La notificación llegó mientras Jackson lavaba los platos y yo le secaba el cabello con una toalla. Acabábamos de salir de la ducha, empapados, riendo, ajenos por un segundo al mundo.
Pero ese segundo terminó con un solo mensaje.
"¿Viste el nuevo video de Mia? Te está arrastrando. A los dos." — escribió Mark.
El corazón me dio un vuelco. Jackson lo leyó sobre mi hombro y dejó caer el trapo que tenía en la mano.
—Ya empezamos —dijo en voz baja.
Encendimos la televisión. No porque quisiéramos, sino porque necesitábamos ver con qué mentiras venía esta vez.
La transmisión era de su canal personal. Fondo blanco. Ropa negra. Voz calmada. Pero los ojos... los ojos de Mia ardían con veneno contenido.
—"Hola a todos. No quería tener que hacer este video, pero siento que ya no tengo opción. Me han atacado, me han señalado, me han llamado mentirosa... cuando lo único que hice fue decir la verdad sobre mi experiencia.
Pero ahora que Jackson ha hecho público su romance con ella... tengo que aclarar algo más. Esa relación comenzó antes de que nosotros termináramos oficialmente. Sí, Jackson Wang me fue infiel. Con Paula. Y no lo digo por odio. Lo digo porque quiero cerrar este capítulo con dignidad."
—"Y a ti, Paula... tú sabías de mí. Sabías que estábamos mal, pero seguíamos juntos. No entiendo cómo puedes mostrarte en público tan orgullosa, como si no hubieras lastimado a una mujer que solo amaba."
Mi garganta se cerró. Jackson apretó la mandíbula con una furia que jamás le había visto.
—Es mentira —dijo él, como si no pudiera contenerlo—. ¡Es mentira! ¡Nunca estuve con alguien más cuando yo estaba con Mia! ¡Nunca, Paula!
—Lo sé —susurré, con la voz quebrada.
Mia seguía hablando en el video, sollozando suavemente.
—"Este será mi último comentario al respecto. No quiero pelear. Solo quiero que se sepa que fui herida. Que no soy una ex despechada, como dicen. Soy una mujer que amó... y fue traicionada."
El video se apagó. El silencio en nuestra sala pesaba toneladas.
Jackson se sentó en el borde del sofá, con la mirada clavada en el suelo.
—Ya no es solo sobre mí —dijo, frotándose la cara con las manos—. Es sobre ti. Sobre ti siendo el blanco. Paula, están empezando a creerle. Están llamándote "la otra", "la roba novios". Te están odiando.
—¿Y tú qué vas a hacer?
Me miró. No como Jackson el idol. Me miró como Jackson el hombre que me amaba y se estaba rompiendo por dentro.
—La única opción que tengo es salir de nuevo y dejar todo claro. Todo. Desde el principio. Pero esta vez... no me importa si me cuesta contratos. No me importa si la industria me odia. Ya no puedo dejar que te lastimen por mi pasado.
—No vas a ir a otra entrevista —dije, firme.
—Entonces, ¿qué? ¿La dejamos seguir mintiendo?
Me acerqué, tomándole la cara con las dos manos.
—No. Vamos a hacer algo mejor. Vamos a contar nuestra historia, pero a nuestra manera. Sin cámaras, sin medios. Que la gente vea lo que somos sin ediciones ni manipulaciones. Sin vender lágrimas. Vamos a mostrarles lo real.
Él parpadeó.
—¿Quieres grabar algo juntos?
Asentí.
—Sí. Pero una conferencia de prensa. Sin producción. Sin guión. Solo tú y yo. La verdad, tal como pasó. No para convencer, sino para que los que nos quieran creer... lo hagan sin ruido.
Jackson suspiró profundamente. Y sonrió. Una sonrisa cansada, pero real.
—Eres mucho más valiente que yo.
—No —respondí—. Es que cuando se trata de ti, no me da miedo nada.
Y mientras allá afuera el mundo ardía con juicios y hashtags, nosotros empezamos a publicar en las redes sobre la conferencia.
