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El sol aún no se había puesto, pero la luz de la tarde ya comenzaba a desvanecerse cuando Jackson y yo llegamos de regreso a Seúl. El aire estaba cargado, no solo por la humedad del verano, sino por la tensión que se sentía en el ambiente. Sabíamos que al regresar, enfrentaríamos las consecuencias de las mentiras que Mia había comenzado a esparcir por las redes sociales.

Con cada kilómetro que avanzábamos, Jackson parecía más tenso, su mirada fija en la carretera, pero su mente claramente en otro lugar. Yo, por otro lado, me debatía entre el enojo y la impotencia. No podía creer que alguien a quien alguna vez había amado estuviera dispuesta a destruirlo así. Y lo peor era que yo también estaba en la línea de fuego. Las redes sociales estaban ardiendo con las mentiras de Mia, y no era solo Jackson quien estaba siendo atacado; ahora, yo era una víctima más de sus ataques.

—Jackson, ¿qué vamos a hacer? —pregunté, casi temerosa de la respuesta. Mis manos jugueteaban con el borde de su chaqueta, buscando algo de consuelo en su cercanía.

Él respiró hondo, girando ligeramente la cabeza hacia mí, pero sin decir una palabra. Su rostro estaba marcado por la fatiga y la frustración. No necesitaba preguntar más; lo sabía. No solo lo estaba atacando a él, sino también a todo lo que éramos, a lo que habíamos construido juntos. Sabía que Mia quería destruir lo que teníamos, pero no podía evitar sentirme impotente. Nadie quería creer las mentiras, pero el daño ya estaba hecho.

El viaje de regreso había sido largo, y la angustia se había acumulado. Sabíamos que lo que nos esperaba al llegar al apartamento no sería fácil, pero ninguno de los dos había mencionado lo que estaba a punto de pasar. Nadie lo decía en voz alta, pero el miedo era palpable.

Cuando llegamos al apartamento, el silencio nos golpeó con fuerza. Sabíamos que algo no estaba bien. El teléfono de Jackson, que había estado en silencio todo el día, comenzó a sonar sin parar. Mensajes, llamadas, notificaciones... todos relacionados con Mia y sus publicaciones. Alguien había hecho capturas de pantalla y las estaba compartiendo por todas partes.

Entramos en el apartamento, y la atmósfera era densa, como si todo estuviera esperando a explotar. Jackson miró su teléfono con un suspiro profundo. Sus dedos se movían de manera automática, revisando una tras otra las notificaciones que llegaban sin cesar. Cada vez que miraba la pantalla, podía ver cómo su rostro se endurecía más.

—Ya lo sabía... —murmuró, pasando la mano por su cabello, nervioso. Su voz era un susurro, pero en ella había una mezcla de dolor y desesperación. Sabía que la tormenta estaba sobre nosotros, pero, aún así, el golpe le sorprendió. Mia había ido demasiado lejos.

Tomé el teléfono de su mano, sabiendo que no quería ver lo que Mia había publicado, pero también sabiendo que no podíamos ignorarlo. En las redes sociales, Mia había lanzado un mensaje lleno de acusaciones falsas: "Jackson Wang, el novio infiel y violento. No se dejen engañar por su sonrisa. Lo que escondía tras las cámaras era un monstruo".

Mi estómago se revolvió al leer esas palabras. No solo estaba destruyéndolo, sino que también me estaba arrastrando a mí. Las mentiras eran tan detalladas que parecía que las había hecho con el único propósito de dañar. Estaba claro que Mia no quería solo separarlos, quería destruirlos. Y lo peor de todo era que la gente comenzaba a creerlas.

—Esto no es cierto, Paula —dijo Jackson, su voz quebrada, como si estuviera intentando convencerse a sí mismo. Las palabras no parecían tener peso en su boca, como si cada sílaba se ahogara en el dolor.

