-Capítulo 46-🦋

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—Adiós mamá... —Se despidió Edward, después de un abrazo, dejándome un beso en la frente.

—Estaremos cerca, recuerda que te podré ir a visitar —respondí con una sonrisa triste.

Sus ojos cristalizados y su voz quebrada, indicaba cuanto le dolía su partida... y a mí también. Pero tenía que continuar, después de todo... así es la vida, seguir adelante y dejar algunas cosas atrás, aunque no quieras.

Marie, se colgó de su cuello y se prometieron escribirse cada semana, y Ed aseguró que la extrañaría cada día.

Recordé las promesas que el padre de Marie, me hacia en aquel verano y justo en ese momento se alojó en mi pecho un vació y mi corazón dolió. Tienes que irte, Hanna.

«Te escribiré cada semana... Te extrañaré cada día, porque ¡carajos! Que si lo haré» resonaba la voz de Matt en mis memorias.

Tan solo éramos unos chicos enamoras con el mundo por delante.

Ed beso a Marie, quien limpiaba sus lágrimas con la manga de su sweater, mientras él, acariciaba su rostro y la volvía a aprisionar en su cuerpo, hacían tardar el adiós.

Luego tomo su maleta, nos regalo una sonrisa triste y sus pasos comenzaron a perderse hacia la puerta del andén.

Marie, tomó de mi mano mientras lloraba. Yo, levanté mi rostro y traté de mostrar fuerza ante los dos chicos, que se encontraban destrozados, aunque mi corazón se rompía al ver a Edward, salir de mi vida.

Ya podíamos ver su espalda, donde cargaba su guitarra, pero cuando llegó a la puerta del anden y antes de entrar, se gira y con una sonrisa, a pesar de su tristeza modula: «Te amo mamá»

Tome fuerte de la mano de Marie, a quien le regala una sonrisa y luego nos lanza unos besos por los aires, y acto seguido, cruza la puerta y desaparece.

La noche anterior escuché a Ed, decir cosas que jamás creí escuchar.

—Solo vete a dormir, mañana tienes un día atareado—. Pedí a Ed, después que su padre lo dejara fuera de casa, luego de una tarde juntos.

Después del alboroto bochornoso entre Matt y Dylan, la familia se involucró cuando Ed y Marie, confirmaron su «noviazgo».

Matt, si bien puso el grito en el cielo ante la relación de nuestros hijos, no permitiría que se interpusiera entre ellos. También tuve 15 años, y me sentí tan enamorada de él, como Marie, estaba de Ed. Claro que los entendía y defendería los sentimientos de los chicos, de alguna u otra manera vi mi reflejo en los chicos.

—No puedo dormir mamá —respondió hostigado, dejando su guitarra y la maleta, cerca de la puerta.

Mi pecho se comprimió, y salí al pórtico que da al lago y ahí me senté, no quise derramar ni una lágrima delante de Ed. Después de un día caótico, era agradable, placentero y hasta armónico, el silencio que nos inundaba ese momento. El tenue oleaje del lago que provocaba la brisa, era todo lo que escuchaba con más notoriedad.

𝑫𝒆𝒗𝒖𝒆𝒍𝒗𝒆𝒎𝒆 𝑴𝒊 𝑻𝒊𝒆𝒎𝒑𝒐Donde viven las historias. Descúbrelo ahora