-Capítulo 42- 🦋

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—Te pareces a tu madre —exclamó, apenas sus ojos me divisaron.

Habían transcurrido algunos días, tres para ser exacta.

El Sr. Evans y Marie, habían retornado a Londres, pero no sin antes hablar con Nadia y yo presente. Dependiendo del préstamo que pudiésemos conseguir con mi hermana, el cine era de nosotras.

Ambas gritamos, cuando el Sr. Evans se retiro en su camioneta y nosotras nos cercioramos de que las luces se alejaran , solo para dar un grito de victoria.

—Quiero que sea un café —aviso Nadia

—Un restaurante... pequeño, pero de lujo... el mejor —solté ansiosa.

—¡Hecho! —exclamó Nadia y ambas nos abrazamos.

Al día siguiente, decidí ir a hablar con papá. La familia completa, incluyendo a Ed, se dirigieron al aeropuerto de la ciudad para despedir a Eric, quien se iba a la universidad.

Matt, por otro lado, se encontraba con problemas al ver que Daniels, estaba más cerca de ganar el proyecto por el cual tanto peleaban.

—Hanna, Ed puede entrar a la universidad— aviso Matt, al día siguiente de la boda, y comprendí que había movido un mundo por mi hijo.

Pero también, se instalo en mi pecho un pequeño malestar. Ed, se iría más pronto de lo acordado.

_____

Ese día que decidí ir a ver a papá, Nadia me acompaño hasta la entrada del hospital.

—Te hará bien —avisó con un sutil brillo en sus ojos, cuando ambas divisamos la entrada del hospital.

Solo asentí y me bajé del vehículo. Cuando vi desaparecer a Nadia, tomé aire desde mis adentros y di el primer paso.

Los pasillos eran fríos, algo extraño para un verano, pero era yo, mis pensamientos y los nervios de ver a papá.

Habitación Veintiuno, una puerta de color menta y  un poco entreabierta. La tv se encontraba  encendida, lo supe por la voz del tipo del clima. Nunca le atina a las temperaturas, recordé.

Me encontraba ahí, entre golpear la puerta o, irme y dejar las cosas tal como estaban.

Pero levanté mi mano y por arte de magia, un sutil «Toc Toc» dejé caer en la puerta.

—Adelante —avisó mi padre con una agotada voz. Fue increíble su tono, me golpeo el pecho, recordé el «Annie» con el cual me llamaba con tanta ternura.

Abrí un poco más la puerta y aparecí delante de él.

—Eres igual a tu madre —soltó con una sonrisa. Sus ojos se iluminaron, como si el sol hubiese entrado por aquella ventana.

—Ho... Ho... Hola papá. —mi voz titubeó.

Se encontraba atado a una máquina, la cual media el estado de papá. Pum, Pum Marcaba con fuerza el pulso de su corazón.

Se incorporó en la cama, algo incómodo, pero podía notar su felicidad. Tomo el control remoto y apago la TV.

—Por favor —su mano invito a su lado, y me esperaba una silla. Podía divisar en esa silla mi nombre escrito. Que imaginación Hanna.

Aclaré mi garganta, y con algo de inseguridad camine a su lado.

Recordé al Sr. Evans. La mirada de papá era la misma cuando el Sr. Evans miraba a sus hijos.

𝑫𝒆𝒗𝒖𝒆𝒍𝒗𝒆𝒎𝒆 𝑴𝒊 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora