Narrado por Paula
Cuando Taejin se fue, sentí que por fin podía respirar.
No era alivio. Era otra cosa... como si algo muy oscuro se hubiera desprendido de nuestros hombros y ahora, solo quedáramos nosotros. Sin ruido. Sin mentiras. Sin miedo.
Jackson se quedó de pie, mirando la puerta como si esperara que él regresara. Pero yo sabía que no lo haría. Porque su guerra no era con nosotros... era con él mismo. Y por fin lo entendíamos.
Di un paso hacia él y deslicé mis brazos por su cintura desde atrás. Él no se movió al principio. Solo respiró hondo, largo, como si estuviera conteniendo todo el dolor que no se atrevía a soltar frente a nadie.
—Ya se fue —le susurré contra su espalda.
—Pero no el daño que hizo.
Su voz salió ronca. Dolida. Hundida.
Lo giré para mirarlo. Sus ojos brillaban, no por rabia esta vez, sino por tristeza.
—Jackson... —tomé su rostro entre mis manos—. Me dolió que no creyeras en mí. Me destrozó.
—Lo sé. Y no sé cómo voy a vivir con eso.
—Viviendo. Amándome mejor. A partir de ahora. No con promesas vacías, sino con hechos.
Él cerró los ojos y se apoyó en mi frente.
—No puedo retroceder el tiempo, Paula. Pero daría mi vida por hacerte sentir segura otra vez. Por devolverte la confianza que rompí. Porque tú eres mi hogar.
Mi corazón se quebró. No por el dolor, sino por todo lo que todavía sentía por él... a pesar de todo.
—Entonces vuelve a mí —le dije, sin parpadear—. No como el idol perfecto. No como el hombre público. Solo como el Jackson que me eligió cuando nadie más lo hacía.
Sus labios se encontraron con los míos sin más palabras.
Y por primera vez en semanas, no hubo rabia ni ansiedad entre nosotros. Solo amor. Solo necesidad de volver a sentirnos. De borrar las dudas con caricias. De construir sobre las ruinas.
Sus manos rodearon mi cintura con ternura desesperada. Yo me aferré a su cuello, sintiendo cómo su piel volvía a ser mi refugio. Me levantó con facilidad y nos dejamos caer sobre el sofá, enredados entre besos rotos y suspiros largos.
—¿Estás segura? —susurró contra mi cuello.
—Estoy contigo. Eso es todo lo que necesito saber.
Y entonces me amó como si fuera la primera vez. Como si no hubiéramos sufrido. Como si el mundo se hubiera reducido a nosotros dos, desnudos en alma y cuerpo, diciéndonos con cada roce: "no me sueltes otra vez".
Cuando todo terminó, me acurruqué sobre su pecho. Sentí su corazón, latiendo firme bajo mis dedos. Y supe que ese sonido... era el nuevo inicio de los dos.
—¿Crees que podamos ser felices de nuevo? —le pregunté.
—No —dijo con una media sonrisa—. Creo que vamos a ser más felices que nunca. Porque ya aprendimos lo que vale perderse. Y lo mucho que duele no tenerte.
Me besó la frente y yo cerré los ojos. Porque por fin... estaba en casa.
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Narrado por Yuleth
No hacía falta que lo dijeran con palabras.
Cuando los vimos entrar juntos al estudio, tomados de la mano, con esas miradas suaves y cómplices que solo los verdaderamente enamorados tienen... supimos que habían vuelto. Y no solo como pareja. Habían regresado el uno al otro, a lo que eran antes de la tormenta.
Y yo, bueno... lloré.
—¡Me ves llorar y no dices nada! —le reclamé a Megan, abrazándola.
—¡Porque yo también estoy llorando! —me respondió entre risas, con el rímel corrido y una sonrisa enorme.
Lisa chilló. Ari aplaudió. Bambam corrió como en cámara lenta y se lanzó sobre Jackson con un grito de "¡por fin, maldito!".
Yugyeom... bueno, Yugyeom solo miró a Paula y bajó la cabeza con una sonrisa pequeña pero genuina. Ella se acercó y lo abrazó sin decir nada. Fue un momento tierno, silencioso, que solo ellos dos entendieron. Un perdón mutuo, sin necesidad de explicaciones.
—Ok, ok, suficiente sentimentalismo —dijo Jinyoung, haciéndose el serio—. ¡Esto hay que celebrarlo!
—¿Fiesta? —preguntó Ari, alzando una ceja.
—¿Mini concierto privado? —sugirió Lisa.
—¿Maratón de K-Dramas con pizza? —añadió Megan, ilusionada.
—No. Todo eso junto —sentenció Mark, como el sabio del grupo.
Y así empezó todo.
En menos de una hora, habíamos transformado el estudio en una mezcla de sala de karaoke, pista de baile y picnic. Las chicas de Purple Maps pusimos la playlist más caótica que existe (pasando de Twice a Luis Miguel sin previo aviso), y GOT7 sacó luces, snacks y hasta bebidas sin alcohol como si fueran profesionales en montar fiestas.
Jackson y Paula no se separaron ni un segundo. Pero esta vez no como una pareja pegajosa, sino como dos personas que ya no necesitaban esconder lo que sentían. Se reían, se susurraban cosas al oído, bailaban lento incluso cuando la canción era rápida. Eran ellos otra vez.
—¿Te acuerdas cuando pensábamos que no durarían ni tres meses? —le dijo Bambam a Youngjae.
—¡Yo jamás dije eso! —se defendió, soltando una carcajada—. ¡Fuiste tú!
—¿Yo? ¡Jamás! Yo siempre supe que estaban destinados.
—Claro, claro...
Mientras ellos discutían entre bromas, nosotras veíamos a Paula brillar.
—Se ve feliz —murmuró Lisa.
—Y libre —agregó Ari—. Como si por fin se hubiera quitado un peso de encima.
—Porque lo hizo —dije con una sonrisa—. Porque por fin, todo lo que intentaron destruir... volvió a florecer.
Entonces Jackson pidió silencio. Subió al pequeño escenario improvisado y tomó el micrófono.
—Quiero decir algo.
Todos lo miramos.
—Sé que no fui el mejor esposo. Ni el mejor amigo. Pero esta noche, al verlos a todos reunidos, al ver a mi esposa sonreír otra vez... entiendo que nunca estuve solo. Que incluso cuando fallé, ustedes siguieron apostando por nosotros. Y eso... eso vale más que cualquier éxito o fama.
Volteó a ver a Paula.
—Gracias por quedarte. Por volver. Por seguir eligiéndome, incluso cuando no lo merecía.
Ella subió al escenario y le arrebató el micrófono.
—No seas dramático, Wang. Si vas a agradecerme, hazlo con una canción.
Todos estallamos en gritos.
Y sí. Cantaron.
Una versión acústica y dulce de "Drive You Home", con las voces de ambos entrelazadas. Como si todo lo que habían vivido estuviera ahí, flotando entre notas.
Y yo supe que, por muy difíciles que se pusieran las cosas... Paula y Jackson eran de esos amores que sobreviven a las tormentas.
Porque el amor real no se trata de no romperse. Se trata de saber cómo volver a armarse juntos.
Pao Wang
