Narrado por Paula
Volvimos a casa en silencio.
La misma casa que antes era risa, caos, besos y música... ahora estaba suspendida en una calma tensa. Como si las paredes estuvieran conteniendo la respiración igual que yo.
Jackson me abrió la puerta como si siguiera pidiéndome permiso de estar ahí.
Entré. Olía a nosotros. A velas que alguna vez encendimos. A recuerdos.
Me quité los zapatos en la entrada y él hizo lo mismo. No cruzamos palabra hasta que llegamos a la sala.
Y ahí fue cuando él rompió el silencio.
—No he cambiado nada. No pude. Cada cosa aquí... me dolía tocarla si no era contigo.
Tragué saliva. El nudo en la garganta quemaba.
—Yo tampoco he podido dormir igual desde que te fuiste —confesé sin querer.
Él se giró. Me miró con ese rostro que conocía como mi reflejo. Dolido. Esperanzado. Herido. Lleno de amor.
—Paula... ¿te puedo abrazar?
No respondí. Solo fui hacia él.
Y cuando sus brazos me envolvieron, me derrumbé.
Lloré en su pecho. Lloré por todo lo que callé. Por lo que él creyó. Por lo que nos hizo ese video. Por lo que dejamos que nos separara.
—Perdóname —susurró contra mi cabello—. Te fallé. Y si tengo que pasar cada día del resto de mi vida demostrando lo contrario, lo haré. Pero por favor... no me sueltes.
Lo abracé más fuerte.
—No quiero que lo intentes por culpa —le dije—. Quiero que lo hagas por amor.
—Siempre ha sido por amor —contestó. Y esta vez... lo creí.
Me separé ligeramente, solo para mirarlo a los ojos.
Él deslizó sus dedos por mis mejillas, limpiando mis lágrimas con ternura. Y entonces, rozó mi boca. Primero como una disculpa. Luego como una súplica.
Y después... como una promesa.
El beso fue lento. Familiar. Doloroso y reconfortante. Como si nuestros labios se reconocieran después de mucho frío.
Sus manos encontraron mi cintura. Las mías, su nuca. Nos fundimos sin palabras. Dejando que el deseo suave, contenido por semanas, se despertara despacio.
Subimos a nuestra habitación sin romper el contacto. La ropa cayó al suelo entre susurros y caricias. Todo era más lento que antes. Era reencuentro.
En la penumbra, su cuerpo y el mío se buscaron como si estuvieran volviendo a escribir la historia desde el principio.
—Te amo —murmuró contra mi cuello—. Incluso cuando no lo merecía, incluso cuando te fallé. Nunca dejé de amarte.
—Y yo a ti... aunque me dolía hacerlo.
Nuestros movimientos se volvieron más íntimos, más profundos. Sus labios recorrieron mi piel con la urgencia de alguien que temía haberme perdido. Y yo me aferré a él como si al fin pudiera respirar.
Nos amamos esa noche con la suavidad de lo real. Con los suspiros quebrados. Con el perdón temblando entre besos. Con las lágrimas compartidas en la almohada.
Después, me quedé sobre su pecho, escuchando su respiración. Él jugaba con mis dedos, como antes.
—¿Podemos empezar de nuevo? —preguntó.
—No tenemos que —respondí—. Porque aún estamos aquí.
Y sí. Aún estábamos ahí. Dolidos, sí. Pero juntos. Comenzando a sanar.
^
Narrado por Jackson
Sabía que tarde o temprano este momento llegaría.
Lo había enfrentado todo en la vida: escenarios gigantes, fans gritando mi nombre, críticas, rupturas... pero nada se sentía como esto. Nada se comparaba a estar de pie, con la verdad en la mano y el veneno justo enfrente.
Taejin.
Mi ex mejor amigo. El que una vez estuvo a mi lado cuando todo era incierto. El que conocía mis secretos, mis inseguridades, mis cicatrices.
El mismo que ahora había intentado destruirme desde adentro.
Entró en la sala con su porte de siempre, confiado, con esa sonrisa torcida que ahora me parecía repugnante.
—Jackson... Paula. Qué sorpresa verlos tan juntos después de todo —dijo con burla.
—Corta la actuación —le solté de inmediato, sin darle espacio a su cinismo—. Sabemos lo que hiciste. Manipulaste ese video. Inventaste una traición. Y casi lo logras.
Paula, a mi lado, no dijo una palabra. Su mano apretaba la mía con una fuerza contenida, como si contuviera todo su dolor en los dedos.
—¿Y por qué haría algo así? —respondió él con falsa inocencia—. ¿Qué ganaría?
—¡Todo lo que siempre quisiste tener! —exploté—. ¿Quieres que lo diga en voz alta? Mi carrera, mi grupo, mi reputación, mi paz, mi esposa. No porque la amaras. Sino porque no soportas verme feliz.
Su sonrisa se borró por primera vez.
—¿Sabes qué es lo que más me duele, Jackson? Que ni siquiera te das cuenta de lo fácil que te llegó todo. La gente te ama con solo sonreír. Te siguen, te admiran... Eres como una estrella que nunca cae. Y yo... siempre fui el que te empujaba hacia arriba sin que nadie lo notara.
—Tú decidiste quedarte en las sombras. Nadie te obligó —le dije con rabia contenida.
—No. Pero cuando decidiste volar... te olvidaste de quién te ayudó a construir tus alas.
Paula alzó la voz entonces. Clara, firme, sin miedo.
—Tu dolor no justifica tu crueldad, Taejin. Pudiste pedir ayuda. Pudiste hablar. Pero elegiste manipular, mentir y hacer daño. A Jackson, a Yugyeom, a mí, a todos. Y eso... no tiene perdón.
Él la miró con desprecio.
—No es personal contigo, Paula. Nunca lo fue. Solo eras el trofeo más visible.
—Yo no soy el premio de nadie —le escupió ella—. Y si tu ego herido te llevó a destruir una familia... entonces no mereces estar cerca de nadie.
Le arrojé sobre la mesa el USB con las pruebas del montaje.
—Esto es lo que queda de tu "genial plan". Está firmado digitalmente por el editor que trabaja contigo. Bambam encontró todo. Legal ya lo tiene. Te hundiste solo.
—¿Y crees que eso importa? —susurró, con una mirada oscura, casi vacía—. En este medio, la mancha queda aunque se borre. La duda siempre flota. Aunque me expongas, ya les hiciste daño. Y eso no se olvida.
—Pero también nos hiciste más fuertes —le respondí, dando un paso al frente—. Me alejé de ella por tu culpa. Dudé de mis hermanos. Pero ahora sé que eso no volverá a pasar. Nunca más.
Taejin apretó los puños. Su máscara cayó.
—No los voy a felicitar por su final feliz. Porque esto... no ha terminado.
Y salió. Dejándonos con el eco de su amenaza en el aire.
Paula me abrazó por la espalda, su frente contra mi espalda, en silencio.
—¿Tienes miedo? —le pregunté.
—No —dijo bajito—. No mientras te tenga a ti.
Y yo, por primera vez en semanas, supe que sin importar lo que hiciera Taejin... ya no tenía poder sobre nosotros man
