La luz de la tarde entraba tenue por los ventanales. Jackson había cerrado todas las cortinas excepto una, dejando que un solo haz de luz nos iluminara mientras preparábamos el set improvisado para el video. Jay B, que se había quedado como apoyo moral y "director artístico", ajustaba el ángulo del celular en el tripié.
—Está grabando en 4K, sonido limpio, sin filtros. Solo ustedes dos y la verdad —dijo serio.
Yo tenía las manos heladas. Jackson, en cambio, se mostraba tranquilo, sereno. Me tomó la mano y la apretó con suavidad.
—No tienes que hablar si no quieres —susurró.
—No, quiero hacerlo. Me lanzaron a una tormenta, pero ya estoy empapada. Al menos que valga la pena mojarse.
Jay B nos dio la señal. La cámara comenzó a grabar.
Silencio. Solo se escuchaba nuestra respiración. Jackson fue el primero en hablar:
—Hola. Soy Jackson Wang. Sé que hoy las redes están ardiendo con mi nombre y el de la persona que está sentada a mi lado. Por eso decidí que lo mejor es hablarles directamente, sin intermediarios, sin guiones. Solo yo, Jackson. Y ella, Paula.
Hizo una pequeña pausa. Su voz no temblaba, pero sus ojos reflejaban el peso de lo que estaba a punto de decir.
—Quiero ser honesto con ustedes. Sí, estoy en una relación. Y no, no es un escándalo. No es un truco publicitario, ni una aventura. Es amor. Real. Humano. Uno que quise mantener en privado porque, seamos sinceros, el mundo del entretenimiento no siempre es amable con quienes deciden amar libremente. Pero Paula no es una sombra en mi vida. No es una fan obsesionada ni alguien que se aprovechó de mí. Es la mujer que me devolvió la calma cuando más lo necesitaba.
Me miró entonces. Sentí que el mundo desaparecía un momento. Era como si el universo se hubiera hecho chiquito y solo quedáramos nosotros dos.
Continuó:
—Sé que muchos de ustedes pueden sentirse decepcionados. Algunos porque pensaban que yo debía quedarme solo para dedicarme cien por ciento a mi carrera. Otros porque creían que mi vida personal les pertenecía. Pero hoy quiero que me vean como el ser humano que soy. Tengo derecho a amar. Y a ser amado.
Apreté su mano, sentí su pulgar acariciando mi piel como si intentara calmar la tormenta que se avecinaba.
Entonces, me armé de valor y hablé:
—Hola, yo soy Paula. Muchos ya me han llamado de muchas formas en redes... fanática, interesada, oportunista. Y está bien. No todos me conocen. Pero si hay algo que quiero que sepan de mí, es que jamás busqué estar con Jackson por su fama. Lo conocí como persona. Me enamoré del hombre detrás del artista. Del que canta cuando lava los platos, del que se emociona con cosas pequeñas, del que abraza tan fuerte que parece que el mundo desaparece.
Miré a la cámara. Mi voz temblaba, pero no me quebré.
—No soy perfecta. Ni pretendo serlo. Pero lo que siento por él es real. Y si amar a alguien en silencio ya era difícil, imaginen ahora que me juzgan miles de personas por hacerlo. Aun así, estoy aquí. Porque no pienso esconderme. Porque si esto va a doler, que duela por algo verdadero.
Jackson me miró como si quisiera detener el tiempo. Volvió a tomar la palabra.
—Quiero contarles algo más. En las próximas horas, alguien va a publicar supuestas pruebas sobre mi pasado. Una expareja, dolida, que ha decidido usar su dolor para atacarme. Va a decir muchas cosas, y no todas serán ciertas. Yo no soy un santo. He cometido errores. Pero jamás fui violento, ni infiel, ni cruel. Lo que viví con esa persona terminó hace mucho. Y aunque me entristece que quiera dañarme ahora que he encontrado paz, no voy a esconderme.
Respiró profundo. Me volteó a ver otra vez. Su mirada no tenía miedo. Solo convicción.
—Esta es mi pareja. Y si tengo que perderlo todo por ser honesto y amarla como se merece... entonces que así sea.
Me sentí temblar, pero no por miedo, sino por lo mucho que lo admiraba en ese momento.
Me acerqué un poco más al celular.
—Solo les pido una cosa. Si alguna vez admiraron a Jackson por su música, por su esfuerzo, por su honestidad... no le den la espalda ahora. Y si no pueden apoyar nuestra relación, está bien. Pero háganlo con respeto. Porque detrás de este video hay dos personas reales, con sentimientos, miedos y sueños.
Jay B levantó la mano como señal para cortar. Pero Jackson alzó la suya, indicando que aún no había terminado.
—Y una última cosa —dijo, con una leve sonrisa—. No voy a dejar de trabajar, de luchar ni de soñar. Pero de ahora en adelante, lo haré con Paula a mi lado. Ya no más escondidas. Ya no más máscaras.
Silencio.
Jay B se acercó y detuvo la grabación.
—Wow —dijo, tragando saliva—. Eso fue... real. Muy real.
—¿Lo subimos? —pregunté, aún con el corazón latiéndome en la garganta.
—Sí —dijo Jackson—. Sin cortes. Sin editar. Que el mundo nos vea como somos.
Subieron el video a su canal personal de YouTube. También a Instagram, Twitter, Weibo. En menos de cinco minutos, el video ya tenía miles de visualizaciones.
Y luego... comenzó la tormenta.
Algunos comentarios eran crueles. Otros defendían a Jackson con todo el corazón. Algunos fans nuevos empezaron a seguirme, otros pedían mi cancelación inmediata.
Pero por primera vez, no sentí que estuviera sola contra el mundo.
Estaba con él.
Y estábamos listos.
Pao Wang
