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El sol apenas empezaba a asomarse entre los edificios de Nueva York cuando Paula salió del departamento. Llevaba puestas unas gafas oscuras y una gorra negra, tratando de pasar desapercibida, aunque era inútil. Desde la alfombra roja, desde el beso que incendió las redes, todo se había salido de control.

Las fotos. Los titulares. Las preguntas sin parar.

"¿Están casados?"
"¿Por qué no muestran el anillo?"
"¿Está embarazada?"
"¿Fue una boda secreta?"

A pesar de todo, Paula se mantenía serena. Había vivido muchas cosas a lo largo del último año. El amor con Jackson, los altibajos, los rumores, la música que habían creado juntos. Pero ese día no era sobre glamour ni entrevistas. Era lunes. Y ella tenía que ir a la empresa. Elara seguía sobrecargada y Paula había prometido ayudar con la revisión de dos campañas.

Jackson dormía todavía cuando ella cerró la puerta suavemente.

No se dio cuenta del auto negro estacionado frente al edificio. Tampoco del par de motos que esperaban a unos metros más allá.

Los paparazzi. Siempre ahí. Siempre al acecho.

—¡Es ella! ¡Es Paula! ¡La novia de Jackson Wang! —gritó uno, al verla salir.

El instinto la hizo mirar hacia abajo, acelerar el paso. Pero ya era tarde. Dos cámaras empezaron a disparar ráfagas de fotos como si fueran metrallas. Uno de los motociclistas aceleró para seguirla desde el lado contrario de la acera.

—¡Paula! ¡Solo una palabra! ¿Te casaste con Jackson?

Ella no respondió. Apretó el bolso contra su pecho, cruzando la calle apresurada. Las cámaras la seguían, el murmullo de sus pasos sobre el asfalto se convertía en ruido.

—¡Hey! ¡Hey, cuidado! —gritó alguien al fondo.

El coche negro se movió súbitamente. Intentaba rebasar a los paparazzi en moto. En el caos de los gritos, Paula volteó hacia atrás, por instinto, y en ese instante su tacón se trabó en una grieta del pavimento. El coche frenó demasiado tarde.

Un golpe seco.
Un grito.
La cámara de uno de los fotógrafos cayó al suelo.

Cuando Jackson recibió la llamada, todo su cuerpo se paralizó. Primero pensó que era una broma. Luego, cuando escuchó el llanto histérico de Elara al otro lado de la línea, entendió que no lo era.

—Jackson... fue un accidente... Paula... ella... los paparazzi... —sollozaba.

—¿Dónde está? —fue lo único que alcanzó a decir antes de salir corriendo.

El trayecto al hospital fue eterno. No importaba que el chofer acelerara, que las calles estuvieran vacías. Jackson solo podía ver imágenes en su cabeza: la última vez que la besó, la forma en que ella lo había mirado mientras se ajustaba la gorra antes de salir... Y no se había despedido.

"Por favor, por favor, que esté bien..."

Cuando llegó, Elara lo abrazó llorando. Su rostro estaba cubierto de lágrimas, las manos temblaban.

—La están revisando... tiene un golpe fuerte en la cabeza... y costillas fracturadas... pero está viva, Jackson. Está viva.

Él sintió que podía respirar, apenas.

—¿Puedo verla?

—Todavía no... está en cirugía. Tenía hemorragia interna...

Jackson se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera. Se cubrió la cara con las manos. No lloró al principio. Solo sintió un vacío insoportable. Una culpa que lo devoraba.

"Todo fue por mí. Por nosotros."

Los flashes, los rumores, las redes explotando con hashtags como #WangWedding y #PaulaWang. Las teorías. Las invasiones a su privacidad. Todo había llevado a esto. A ella, tendida en una camilla, sangrando. Por amor. Por estar con él.

Un nudo se le formó en la garganta.

—No puedes dejarme... —susurró, solo para sí.

Horas después, el doctor salió.

—¿Jackson Wang?

Él se puso de pie al instante.

—Está estable. La cirugía fue un éxito. Tiene varias fracturas, pero no hubo daño cerebral. Necesitará descanso. Mucho descanso.

—¿Puedo verla?

—Sí, pero solo unos minutos. Aún está sedada.

Jackson caminó hacia la habitación como si sus piernas no le respondieran. Cuando la vio, conectada a cables, el rostro con moretones, un vendaje en la cabeza... se le cayó el alma.

Se acercó a la cama y le tomó la mano con una suavidad infinita.

—Cherry... mi amor... —le habló bajito—. No me hagas esto. No puedes irte así. No después de todo lo que construimos.

Las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas.

—No te voy a dejar sola ni un segundo. Si pudiera cambiar lugares contigo, lo haría ahora mismo. Pero por favor... regresa a mí. No te vayas.

La puerta se abrió suavemente. Elara, con rostro preocupado, entró acompañada por una de las amigas de Paula. Ninguna dijo nada al principio, hasta que vieron el estado en el que estaba Jackson: ojos hinchados, barba crecida, ojeras profundas.

—Jackson... —empezó Elara, en voz baja—. Tienes que descansar. Solo unas horas.

Él negó con la cabeza, con obstinación.

—No voy a moverme de aquí hasta que despierte.

Y entonces, como si lo hubiera escuchado, Paula movió ligeramente los dedos. Jackson se incorporó con fuerza, llamando a la enfermera con un grito seco.

—¡Está despertando! ¡Está...!

Sus ojos se abrieron lentamente. Parpadearon con confusión, hasta posarse en él.

—Cherry —susurró con alivio, tomando su mano con emoción.

Pero Paula, con una expresión que se tornó dura de inmediato, apartó la mirada y giró el rostro hacia el otro lado. Su voz salió baja, rasposa y helada:

—No quiero verte.

Fue como una daga en el corazón.

Jackson se quedó inmóvil, como si el suelo se le hubiera ido de los pies.

—Paula, no... —intentó acercarse, pero ella volvió a hablar, con un hilo de voz que aún así lo atravesó.

—Tú no entiendes, Jackson. Estoy aquí por tu fama. Por el rumor de una boda que nunca dijimos, por las cámaras que nos han seguido como si no fuéramos humanos. ¡Casi muero!

Él se echó hacia atrás, como si sus palabras le hubieran golpeado en el pecho.

—Yo tampoco pedí esto. Yo también estoy cansado de que nos persigan como si no valiera lo que somos. Pero no me alejes, por favor. No ahora.

—Necesito espacio. —Su voz era firme, aunque una lágrima rodó por su mejilla—. No me estás ayudando quedándote aquí.

Jackson asintió con los ojos cerrados, luchando contra las lágrimas. Se acercó solo un paso y dejó un beso en el dorso de su mano.

—Voy a respetar tu decisión. Pero no me voy a rendir, Cherry. Te amo.

Y salió de la habitación, con la espalda tensa y el corazón en mil pedazos.

Pao Wang

~Drive you home~Where stories live. Discover now