieron camino a las sombras de mi pasado, esas que nunca olvidé, que nunca quise olvidar.

Sus dedos se colaban entre mi cabello, que jalaba para darle paso a mi cuello, donde dejaba besos húmedos y arrastraba con ahínco hasta mi boca.

Sus ojos de otoño habían desaparecido, y una furiosa tormenta los remplazo, llenándolo de deseo y desesperación por mí, de mí, esa desesperación que marcaba con su ronca voz y me preguntaba: ¿Quieres más?

Sus manos se convirtieron en llamas que envolvían todo mi cuerpo, que me jalaban hacia él... como si yo, tuviese la intensión de escapar... Pero no tenía ni la menor idea de cuanto lo había esperado. Porque hace un tiempo, había detenido mi reloj, solo por esperarlo, esperar alguna señal de su presencia, respuesta que nunca llegó. Hanna... era insano.

Y ahora, aquí estaba... llenándome de él.

—Ven aquí... —dijo, jalándome hacia su cuerpo, para quedar a horcajadas, en él.

Una de sus manos se aferro con fuerza a mi glúteo donde no me cabía la menor duda que sus dedos incrustados dejarían marcas en el. La otra mano se deslizo por mi espalda y se abrió camino hasta llegar y tomar con fuerza de mi cuello, donde me proclamó suya.

𝑫𝒆𝒗𝒖𝒆𝒍𝒗𝒆𝒎𝒆 𝑴𝒊 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora