«El hermoso príncipe, se ha convertido en sapo o quizás, jamás fue príncipe»
Hanna Scott, a terminado con su matrimonio. Dejando todo atrás, decide volver a su pueblo natal, donde su amiga Alison Evans, la espera ansiosa.
Este retorno, no sólo...
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—Tienes vuelo a las 15:30PM. Llámame cuando llegues —pidió Ali, cuando mi maleta esperaba en la puerta por Carl y Nadia, quienes me llevarían al aeropuerto.
—Te llamaré —aseguré, mientras Vicky, me golpeaba las piernas y el trasero con lo que, según ella, era una varita mágica y lanzaba un hechizo. Mientras que su mellizo Pete, danzaba en círculos a mi alrededor disfrazado de indio, según él, era un ritual para que regresara pronto al pueblo.
Paul, se encontraba en la ciudad, trabajando con Matt.
—¿Esta...
—Si, Hanna... está bien —aseguró Ali con un suspiro, a sabiendas que preguntaba por su hermano.
De pronto, Kyra comienza a ladrar y por el claxon, sabemos que Nadia y Carl, han llegado.
—Entonces... —balbuceo la castaña —¿Te veo en unos meses? —preguntó con los ojos cristalinos.
Asentí con la cabeza, este viaje trataba de tomarlo como un respiro. Tenía que encontrarme y como dijo Ed... elegir mi camino.
—Volveré cuando este lista, te lo aseguro—. Confirmé para su tranquilidad.
Mis rodillas dieron al suelo y envolví con mis brazos a la pequeña hada y al pequeño indio, que se habían robado mi corazón.
—No hagan regañar a mamá ¿Sí? —pedí y asintieron con la cabeza —coman toda su comida—agregué —y nuevamente asintieron con la cabeza.
—Ajá —soltaron ambos con un balbuceo.
Me regalaron un fuerte abrazo, un enorme beso y corrieron al jardín. Kyra, fue detrás de ellos.
—Ok. Amiga...—tome aire desde mis adentros limpiando mi nariz por las lágrimas— te veo pronto. No lo dudes —avisé sonriendo y la abracé con fuerzas.
—Solo vete idiota... se me hinchara el rostro—pidió entre lágrimas.
Sonreí y le di la última mirada, luego tomé mi maleta y corrí al encuentro con mi hermana y Carl.
Cerré la reja de entrada y mi mirada dio hacia el costado, me vi sentada en la tierra y recordé aquel día que me desvivía en llanto cuando Matt, partió a Londres.
¿Nunca han tenido la sensación que a pesar de que el corazón duela del carajo, en el fondo están haciendo lo correcto?
Bien, eso es lo que siento... Y duele de la mierda. Volver alejarme de lo que amo es terrorífico. Pero Matt, se merece lo mejor y yo, no estoy preparada para él.
No quiero otra relación traumatizada, por años creí y acepté, que lo que vivía era parte de la vida, sin embargo, estaba equivocada.
—¿Estas segura de lo que estás haciendo? —Nadia, tenía esa mirada extraña, no podía creer la decisión que había tomado.
—Si, nunca he estado más segura en toda mi vida. —respondí con el pecho comprimido y la cabeza en alto. No sentía miedo, pero a pesar de la tristeza que calaba en mi interior, mi alma estaba en paz.
—¿Qué haces Annie? Perderás el vuelo—. Dijo Carl con diversión.
—¡Voy!—grité, disipé el agrio recuerdo, y metí la maleta al portaequipajes.
Le di una mirada al lago, a modo de despedida. Una sutil brisa se escudriño entre mi cabello y mágicamente, sentí el aroma de mamá, recordé cuando me enseñó a remar y sus palabras dieron de lleno a mis oídos
«Lo estás haciendo bien cariño, sigue adelante»
Di la última mirada a la casa y a Ali, quien alzaba su brazo en un adiós.
—Ok. Chicos... ¡vamos!—avisé, entrando al auto y acomodando mi cuerpo al asiento trasero de este.
Pero, aunque traté de espantar recuerdos, me fue imposible.
Alannis y su «You Learn» en el radio del vehículo, dieron paso a imágenes, que se presentaron como pequeñas películas vintage.
Los barcos de papel volando por mi habitación, a causa de mi malestar con Matt, mi maldita ansiedad ¡Dios! Los atardeceres en el bote, los paseos bajo la luna. Él, en mi habitación... Escondidos, para que nadie supiera lo nuestro. Yo, recogiendo los frutos de la pareja de ancianos, haciendo trabajos, tratando de no pensar en él. Y así, como una hermosa melodía, escuché su voz en mi cabeza: «Una mente ocupada no extraña a nadie»
Pero... no había manera de sacarlo de mí, lo recordaría por siempre con el lago, la luna, el atardecer, la lluvia, el verano y otoño... sería por siempre y para siempre, mi eterna mirada castaña.
—¿Lista para una nueva aventura?— preguntó Nadia con alegría, girando su cuerpo hacia mí.