El ascensor se detuvo en el último piso del edificio en SoHo, donde Jackson tenía reservado un estudio privado. Era uno de esos lugares con luz cálida, paredes cubiertas con paneles acústicos y una cabina de grabación que parecía sacada de un sueño. Fuera, el caos de Nueva York; dentro, solo nosotros y la música.
Jackson me abrió la puerta con una reverencia juguetona.
—Después de ti, compositora estrella.
—¿Estás seguro de esto? —pregunté, conteniendo una sonrisa nerviosa.
—Estoy seguro de ti, Cherry. Siempre.
Los técnicos ya nos esperaban. Todo estaba listo: micrófonos, auriculares, partituras, y la instrumental que Jackson había trabajado durante la madrugada anterior. La energía en la sala era tan intensa que se podía sentir como un zumbido en la piel.
—Vamos a empezar con tu parte, —dijo él, acariciando mi espalda—. Quiero que esta canción comience con tu voz. Es tu historia también.
Respiré hondo y entré a la cabina. Me coloqué los auriculares y me acerqué al micrófono. La pista empezó a sonar en mis oídos. Un beat suave, envolvente. Cerré los ojos y dejé que las palabras salieran.
"Algo sobre
la forma en que besas
Nunca pares
Sabes que empezaste algo..."
La voz me temblaba al principio, pero la imagen de Jackson tras el cristal, sonriendo, me dio fuerza. Seguí cantando, cada línea como una caricia.
Cuando salí, su mirada me lo dijo todo. Estaba impactado.
—¿Tienes idea de lo hermosa que suenas cuando cantas con el corazón? —murmuró cuando entré a la sala—. Vas a hacer que me enamore otra vez.
—¿Y quién dice que te di permiso para dejar de estarlo?
Él soltó una carcajada y me besó rápido antes de entrar a su turno. Su voz llenó el estudio con el primer verso, cada palabra fluyendo como seda.
"Es agridulce
Cada vez que te vas
Me despido y me doy la vuelta..."
Había algo en cómo cantaba que me erizaba la piel. No era solo su talento, era la manera en que lo decía como si me hablara directamente al oído.
Después vino el momento más esperado: grabar juntos.
Nos colocamos uno frente al otro, compartiendo micrófono. Él me tomó la mano como si no pudiera cantar si no me tenía cerca. La música comenzó otra vez, y nuestras voces se entrelazaron como si siempre hubieran sido parte de una misma melodía.
"La forma en que piensas de mí
Yo pienso en ti, lo hago, es verdad..."
En el estribillo, nuestras miradas no se rompían. Era un acto íntimo, casi sagrado. Como si cada nota fuera una confesión.
Los productores aplaudieron cuando terminamos, pero nosotros apenas los escuchamos. Jackson me abrazó por detrás, su respiración en mi cuello.
—Vamos a lanzarla, Cherry. Que el mundo sepa lo que sentimos. Que lo escuchen, lo sientan, lo vivan con nosotros.
—Estoy lista —le dije, girando para mirarlo—. Esta canción es más que un tema de amor. Es una prueba. De nosotros. De lo que hemos sobrevivido.
Él asintió, y luego me besó, con la misma intensidad con la que cantó. Como si me estuviera diciendo, sin palabras, que esto apenas comenzaba.
La luz del atardecer entraba por los ventanales del set como una caricia dorada. El lugar era un loft industrial, con paredes de ladrillo visto, velas encendidas en rincones estratégicos, cortinas que flotaban con la brisa. El director quería algo íntimo. Crudo. Casi como si el espectador espiara algo demasiado personal.