Lo miré, y pude ver el dolor en sus ojos. Sabía que Mia podía ser manipuladora, pero esto era diferente. Estaba jugando con cosas que no deberían jugarse: su integridad, su reputación, nuestra relación. Él ya había enfrentado mucho en su vida, pero esto era algo distinto. Sentía que todo lo que había logrado, todo lo que había construido con tanto esfuerzo, se estaba desmoronando a sus pies. Y lo peor era que no podía evitarlo.

—Lo sé —respondí, tomándole las manos con fuerza—. Pero tenemos que detenerla. No podemos dejar que arruine todo por lo que hemos trabajado.

Jackson asintió lentamente, pero yo veía la duda en su mirada. Estaba devastado, no solo por las mentiras, sino por el hecho de que alguien con tanto poder sobre él estuviera tratando de destruirlo. Sabía que tenía que tomar el control, pero ¿cómo? ¿Cómo enfrentarse a algo tan grande, tan destructivo?

Unos minutos de silencio pasaron, ambos mirando el teléfono, y la realidad de lo que sucedía nos golpeó con fuerza. No podíamos quedarnos ahí, esperando que todo se resolviera por sí solo. Había llegado el momento de enfrentarlo.

—¿Quieres que vayamos a hablar con ella? —pregunté con decisión, aunque mi propia voz temblaba al pensar en lo que eso implicaba. Sabía que enfrentarse a Mia directamente solo alimentaría más el fuego de su venganza. Y, por encima de todo, no quería que Jackson sufriera más.

—No lo sé... —dijo él, con la cabeza gacha, mirando el teléfono otra vez. Sabía que confrontarla solo daría más combustible a su fuego. Pero quedarse callado también era difícil. Estaba atrapado en una encrucijada, sin saber qué camino tomar.

El dolor en su rostro me rompió el corazón. No quería ver a Jackson destrozado, y mucho menos a manos de una persona tan ruin. Pensé en todo lo que habíamos pasado juntos, en cómo habíamos luchado por encontrar un lugar de paz, solo para que Mia, con una simple publicación, tratara de destruirlo todo.

La indignación en mi pecho aumentaba. No solo lo estaba atacando a él, sino también a mí, a nuestra relación. No pensaba quedarme de brazos cruzados mientras Mia destruía nuestra vida.

—Vamos a enfrentarlo de otro modo —dije, con la determinación ardiendo en mis venas—. Si ella quiere que te difamen en redes, entonces vamos a darle la verdad. Publicaremos todo lo que ella está haciendo, haremos que la gente vea quién es ella en realidad.

Jackson me miró, sorprendido por la intensidad de mis palabras, pero en sus ojos vi una chispa de acuerdo. Sabía que no podíamos quedarnos callados ante semejante ataque. Si Mia quería una guerra, la tendría. Y esta vez, no íbamos a perder.

—Tienes razón —respondió, la voz ahora más firme—. Vamos a hacer que la verdad se sepa.

Pero sabíamos que no sería fácil. Las mentiras de Mia se habían difundido rápidamente, y la gente ya comenzaba a tomar partido. Había que actuar con rapidez, y lo haríamos con el mismo poder que ella había usado para difamarlo: las redes sociales. Tomamos fotos, grabamos videos, y con la ayuda de algunos amigos cercanos de Jackson, comenzamos a difundir la verdad. Lejos de quedarnos callados, expondríamos todo lo que Mia había hecho.

La noche se acercaba, pero no fue la oscuridad la que nos envolvía, sino la luz de nuestra resolución. Estábamos decididos a restaurar la verdad, a devolverle a Jackson lo que le pertenecía: su honor, su nombre y nuestra relación. Esta vez, no permitiríamos que las mentiras ganaran.

Mientras Jackson y yo discutíamos cómo manejar la situación, algo en mi interior me decía que esto solo era el comienzo. Mia no iba a rendirse tan fácilmente. Pero tampoco lo haríamos nosotros.

Las palabras de Jackson seguían resonando en mi mente, ahora más firmes que nunca: "Te elegí, Paula. Y aunque el mundo intente destruirnos, seguiré eligiéndote".

Pao Wang

~Drive you home~Where stories live. Discover now