Paula llegó al penthouse con el cuerpo rígido y las emociones al límite. Las luces estaban tenues, el aire olía a incienso de vainilla —ese que Jackson encendía cuando quería relajarse—, y desde el estudio sonaba un beat suave, como si estuviera trabajando en una pista nueva.
Pero en cuanto la vio entrar, dejó todo.
—¿Dónde estabas? —preguntó, frunciendo el ceño—. Te escribí, te llamé, y...
—Jackson, tenemos que hablar.
El tono de Paula lo detuvo en seco. Cerró la laptop. Caminó hacia ella, lento, como si supiera que algo no andaba bien.
—¿Qué pasó?
Paula tragó saliva. Lo miró directo a los ojos.
—Fui a verlo.
—¿A quién?
—A Taejin.
Jackson se quedó en silencio. Como si la palabra se hubiera incrustado en su cuerpo.
—¿Qué...?
—Me mandó un mensaje. Me citó en un café. No le dije a nadie. Solo fui.
—¿Estás loca? —explotó, pero sin gritar. El miedo se le notaba más que el enojo—. ¡Paula, ese tipo no está bien! ¡Es peligroso!
—Lo sé. Y por eso tenía que verlo. Tenía que entenderlo por mí misma.
Jackson se llevó las manos al cabello, caminando por la sala como un león enjaulado.
—¿Qué te dijo? ¿Te tocó? ¿Te hizo algo?
—Solo habló. Me dijo que quiere vengarse. Que piensa hacerte caer. Y que va a empezar por mí.
Jackson se detuvo en seco.
—Eso no va a pasar.
—Lo miré a los ojos, Jackson. No es el mismo chico del que me hablaste una vez. Está roto. Pero yo no voy a dejar que toque lo que construimos.
Jackson fue hacia ella y la tomó del rostro con ambas manos.
—No me importa lo que él quiera. Yo... no voy a perderte. Ya no soy ese tipo que se queda callado. Si toca un solo cabello tuyo, Paula...
—No lo hará —interrumpió ella, con la voz firme—. Porque estamos juntos en esto. No estás solo. Y yo no soy una víctima. Soy tu esposa. Tu compañera.
Las palabras lo ablandaron. Jackson bajó la frente contra la suya, cerrando los ojos.
—Prométeme que no volverás a ir sola.
—Lo prometo.
—Y prométeme que si te vuelve a buscar, me lo dirás.
—Lo haré.
—Y prométeme... —susurró— que no importa lo que venga, nunca vas a dejarme.
Ella le sonrió, con lágrimas contenidas.
—Jackson... soy tu reina de poker. Esto es de por vida.
Él rió bajo, quebrado por dentro. Y la besó. Con miedo, con amor, con una furia suave que decía "te protejo" en cada movimiento.
Esa noche no hicieron el amor.
Lo reconstruyeron.
^
El día había comenzado con calma. GOT7 tenía ensayos, Purple Maps una grabación especial, y Paula y Jackson compartieron un desayuno lento, lleno de miradas silenciosas que decían más de lo que cualquier palabra podría. A pesar de la amenaza, el amor los sostenía.
Pero la calma... fue solo el preludio.
Alrededor de las 6 de la tarde, mientras Purple Maps terminaba una entrevista en un edificio del centro de Seúl, las luces se apagaron de golpe. El generador de emergencia se activó, pero algo estaba mal. Un chillido eléctrico vibró en el aire. En la pantalla gigante del fondo apareció una imagen distorsionada.
Una figura con el rostro cubierto por una máscara metálica, con un símbolo grabado: una "T" en forma de daga.
—¿Qué demonios...? —murmuró Megan, mirando a Lisa, que ya había tomado el celular.
Pero no había señal. Ninguna.
La voz que se escuchó desde los parlantes no parecía humana. Estaba distorsionada.
—Bienvenidas al juego. Esta es una advertencia para todos los que creen que el amor, la fama y la fortuna son eternos. Jackson Wang... esto es por ti. Todo lo que amas está ahora... en jaque.
Las chicas se miraron unas a otras. Yuleth apretó los puños.
—Ese bastardo.
La pantalla se apagó. Las puertas del edificio se cerraron con seguro automático. Sonó una alarma. Las luces de emergencia parpadearon, y por unos segundos, el pánico se apoderó del lugar.
Paula, sin dudar, sacó su celular y marcó.
—Jackson. No es una amenaza. Ya empezó.
En el estudio, Jackson ya estaba con los chicos de GOT7. Cuando escuchó la voz de Paula, se puso de pie como si el suelo lo quemara.
—¿Están bien?
—Estamos atrapadas. No sabemos cómo, pero se metió en el sistema. ¡Jackson, tenía tu nombre en la transmisión!
—Voy para allá.
—¡No! —gritó Paula—. ¡No vayas solo!
Pero ya había colgado.
Veinte minutos después, Jackson irrumpía en el edificio junto a BamBam y Yugyeom. Jinyoung estaba hackeando desde la van, Mark coordinaba con la policía, y Jay B... bueno, Jay B ya había entrado por otra entrada.
—¿Dónde están las chicas? —gritó Jackson.
—Piso 9, sala de prensa —respondió Jinyoung por el auricular—. Las cámaras están hackeadas. Y tenemos compañía.
—¿Compañía?
—No están solos. Taejin envió gente.
Cuando Jackson llegó al piso, las puertas se abrieron justo cuando Paula corría hacia él.
Se abrazaron con fuerza. Sin palabras. El corazón de ambos latía como un tambor de guerra.
—Nos quiso asustar —dijo ella—. Y lo logró. Pero estamos bien.
Detrás de ellos, una figura encapuchada intentó huir.
Jackson lo persiguió sin pensar.
Lo alcanzó en las escaleras. Lo estrelló contra la pared.
—¿Dónde está Taejin?
El hombre se rió.
—¿Crees que esto es todo? Esto es solo el inicio, Wang.
Y activó una granada de humo que cubrió todo. Cuando el humo se despejó... ya no estaba.
Esa noche, en el penthouse, los chicos y las chicas se reunieron.
—Ya no es una amenaza oculta —dijo Jay B, serio—. Está jugando sucio. Y no va a parar.
Paula apretó la mano de Jackson.
—Pues entonces... tampoco nosotros.
Jackson la miró. Sus ojos ardían de rabia, pero también de amor.
—Que empiece la guerra.
Pao Wang
