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La luz del mediodía se filtraba por las cortinas del salón mientras Jackson y yo aún flotábamos en esa paz post tormenta. A pesar de todo lo que había pasado, el aire entre nosotros se sentía limpio. Íntimo. Como si el mundo, por unas horas, hubiera decidido dejarnos respirar.

Hasta que sonó el timbre.

Una vez.

Dos.

Tres.

Jackson se sentó lentamente en la cama, gruñendo con los ojos cerrados.

—¿Otra vez? ¿Qué no ven que estamos intentando vivir una película romántica? —murmuró.

Yo reí, mientras me estiraba.

—Ve, antes de que crean que estás secuestrado.

Él bajó sin siquiera ponerse zapatos. Yo me asomé tras él solo para ver cómo su expresión cambiaba de inmediato.

—¿Yugyeom?

—Hola, hyung —dijo Yugyeom con una media sonrisa, apoyado casualmente en el marco de la puerta, una bolsa con cafés en la mano—. Traje desayuno y un poco de realidad.

Jackson soltó una carcajada y lo abrazó sin pensarlo.

—Paula —dijo Yugyeom al verme aparecer en la escalera—. Pensé que estarías más dormida. Pero te ves mejor de lo que esperaba después de toda la locura.

—Tú también, Yugy. Aunque, honestamente, pensé que me ibas a mandar memes antes que venir en persona.

—Eso fue ayer. Hoy tocan charlas serias.

Nos sentamos los tres en el salón, y Yugyeom se quitó la gorra. Se notaba que había dormido poco. Aunque intentaba disimularlo con su humor habitual, traía una tensión marcada en la mandíbula.

—¿Qué pasa? —preguntó Jackson directo, como siempre.

Yugyeom suspiró y sacó de su chaqueta unos papeles arrugados y un celular que no dejaba de vibrar.

—Escuché algo que me preocupó. Y cuando BamBam me confirmó lo mismo por su lado, decidí venir.

Se inclinó hacia nosotros.

—Mia está haciendo llamadas. Pero no a la prensa. A los clientes de Paula. A agencias. A marcas. Está soltando la idea de que la relación entre ustedes es una campaña montada. Que tú, Jackson, manipulaste a Paula para limpiar tu imagen. Que ella se está dejando usar por amor o por fama.

Me congelé.

—¿Qué?

—Y algunos están creyéndolo —continuó Yugyeom—. Porque ella no es una figura pública. Porque tú, Jackson, tienes el historial mediático. Y porque las historias bien contadas, aunque sean mentira... suenan reales.

Jackson se levantó de golpe.

—¿Y tú cómo lo sabes?

—Tengo amigos en marketing. Uno de ellos trabaja con una marca con la que Paula tiene contrato en Nueva York. Recibió una llamada anónima que no parecía tan anónima. Y mencionaron cosas demasiado específicas. Fechas. Lugares. Hasta cómo se conocieron.

Me llevé una mano a la boca. Todo ese cuento romántico que había compartido en la conferencia... ¿lo estaban usando en mi contra?

—Esto no va a parar —dijo Yugyeom, serio, mirando directo a Jackson—. Necesitan una estrategia. No solo amor. Necesitan protección legal, un equipo de PR que no duerma, y una red de apoyo real.

Jackson asintió, pero su mandíbula estaba tan tensa que parecía tallada en piedra.

—No voy a dejar que destruyan a Paula.

~Drive you home~Where stories live. Discover now