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La lluvia caía finamente sobre Nueva York, tiñendo las calles de reflejos dorados y neones vibrantes. Era una noche cualquiera para el resto del mundo, pero para mí... todo era distinto. Tenía mariposas en el estómago, como si fuera la primera vez que lo iba a ver. Aunque ya lo había amado con cada llamada, cada canción, cada palabra.

Mi departamento estaba en silencio, solo iluminado por la luz cálida de una lámpara. Me puse su sudadera favorita —sí, esa que siempre se robaba mis abrazos— y me senté junto a la ventana, mirando los autos pasar. Él llegaría en cualquier momento. Lo sabía.

Y entonces... la cerradura giró.

Mi cuerpo se tensó. El corazón me latía en los oídos.

Jackson apareció con una maleta en una mano y un ramo de peonías blancas en la otra. Mojado por la lluvia, despeinado... perfecto.

—Cherry... —susurró con voz ronca, cerrando la puerta tras él.

No dije nada. Corrí.

Salté a sus brazos como si el mundo pudiera explotar en ese momento y nada más importara. Me sostuvo con fuerza, dejando las flores caer al suelo sin importar nada más que mi cuerpo aferrado al suyo.

—Estás aquí —dije, sin poder contener las lágrimas.

—Estoy en casa —respondió—. Porque tú lo eres.

Nos besamos con desesperación, con hambre de todo lo que habíamos reprimido. Sus manos recorrían mi espalda, las mías se enredaban en su cabello húmedo. Me levantó como si no pesara nada y me llevó directo a la habitación sin despegar sus labios de los míos.

Me dejó caer suavemente sobre la cama, mirándome como si no pudiera creer que estaba frente a mí.

—Te ves aún más hermosa que en mis sueños —dijo, acariciando mi mejilla con la yema de los dedos.

—Y tú... hueles a lluvia y a caos. Mi caos favorito.

Él rió bajito y se quitó la chaqueta empapada, revelando una camiseta blanca que se le pegaba al torso. Me mordí el labio. Su sonrisa se volvió pícara.

—¿Te gusta lo que ves, Cherry?

—Mucho más de lo que debería.

Se acercó lentamente, sus rodillas apoyándose en la cama mientras sus manos se deslizaban por mis piernas descubiertas. Me miraba como si fuera su canción favorita. Y yo... yo estaba completamente rendida.

—No sabes cuántas veces soñé con esto —dijo, bajando su rostro hasta el mío—. Con tus ojos así, con tu respiración agitada, con tu piel bajo mis manos.

—Entonces hazlo realidad —le susurré.

Nos besamos de nuevo, esta vez sin ninguna prisa. Cada caricia era una declaración. Cada suspiro, una confesión muda. La ropa fue desapareciendo entre risas, entre susurros, entre gemidos ahogados. Me hizo el amor como si fuera la última noche del mundo. Y yo le entregué todo. Corazón, cuerpo, alma.

Después, aún entrelazados bajo las sábanas, con su pecho como almohada y mis dedos dibujando líneas en su piel, él habló en voz baja.

—No quiero volver a separarme de ti. No importa el trabajo, los shows, las giras. Eres más importante que todo eso.

—Y tú para mí —respondí, besando su cuello—. Pero vamos a encontrar el equilibrio. Somos un equipo, ¿recuerdas?

—Sí —asintió—. El mejor.

Me miró, serio.

—Cherry... quiero componer una canción contigo. No sobre ti. Contigo. Quiero que este amor quede inmortalizado por los dos.

Le sonreí, emocionada.

—Entonces empecemos mañana.

—¿Y esta noche?

—Esta noche... solo tú y yo. Sin letras. Sin ritmo. Solo amor.

Él me besó con ternura y apagó la lámpara.

Y en la oscuridad, solo quedó el eco de dos corazones encontrándose una vez más. Como si el mundo, al fin, estuviera en pausa.

Jackson estaba en la cocina preparando café, tarareando algo bajito. No cualquier melodía... era una que empezaba a sonarme familiar. Nuestra melodía.

Yo me había quedado en la cama, envuelta en la manta, con su perfume aún en mi piel. Tenía el teléfono entre mis dedos, revisando la letra que le había enviado la noche anterior, esa que me había salido del corazón.

"La forma en que piensas de mí... Yo pienso en ti, lo hago, es verdad..."

Lo escuché acercarse, y cuando levanté la vista, traía dos tazas en las manos y esa sonrisa suave que me derretía cada vez.

—¿Tienes idea de lo hermosa que te ves así, desordenada y enredada en mi manta? —preguntó, dejándome el café en la mesita de noche.

—¿Y tú tienes idea de lo sexy que suenas cuando tarareas lo que será nuestra primera canción juntos?

Jackson soltó una risa baja y se sentó a mi lado, con la guitarra acústica en el regazo.

—Estuve probando algunos acordes anoche. No podía dormir. Tenía tu letra en la cabeza... y, Cherry, juro que no podía parar.

—¿Y qué encontraste?

—Escucha esto...

Pulsó las cuerdas con delicadeza. Un ritmo lento, con tintes soul, lleno de calidez. Y entonces empezó a cantar con voz suave:

"La forma en que piensas de mí
Yo pienso en ti, lo hago, es verdad
Pienso en ti
La forma en que piensas de mí
Yo pienso en ti, lo hago..."

Sus ojos no se apartaban de los míos. Cantaba para mí, no para el mundo. Cada palabra sonaba a caricia.

Me acerqué, tomé su mano, y dejé que la emoción me invadiera.

—Jackson... eso fue mágico.

—Tu letra lo fue. Yo solo le puse la piel.

—Tengo más —dije, entusiasmada, buscando en mis notas—. Quiero que esta canción tenga todo: la dulzura, el deseo, el anhelo... esa parte de nosotros que siempre se extraña, incluso cuando estamos cerca.

Él asintió, con los ojos brillando.

—Entonces pongamos todo. El amor, los días tristes, las despedidas, los reencuentros. Lo que somos.

Volvió a pulsar las cuerdas y cantó el segundo verso, con una intensidad que me dejó sin aire:

"Es agridulce
Cada vez que te vas
Me despido y me doy la vuelta
Porque sabes que lo necesito
Estás en mi mente
Y me siento con suerte
Así que si estás pensando lo que yo estoy pensando
Cariño, sigue así..."

No pude evitarlo. Me lancé sobre él y lo abracé fuerte, con la emoción revoloteándome en el pecho.

—Lo estás haciendo real... Estamos haciendo esto real.

—Porque tú me inspiras, Paula. Nunca había escrito así. Esto no es solo una canción. Es nuestra historia.

Pasamos la mañana entre acordes, versos y besos entre línea y línea. Había momentos de silencio en los que solo nos mirábamos, y en esos silencios, nacían nuevas ideas.

Grabamos un pequeño demo en su celular. Nada profesional aún, pero bastaba con escuchar su voz mezclada con la mía en ese estribillo para saber que habíamos creado algo hermoso.

—¿Y cómo quieres llamarla oficialmente? —preguntó él.

—"La forma en que piensas de mí". Porque es justo eso... cuando te pienso, sé que tú también estás haciéndolo.

Jackson se inclinó, rozó su nariz con la mía y murmuró:

—Entonces que el mundo se prepare. Porque vamos a contarles una historia de amor como nunca han escuchado antes.

Pao Wang

~Drive you home~Where stories live. Discover now