El sol brillaba sobre Seúl como si también quisiera salir a defenderlos.
No había planes. No había managers, ni agendas, ni maquillajes ni ropa pensada para disimular. Solo unas gafas de sol, sudaderas cómodas, gorras, y el deseo de respirar el mundo juntos. Jackson me tomó la mano con una sonrisa tranquila mientras bajábamos por las calles del distrito de Hongdae. Su pulgar rozaba el dorso de mi mano como si no pudiera dejar de recordarse que yo estaba ahí.
—¿Estás segura? —me preguntó en voz baja, mientras cruzábamos la calle y dos chicas ya lo miraban con ojos de sorpresa, móviles en mano.
Lo miré y sonreí.
—Totalmente. Que hablen si quieren. Yo solo quiero estar contigo.
Jackson se detuvo por un segundo, en medio de la acera, y me miró con una intensidad que me revolvió el estómago.
—Te juro que nunca te he amado tanto como ahora.
Y sin pensarlo más, se inclinó y me besó.
No un beso para los paparazzi. No uno rápido y escondido. Fue un beso de verdad. Lento, profundo, cargado de esa energía silenciosa que tienen los besos cuando vienen después de una guerra emocional. Las cámaras no tardaron en aparecer. Clicks por todas partes. Miradas. Murmullos.
Y aun así, no me soltó.
—Vamos a por café —dijo como si nada, sonriendo de lado—. Pero uno muy dulce. Como tú.
—Qué cliché —me burlé.
—Qué cierto —me respondió, guiñándome un ojo.
Fuimos a una pequeña cafetería escondida entre callejones, donde una señora mayor nos atendió sin hacer preguntas. Nos sentamos afuera, en una mesa pequeña, compartiendo un pastel de chocolate que se deshacía en la boca. Jackson me daba cucharadas y se reía cuando yo me manchaba la nariz. Tomó una servilleta y la limpió con ternura.
—Esto es lo que quiero —dijo de pronto—. No los escenarios, ni los premios, ni los trending topics. Esto. Tú, el pastel, y que me mires como si no importara lo que opinen de nosotros.
—Es que no importa.
—Pero duele —confesó en voz baja—. Que te ataquen por mi culpa, que inventen historias, que te llamen cosas feas en los comentarios...
Me incliné y tomé su rostro con ambas manos.
—¿Ves mi cara ahora mismo? ¿Ves alguna señal de que me importe más un comentario anónimo que lo que tú me das cada día?
Él cerró los ojos por un segundo, dejando que mis palabras lo acariciaran desde dentro.
—No merezco que me quieras así.
—Sí lo mereces. Porque tú también me cuidas así. Y lo mejor es que ya no lo vamos a esconder.
Volvimos a las calles tomados de la mano, riendo, abrazándonos de vez en cuando, parando a mirar escaparates, probándonos gorras ridículas, y posando sin querer para las decenas de personas que nos tomaban fotos. A veces los saludábamos. A veces no. A veces simplemente nos besábamos otra vez, porque sí.
Y fue así como nos convertimos en titulares de nuevo:
"Jackson Wang y su novia desafían a los medios caminando por Seúl, más enamorados que nunca."
Pero no fue un escándalo. Fue algo más puro. Porque incluso los que nos miraban con prejuicio, empezaron a ver que no había estrategia, ni marketing. Solo había dos personas amándose sin pedir permiso.
Al final del día, mientras el cielo se pintaba de naranja y rosa, subimos a un pequeño mirador. Jackson me abrazó desde atrás, con su mentón apoyado en mi hombro.
—¿Y ahora qué? —pregunté en voz baja.
—Ahora, que se acostumbren a vernos felices —susurró él—. Porque no pienso soltar tu mano nunca más.
Me giré y lo besé otra vez. Y ese fue el titular que nunca salió, pero que quedó grabado en el aire:
"No importa el ruido. Porque lo nuestro ya es más fuerte que eso."
El mundo no tardó en arder.
Apenas unas horas después de nuestra salida pública por Seúl, los titulares inundaron redes sociales como una avalancha. Las fotos, los videos, los clips de Jackson besándome en plena calle, dándome cucharadas de pastel, tomándome de la mano sin una gota de vergüenza... estaban por todas partes.
#JacksonWangDatingConfirmed
#PaulaOutOfNowhere
#ProtectJackson
#FreeJackson
#CoupleGoals
#RuinedByLove
Una guerra de opiniones dividió al fandom. Algunos nos apoyaban con todo el corazón. Otros... no tanto.
"¡Esto es tan hermoso! Se nota que es real. Por fin Jackson se ve feliz."
"¿Quién se cree esa chica? Se colgó de su fama. Nada más."
"Estoy llorando, se ve que Jackson por fin puede ser él mismo."
"Qué decepción. Lo admiraba. Ahora todo se siente sucio."
—¿Has visto los trending? —preguntó Jinyoung en un mensaje de voz que Jackson puso en altavoz.
—Sí —respondió él con voz seca—. Lo vi todo.
Estábamos en el sofá, con mi cabeza en su regazo y el televisor encendido solo por ruido de fondo. Su teléfono vibraba sin parar. Notificaciones de Weibo, Instagram, Twitter, TikTok. Había videos de fans llorando. Otros rompiendo sus discos. Pero también había mensajes hermosos, cartas digitales, ilustraciones hechas por seguidores que veían nuestro amor como algo digno de celebrarse.
—Me siento expuesta —le dije, siendo sincera.
—Yo también —murmuró él—. Pero no me arrepiento.
Al día siguiente, las cosas se pusieron aún más intensas. Algunos portales comenzaron a desenterrar fotos viejas, rumores, cualquier detalle que pudiera sembrar dudas sobre mí. Mi universidad, mis ex parejas, mis amistades. Incluso mi cuenta antigua de Instagram fue invadida con comentarios.
Pero Jackson no se quedó callado esta vez.
Publicó una historia con una foto nuestra —él besándome la frente en el café— con solo una frase:
"¿Desde cuándo amar se volvió motivo de odio?"
Eso bastó para desatar otra ola.
Lo llamaron inmaduro. Valiente. Impulsivo. Real. Un desastre. Un ídolo humano.
Esa noche, la compañía lo llamó. Tres veces. Luego su publicista. Luego su madre.
Él contestó solo una.
—Estoy bien, mamá. Paula está conmigo. No, no estoy arrepentido. Sí, lo sé... pero esto es lo que quiero. No te preocupes, te llamo mañana. Te amo.
Después colgó y me miró como si yo fuera su única certeza.
—¿Crees que hicimos mal? —pregunté.
—¿Tú te arrepientes?
—No.
—Entonces hicimos bien.
Pao Wang
