La habitación del hospital estaba en penumbras, iluminada solo por el tenue resplandor de la ciudad que se colaba entre las cortinas. Paula no podía dormir. A pesar del cansancio, su mente seguía corriendo como si cada pensamiento fuera un maratón.
En la televisión, en mute, aparecía una repetición del noticiero: su rostro, el accidente, el caos. El video de Jackson llorando afuera del hospital ya era viral. Y sin embargo, ella no sabía cómo sentirse con todo eso. No estaba enojada. Solo... dolida. Confundida.
Una notificación llegó a su celular. Una canción.
Jackson Wang - "Drive You Home"
Ella lo miró con los ojos abiertos, conteniendo la respiración. Lo abrió. Al instante, el ritmo lento y la voz suave de Jackson llenaron la habitación, como si él estuviera ahí, sentado a su lado.
"Nos enamoramos en Geary Boulevard... con el Sol poniéndose en el frente de mi coche..."
Paula cerró los ojos. Sintió el nudo en la garganta formarse lentamente. Recordó el primer viaje juntos, cuando ni siquiera sabían cómo se sentían. Cuando la incertidumbre aún no dolía. Cuando solo bastaba una mirada para saber que estaban bien.
"¿Quién te va a llevar a casa cuando hayas tenido un día loco?..."
Las lágrimas rodaron por sus mejillas. En silencio. Él no estaba aquí, pero de alguna manera... estaba. Como si supiera exactamente lo que ella necesitaba oír.
Minutos después, la puerta de su habitación se abrió lentamente. Jackson entró sin hacer ruido, con una bolsa de papel y una mirada cautelosa. Al verla despierta, se quedó paralizado.
—¿Puedo quedarme un momento? —preguntó, casi en un susurro.
Paula no respondió con palabras. Solo asintió, aún con los ojos húmedos. Él se acercó, le mostró lo que había traído: su bebida favorita, un peluche ridículo que ella le había regalado en Nueva York... y una libreta con canciones. Nuevas letras. Cosas que había escrito desde que ella estaba hospitalizada.
—No sabía cómo hablar contigo —confesó él, sentándose al borde de la cama—. No sabía si querías que desapareciera o que insistiera. Así que escribí.
Ella le miró. Por primera vez desde el accidente, no vio a Jackson la celebridad, ni a Jackson el novio. Vio a ese chico que la había mirado fijamente en un restaurante de su ciudad natal, que le había dejado su número sin esperar nada a cambio. El mismo que no dejaba de buscarla, incluso cuando ella no se atrevía a llamarlo.
—¿La canción...? —preguntó ella, con la voz quebrada.
Él asintió, mirándola con una dulzura desarmante.
—Eres tú. Siempre eres tú, Paula. "Drive You Home" es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Aunque estés molesta conmigo... aunque no quieras hablarme... no puedo dejarte. No esta noche. No nunca.
Paula estiró su mano, rozó sus dedos. El contacto fue como una chispa. Jackson se acercó más, inclinándose hacia ella.
—Perdón por no protegerte lo suficiente. Por no ver lo que todo esto podía causar —dijo, tocando su frente con la de ella—. Pero si te hubieras ido esa noche... no sé qué habría sido de mí.
El silencio volvió, pero esta vez no era incómodo. Era cálido. Lleno de palabras que no necesitaban decirse. Paula lo miró a los ojos y respiró profundo.
—Quiero irme a casa contigo, Jackson. Pero solo si tú conduces.
Él sonrió. Esa sonrisa que solo era para ella.