Porque esta vez, no íbamos a quedarnos callados.
Los flashes de las cámaras comenzaron antes de que Jackson siquiera entrara a la sala. El zumbido de los micrófonos, los murmullos, las respiraciones contenidas. Era como si el mundo se hubiese detenido para ver qué iba a decir ahora, frente a todos.
Jackson caminó con paso firme, con un blazer negro sencillo y el rostro serio, sin rastro de maquillaje ni sonrisas de idol. Solo verdad.
Se paró frente al podio. Lo acompañaban su mánager, su representante legal... y un silencio que se sentía como dinamita a punto de estallar.
Tomó el micrófono.
—Gracias por venir. No voy a dar vueltas ni disfrazar nada. Estoy aquí porque ya fue suficiente. Y porque no puedo permitir que se siga dañando la imagen de alguien que no tiene por qué estar en medio de este caos.
Una lluvia de cámaras capturó cada palabra. En una pantalla detrás de él, apareció una imagen congelada: el video casero que habíamos grabado unos días antes. Nuestro living, nuestras caras sin filtros, nuestras palabras sinceras.
—Ustedes ya vieron ese video. No fue un comunicado de prensa. No fue parte de una estrategia. Fue lo que nos salió del alma. Y fue real.
Respiró hondo antes de continuar.
—Mia y yo terminamos hace muchos meses. Lo hicimos en silencio, con respeto. Pero la relación ya estaba muerta desde antes de que acabara oficialmente. Ella lo sabe. Yo lo sé. Y lo dije con claridad: nunca le fui infiel. Nunca traicioné a nadie. Ni como hombre, ni como pareja.
Los reporteros empezaron a levantar la mano. El moderador pidió orden. Jackson alzó una mano para anticiparse.
—Sé que tienen preguntas. Pero hay algo más importante que quiero decir. Paula... mi pareja, ha sido víctima de acoso, de odio, de insultos que ningún ser humano debería recibir solo por amar a alguien. Lo que están haciendo con ella, con su nombre, con su dignidad... es inaceptable.
Hizo una pausa. Se le quebró la voz por un instante.
—Amo a esa mujer. La amo desde que la vi sonreír como si el mundo aún valiera la pena. Y no tengo miedo de decirlo frente a todos ustedes. No voy a esconderla, no voy a esconderme. Si el precio de ser transparente es perder contratos o caer de la gracia del público... entonces lo pago. Pero no voy a mentir para agradar.
Un periodista se atrevió a alzar la voz:
—¿Entonces niega que haya existido una relación paralela?
—Sí. La niego completamente. Paula y yo nos conocimos después. Nuestro amor creció desde la amistad, desde la sinceridad, y desde la necesidad mutua de reconstruirnos. No hubo traición. Lo único que hubo fue... tiempo. Y una verdad que hoy puedo mirar a los ojos.
La sala enmudeció por unos segundos.
—Esta es la única vez que hablaré de esto en este formato. No voy a dar entrevistas exclusivas. No voy a lucrar con mi verdad. Mia tiene derecho a sentirse herida. Pero no tiene derecho a inventar. Yo no voy a atacarla. Solo le deseo paz. Y ojalá, el cierre que necesita.
La conferencia se cerró sin más. Jackson se inclinó con respeto, saludó a la prensa sin sonreír, y se marchó por donde había entrado.
Afuera, Paula lo esperaba en el auto, con lentes oscuros y una gorra, como si pudiera esconderse del mundo. Pero al verlo salir, su corazón volvió a latir fuerte.
Jackson subió, cerró la puerta... y le tomó la mano.
—¿Y ahora qué? —preguntó ella, con una mezcla de miedo y esperanza.
Él sonrió, por primera vez en días.
—Ahora... que digan lo que quieran. Yo ya no me escondo. Y tú tampoco deberías.
Y mientras las cámaras seguían grabando desde lejos, nosotros arrancamos. Juntos. Hacia adelante.
Pao Wang
