46

2 0 0
                                        

Desperté como si me hubiera atropellado un camión... y luego retrocedido para asegurarse.

La luz que entraba por la ventana era como un puñal directo a mis córneas. Cerré los ojos de nuevo, tratando de recordar por qué me dolía tanto la cabeza y por qué sentía la garganta seca como el desierto de Atacama.

Y entonces... lo recordé.

La fiesta. El alcohol. Los celos. Jackson cargándome. Yo gritando. Bailando. Subida en el sofá.

Me quejé bajito, tapándome la cara con las manos mientras deseaba poder convertirme en almohada y desaparecer.

—Oh por Dios... —susurré en voz ronca.

Abrí los ojos apenas y vi que estaba en la cama de Jackson. Mis zapatos en el suelo. Un vaso de agua en la mesita de noche. Y a lo lejos... escuchaba la cafetera encendida.

Traté de incorporarme y el mundo giró. Literalmente.

—Error. Gran error —murmuré tambaleándome hasta sentarme con dificultad.

La puerta se abrió suavecito. Y ahí estaba él. Jackson. Con una taza en cada mano, el cabello aún un poco despeinado, una camiseta gris que le quedaba absurda y sexi, y ese rostro que no decía absolutamente nada. Ni enojo. Ni ternura. Ni alivio.

Nada.

—¿Estás viva? —preguntó, dejándome una taza en la mesita.

—Eso creo —le respondí en voz baja, tomando la taza entre mis manos como si fuera la copa sagrada.

Silencio.

Él se sentó en el borde de la cama, mirando hacia adelante. Ni me miró. Y eso... me dolió más que la cabeza.

—Perdón —dije. La voz apenas me salió.

Él respiró hondo.

—¿Por cuál parte?

—Por... todo. Por gritarte. Por armar una escena. Por perder el control.

—¿Por subirse al sofá en plena fiesta frente a idols internacionales? ¿O por casi caerte de cabeza al suelo? —alzó una ceja, y por fin me miró.

—¿Por las dos cosas?

Jackson me observó por unos segundos. Sus ojos eran intensos, pero también estaban cargados de una preocupación que no había notado la noche anterior.

—¿Sabes lo que sentí cuando te vi tan... fuera de ti?

—¿Rabia? —intenté con torpeza.

—No. Miedo —dijo en voz baja—. Nunca te había visto así. Nunca habías tomado tanto. Nunca me habías mirado como si fuera tu enemigo.

Yo tragué saliva, avergonzada hasta la médula.

—Me dolió. Verte con esa chica. Con todas esas chicas. Rodeado, fumando, riéndote. Y yo tan... yo.

—Pau, yo no estaba coqueteando. Esas chicas se acercan, sí, y algunas cruzan la línea. Pero no significa que yo cruce con ellas.

—Lo sé —murmuré, bajando la mirada—. Pero estaba insegura. Celosa. Ebria. Mala combinación.

Él suspiró.

—Te cuidé toda la noche. Te tapé cuando empezaste a quedarte dormida. Le pedí a los chicos que sacaran a los demás. Y no me dormí hasta asegurarme que estabas bien.

Lo miré. Esa ternura en su voz, mezclada con su decepción... era un golpe al corazón.

—Lo sé, Jackson. Y lo valoro. Juro que sí.

~Drive you home~Where stories live. Discover now