34

2 0 0
                                        

Desperté sola. El lado de Jackson en la cama ya estaba frío. Me revolví entre las sábanas, con el cabello enredado y la mente medio dormida. Me quedé quieta un momento, intentando escuchar algo... silencio. Raro. Cuando él se levantaba antes que yo, normalmente ponía música o se ponía a cantar en la ducha.

Me puse su camiseta —esa negra con su nombre bordado en el cuello que me llegaba a medio muslo— y bajé las escaleras con pasos lentos y torpes. La casa también estaba vacía.

Pero en la cocina, sobre la barra, encontré un sobre rojo con mi nombre escrito a mano. La caligrafía inconfundible de Jackson.

"Cherry: ponte algo cómodo, empaca para una noche, y abre la puerta en diez minutos. Con amor, tu idiota favorito."

—¿Qué...? —murmuré, sonriendo con incredulidad.

Corrí al baño, me lavé la cara en tiempo récord y metí algunas cosas en una mochila sin pensar demasiado. No sabía si esto era una cita sorpresa, una escapada espontánea o un intento de raptarme. Pero viniendo de Jackson, cualquiera de las tres era probable.

Cuando abrí la puerta, un chofer estaba esperando. Y junto a él, una pequeña caja con moño blanco.

—¿Esto también es para mí? —pregunté, señalando la caja.

—Todo es parte del plan del señor Wang —respondió el chofer con una sonrisa cómplice.

Dentro de la caja había una polaroid, un perfume nuevo que él sabía que me encantaba, y una nota más:

"Primer recuerdo del día: cuando te vi abrir esa puerta, deseé poder estar allí. Pero te prometo que vale la pena la espera. Te amo. —J."

Subí al auto con una mezcla de nervios y emoción. No tenía idea a dónde me llevaba, pero estaba segura de algo: Jackson estaba detrás de todo, y eso bastaba para confiar.

Después de una hora de viaje, llegamos a la orilla del Hudson, a las afueras de Nueva York. El paisaje era de revista: una cabaña de diseño moderno frente al río, rodeada de árboles, y con luces cálidas esperándome.

Entré y lo primero que vi fue otra polaroid pegada en la pared.

"Segundo recuerdo: la primera vez que te vi reír así, supe que estaba jodidamente perdido."

Avancé, y encontré pétalos de rosa que llevaban a la sala. En el centro, había un proyector encendido, con imágenes de nosotros: la primera selfie, el primer video tonto en pijama, la foto de cuando me robó una hoodie y fingió que era suya.

Y entonces lo vi: Jackson, parado frente a mí, con una expresión nerviosa y tierna al mismo tiempo.

—Hola, Cherry —dijo, rascándose la nuca—. Bienvenida a nuestra cápsula del tiempo.

—¿Qué...? ¿Todo esto lo planeaste tú?

—Lo planeamos los dos. Bueno... tú sin saberlo —rió, acercándose a mí—. Hoy quiero darte algo que no se puede comprar.

Sacó otra polaroid del bolsillo y me la dio.

"Tercer recuerdo: el día en que entendí que eras mi hogar."

—Jackson...

—No tienes que decir nada —susurró—. Solo quiero que esta noche sea tuya. Para ti. Porque has estado aguantando tanto, entre redes, escándalos, mi ex loca, los medios, tu trabajo, los viajes... Y aun así, sigues aquí. Conmigo.

Me abrazó fuerte. No como algo romántico o sensual. Fue un abrazo de agradecimiento. De necesidad. De amor en bruto.

—Esta noche —continuó— no hay cámaras, ni seguidores, ni promesas. Solo tú, yo... y el recuerdo que estamos a punto de crear.

~Drive you home~Where stories live. Discover now