Era como si Jackson hubiera borrado a Paula de su mundo.
En las reuniones de equipo, aunque ella estaba a un metro de distancia, él no la miraba. Ni un cruce de ojos. Ni un saludo. Ni una palabra. Parecía que, de pronto, el chico que la llamaba "mi amor" a cada segundo, que la cuidaba hasta en sus silencios, había desaparecido.
Paula estaba sentada al otro extremo de la mesa de conferencias. Frente a ella, Jackson con los brazos cruzados, mirando al productor, al CEO, al traductor... a todos menos a ella.
—La presentación final del tour será en Bangkok —anunció uno de los managers—. GOT7 y Purple Maps cerrarán juntos.
Paula sintió cómo se le encogía el estómago.
Jackson ni siquiera reaccionó.
Cuando le tocó hablar de logística, simplemente dijo:
—Lo revisaré con Bambam —sin mirar a nadie.
Ni siquiera con Yugyeom había vuelto a hablar. Todo el grupo lo notaba. Las miradas eran tensas. Megan tomaba la mano de Paula en los descansos, mientras Lisa y Yuleth intercambiaban susurros preocupados.
Después de la reunión, Paula se armó de valor y lo siguió al pasillo.
—Jackson —lo llamó.
Él se detuvo... pero no se giró.
—Solo quiero que me escuches.
Silencio.
—Por favor.
Jackson apretó los puños. Luego dijo, sin mirarla:
—¿Escucharte para qué? ¿Para que me digas que no pasó nada? Ya lo hicieron tú y él. No necesito más discursos.
—¡Te amo! —exclamó ella, con la voz quebrada—. ¿De verdad crees que eso fue mentira?
—No lo sé, Paula. Ya no sé qué es verdad contigo.
Y entonces se fue.
Sin voltearla a ver.
Esa noche, Paula lloró como no lo hacía desde que lo conoció.
Sabía que alguien estaba detrás de todo esto. Que no era normal. Que Jackson no era así... que lo estaban envenenando por dentro. Pero aun así dolía.
Día tras día, él seguía ignorándola. En ensayos, en coreografías, en backstage.
Pasaban junto al otro como dos desconocidos con demasiada historia
^
Narrado por Megan
Todo empezó con una corazonada.
No era la primera vez que algo no cuadraba. Desde el concierto en Tailandia hasta ese maldito video viral, había una energía turbia flotando entre nosotros. Jackson distante. Paula rota. Yugyeom callado. Y nosotras... tratando de no desmoronarnos con ellos.
Pero yo conozco a Paula. La vi enamorarse de Jackson desde México. Vi cómo lo miraba como si fuera el universo entero. Y Yugyeom... ese niño dulce, tímido, que se sonrojaba si alguien le decía "guapo". Jamás sería capaz de traicionar así.
Y Lisa también lo sintió.
—Megs... hay algo raro con ese video. Ya lo vi como cinco veces —me dijo, mientras rebobinábamos por sexta vez la supuesta "evidencia" de la infidelidad.
Estábamos en mi laptop, en el estudio de práctica de Purple Maps, con la puerta cerrada y el corazón en la garganta.
—¿Qué ves? —pregunté, apoyando mi cabeza en su hombro.
—Mira esto... —pausó justo en el segundo 12—. ¿Ves cómo la luz cambia? Eso no pasa en una grabación continua. Y esto... —adelantó al segundo 17— ...es un salto de continuidad. Como si hubieran metido otro clip encima.
Fruncí el ceño.
—¿Y si está editado?
—Estoy casi segura. Pero necesitamos a alguien que lo pueda comprobar.
Fue entonces que se nos prendió el foco: Bambam.
Porque si alguien tenía amigos con habilidades de hacker, edición, investigación y drama incluido... era él.
Lo llamamos esa misma noche.
—¿Un ex mejor amigo psicópata editando un video para separar a la pareja más poderosa del K-pop? Amo. ¿Dónde firmo?
Le enviamos el archivo.
Y en menos de tres horas, nos mandó una videollamada con un fondo de luces LED y gafas de sol, como si estuviera en una escena de "CSI: Seúl".
—Damas... el veredicto está listo —dijo con voz dramática—. Ese video es más falso que mis pestañas postizas.
Lisa y yo gritamos al unísono.
—¡¿Qué?! ¿En serio?
—Sí. Está lleno de cortes, filtros para distorsionar la imagen, y un plano sobrepuesto que ni siquiera corresponde a ese día. La parte donde Yugyeom toca la cara de Paula... fue sacada de un ensayo privado donde ella tenía fiebre y él le estaba poniendo una toalla fría. Ni siquiera es de la misma semana.
Me tapé la boca. Lisa lloró de rabia.
—¡Ese hijo de...!
—Y lo peor —agregó Bambam—, es que el metadato original apunta a un editor que trabaja con Taejin. Lo tiene bien oculto, pero yo soy mejor.
—¿Podemos mostrar esto a Jackson? —pregunté.
—Deberían. Pero no sin antes hablar con Yugyeom. El pobre merece saber que por fin se va a limpiar su nombre.
Nos miramos con Lisa y asentimos.
Esa noche fuimos al estudio donde Yugyeom seguía encerrado, componiendo como si eso pudiera ahogar su dolor.
Cuando entramos, bajó la mirada. Tenía ojeras profundas y la voz apagada.
—Chicas... no tengo ganas de hablar.
—No venimos a hablar —dije, conectando la laptop—. Venimos a mostrarte la verdad.
Le pusimos el video. El real. Con todo el análisis, las pruebas, los cortes detectados. Yugyeom lo vio en silencio, sin moverse. Cuando terminó, se quedó estático... hasta que sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No lo hice... —murmuró.
—Lo sabemos —dijo Lisa, tomando su mano.
—Ahora Jackson también lo sabrá —le prometí—. Y cuando eso pase... vamos a recuperar a nuestra familia.
Pao Wang
