Todo comenzó como una simple invitación a una "cena privada". Jackson me dijo que era un evento de agradecimiento con algunos inversionistas, nada del otro mundo. Me pidió que me arreglara "bonito pero no exagerado". Yo, que ya sospechaba que algo tramaba, me puse un vestido elegante negro, de esos que sabía le encantaban. Lisa me ayudó con el peinado. Yuleth me lanzó una sonrisa sospechosa antes de salir. Megan casi se le escapa algo, pero solo me abrazó fuerte.
—Vas a tener una noche mágica —dijo misteriosamente.
Cuando llegamos al lugar —una azotea con vista a todo Nueva York, rodeada de luces tenues, flores blancas y velas flotando—, supe que nada de lo que me había dicho era cierto.
No había inversionistas.
Solo nosotros dos.
—Jackson... —susurré, impresionada.
Él se acercó a mí, con traje oscuro y una mirada tan profunda que me hizo temblar
La música de fondo empezó a sonar: "Drive You Home", nuestra canción.
Jackson inspiró hondo. Se notaba nervioso, con las manos temblando. Luego, sin más palabras, se arrodilló frente a mí.
Mi corazón dio un vuelco.
—Cherry... me haces mejor. Me haces libre, valiente, paciente. Eres mi compañera, mi caos favorito y mi razón. Nunca supe lo que era tener un hogar... hasta que llegaste tú.
Me cubrí la boca. Las lágrimas ya querían salir.
—Sé que a veces tengo miedo de fallarte, de no ser suficiente... pero si me dejas, quiero intentar todos los días merecerte.
Sacó de su bolsillo una pequeña caja, la abrió... y ahí estaba. Un anillo delicado, brillante, hermoso. Como sacado de un sueño.
—¿Quieres ser mi esposa?
El mundo dejó de girar.
—Jackson... —susurré, ahogada en emoción—. Sí. Sí. ¡Sí!
Se puso de pie rápidamente, me abrazó con fuerza, me giró en el aire como si fuéramos los protagonistas de una película, y después me besó... con tanto amor que me olvidé del mundo entero.
Las luces de la ciudad titilaban detrás de nosotros. Los fuegos artificiales, que él había planeado, estallaron en el cielo. Y desde la distancia, vi a los chicos de GOT7 y mis amigas aplaudiendo desde un balcón escondido, gritando de emoción.
—¡Sí, carajooo! —gritó Megan.
—¡Esooo! —chilló Lisa mientras lloraba.
Y ahí, en medio de todo, supe que acababa de comenzar una nueva etapa.
No éramos solo pareja, ni novios, ni un romance de fanfic.
Ahora éramos prometidos.
Y yo... la futura señora Wang.
Los fuegos artificiales aún explotaban en el cielo cuando sentí sus labios presionarse una vez más contra los míos. Jackson no me soltaba. Su abrazo era cálido, protector, como si quisiera asegurarse de que no me desvaneciera en medio de todo eso que parecía sacado de un cuento de hadas.
—¿Estás bien? —me preguntó, mirándome con ternura y emoción.
Yo solo pude reír entre lágrimas y asentir. ¿Cómo iba a estar mal si acababa de decirle que sí al hombre que amo, en una azotea de New York, con fuegos artificiales y nuestra canción de fondo?
—Estoy... viviendo en un maldito sueño —dije, medio riendo, medio llorando.
Jackson acarició mis mejillas, limpiando las lágrimas.
—No. Estás viviendo el comienzo de tu vida como mi esposa.
Dios.
Ese hombre y sus palabras.
—Mejor dicho, como tu prometida —corregí, mordiéndome el labio—. Aunque... "esposa" suena demasiado bien.
—¿Y sabes qué más suena bien? —preguntó, acercando su rostro al mío—: Sra. Wang.
Mi estómago hizo mariposas olímpicas.
—Repítelo —le pedí, bajito.
—Sra. Wang.
—Otra vez.
—Sra. Wang.
Y ahí estaba yo, riendo como loca, abrazada al amor de mi vida mientras el cielo brillaba encima de nosotros
Las chicas y los chicos irrumpieron en la azotea. Lisa fue la primera en lanzarse a abrazarme, llorando como si se le hubiera acabado el K-beauty. Megan nos gritaba que ya se veía con vestido de dama de honor, Yuleth no paraba de grabar todo, y Ari... Ari simplemente me miró como quien sabe que algo mágico acaba de pasar.
—¡Yaaaaaay! ¡Ahora sí vas a ser la señora Wang de verdad! —gritó Lisa.
—¡Me deben una despedida de soltera épica! —añadió Megan, apuntando su dedo como si fuera una sentencia.
—Y yo quiero ayudar con la organización —dijo BamBam, tomándose en serio el papel de planificador.
—¿Podemos hablar de lo guapo que se ve Jackson en traje? —añadió Jinyoung, alzando las cejas.
Jackson solo se reía mientras me apretaba contra él, como si no quisiera soltarme nunca. Y, francamente, yo tampoco quería soltarlo.
Esa noche se convirtió en una pequeña fiesta. No tan loca como las anteriores, pero llena de música, brindis, abrazos y muchas fotos (cortesía de Yugyeom, el fotógrafo designado). Nos sentamos todos en círculo, comiendo pastel y escuchando a los chicos contar anécdotas de cuando Jackson planeaba todo esto y les pedía consejo.
—¿Sabes que ensayó cómo arrodillarse como diez veces? —dijo Youngjae.
—¡No me arrodillaba bien! —protestó Jackson entre risas.
—Parecía que iba a proponerle matrimonio a la alfombra —remató Mark.
Yo no podía parar de reír. Cada detalle, cada historia, cada sonrisa... todo era perfecto.
Más tarde, cuando nos quedamos solos de nuevo, me recosté en su pecho, en silencio. El mundo giraba lento. La ciudad aún brillaba debajo, pero ahí arriba, solo estábamos él y yo.
—No quiero que esta noche se acabe nunca —murmuré.
—Entonces no la acabemos —respondió él, besando mi cabeza—. Comencemos nuestra eternidad desde aquí.
Me giré para mirarlo.
—¿Prometido?
Él sonrió.
—Prometido, Sra. Wang.
Y así, entre risas, promesas y una ciudad que parecía aplaudirnos desde lejos, comenzó la cuenta regresiva para un "sí, acepto" que cambiaría nuestras vidas para siempre.
Pao Wang
