Las horas después de publicar el video se sintieron eternas. El reloj apenas se movía y las notificaciones llegaban como una avalancha imposible de frenar. Cada nuevo comentario, cada reacción, era una mezcla entre esperanza y miedo.
Jackson no se despegaba de mí.
Pasábamos el día en su departamento, desconectándonos cada cierto tiempo, viendo películas con volumen alto para acallar el ruido de afuera. Pero aun así, había momentos en que el silencio nos atrapaba... y ahí volvían las dudas, los comentarios, las amenazas de "cancelación".
Estábamos sentados en el sofá cuando mi celular vibró con una nueva mención. Sin querer abrí Twitter. Me arrepentí de inmediato.
"Jackson merece algo mejor."
"Seguro está con ella porque lo chantajea."
"¡Qué decepción! Siempre supe que Paula no era de fiar."
Y entre todo eso... una imagen: una supuesta conversación antigua de Jackson con otra mujer. Un chat alterado, borroso, con palabras fuera de contexto.
Sentí que la respiración se me cortaba.
—¿Jackson? —mi voz apenas salió.
Él giró hacia mí de inmediato, con la alerta encendida en los ojos.
—¿Qué pasó? —preguntó con seriedad, acercándose.
Le mostré la pantalla. Su expresión cambió. No de sorpresa, sino de molestia. Se mordió el labio, tomó el celular con firmeza y luego lo dejó a un lado.
—Esa imagen es falsa —dijo con claridad, mirándome directo a los ojos—. Esa conversación no existe. Lo sé porque recuerdo cada palabra que he intercambiado con esa persona, y esto... esto es un montaje más.
—Pero... la gente lo está creyendo. Ya está en todas partes. Incluso los portales de noticias de entretenimiento lo están publicando —sentí que la voz me temblaba, igual que las manos—. ¿Y si todo esto se sale de control?
—Ya está fuera de control, Cherry —dijo con una leve sonrisa triste—. Pero aquí viene la parte importante: no me importa.
—¿Cómo que no te importa? Jackson, es tu reputación, tu carrera, tus fans...
Él se arrodilló frente a mí, tomándome de ambas manos con fuerza, como si intentara anclarme a su verdad.
—Escúchame bien, Paula. No me importa lo que digan en redes. No me importa si quieren arruinarme con fotos editadas, si inventan conversaciones o si empiezan campañas para echarme de todo. No me importa, porque no les voy a entregar mi vida ni mi amor. Tú y yo sabemos lo que tenemos. Y no voy a dejar que el ruido de afuera nos destruya por dentro.
—Pero... me duele. Me duele verte envuelto en esto por mi culpa.
—¿Tu culpa? —repitió, sorprendido—. ¿Tu culpa? Cherry, el mundo podría haber explotado igual aunque nunca hubieras salido en el video. Esto no es culpa tuya. Esto es culpa de personas que no entienden que amar no es un delito. Que ser feliz no debería ser castigado.
Me abrazó con fuerza. Sus brazos rodeaban mi espalda, su corazón golpeaba fuerte contra mi pecho. Sentí su respiración en mi cuello. Esa calidez suya que siempre me hacía sentir a salvo.
—¿Te das cuenta de lo valiente que fuiste? —me dijo, aún en mi oído—. Te sentaste frente a una cámara sabiendo que te iban a juzgar. Te mostraste real, vulnerable, sincera. Y eso... eso no lo hace cualquiera. Yo estoy orgulloso de ti.
—No sé si hice bien —susurré—. Siento que mi vida ya no es mía.
—Entonces recuperémosla —respondió, separándose para verme—. Vamos a hacer algo que nunca hacen en los escándalos: vivir.
—¿Vivir? ¿Cómo?
Sonrió como si acabara de tener una idea brillante.
—Nos vamos. Una escapada. Un viaje relámpago. Solo tú y yo. Donde nadie nos reconozca, donde no haya WiFi, donde podamos respirar.
—¿Estás loco?
—Sí, loco por ti. Y también cansado de que la gente decida por mí. Soy Jackson Wang, pero también soy un hombre que solo quiere amar tranquilo.
Lo miré durante unos segundos, procesando la idea. Y entonces sonreí. Una de esas sonrisas que nacen cuando el alma, pese al caos, encuentra una chispa de esperanza.
—¿Y a dónde vamos?
—A un lugar donde nadie nos busque. Donde no haya trending topics. Donde tú puedas ponerte mis camisetas gigantes y caminar descalza sin que nadie te mire raro.
—Entonces ya sé dónde —dije, sonriendo más.
—¿Dónde?
—Donde estés tú.
Jackson me miró como si acabara de decir el secreto más hermoso del mundo. Me besó con tanta suavidad que sentí que el tiempo se detenía. Era un beso sin apuro, sin presión, lleno de todo lo que no podíamos decir con palabras.
—Entonces empecemos a empacar —dijo—. Y que el mundo siga hablando... nosotros ya tenemos planes mejores.
Tomó mi mano y me llevó hasta el clóset. Entre risas y bromas comenzamos a preparar una maleta, mientras afuera la tormenta seguía. Pero dentro de ese apartamento, ya no había miedo.
Solo nosotros.
Y un amor que ni el escándalo más ruidoso podría apagar.
Pao Wang
