Corazón Vacío

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Capítulo 51:

Estaba lista para irme. Me miré una última vez en el espejo, asegurándome de que todo estuviera en su lugar. Llevaba una camiseta negra ajustada de mangas largas, sobre la que me puse una blusa blanca de mangas cortas con estampado de corazones negros. Combiné con un short negro de tirantes que hacía juego con el diseño de la blusa y unos borcegos oscuros. Dejé a la vista mi collar de medio corazón, ese que se ha convertido en mi amuleto, en un recordatorio de que no estoy sola.

Rocié un poco de perfume en mis muñecas y cuello, solté mi cabello ondulado y lo adorné con una vincha de tela negra. Antes de salir, recordé que podía llamar a Guillermo. Me había dado su número y me dijo que, si alguna vez tenía un problema o necesitaba algo, no dudara en llamarlo. No sabría explicar qué es lo que me une a él, pero es una conexión distinta... No tiene nada que ver con romance ni nada por el estilo, es como si hubiéramos sido amigos en otra vida o algo así.

El me aseguro que me dejaría ir a la fiesta, y como estaba ocupado en el trabajo, le pediría el favor a su amigo, Esteban, o Stevee, como él solía decirle, que es como un hermano para él, sé que puedo confiar en Guillermo, porque él jamás me dejaría en manos que cualquier persona.

Cuando llegamos a la casa de Bradley, le dije a Esteban que podía irse, que en todo caso me quedaría allí. No sería la primera vez. Me recibió su familia; su padre me saludó con una sonrisa cordial, pero su madre... ella fue más distante. Aun así, la saludé con amabilidad antes de que ambos desaparecieran por el pasillo, seguramente a reunirse con familiares o amigos.

Me indicaron que la fiesta estaba en el patio, así que avancé con cierta incomodidad entre la multitud. La piscina estaba iluminada con luces flotantes que reflejaban destellos en el agua, y la música sonaba lo suficientemente fuerte como para hacer vibrar el suelo. Caminé entre los invitados, escuchando fragmentos de conversaciones y risas, hasta que vi a Violet, una de las amigas de Brooke. Para mi sorpresa, me sonrió de manera amable.

Se dice que Brooke tiene preferidas dentro de su grupo, y que Violet no es una de ellas. Tal vez por eso me devolvió la sonrisa con sinceridad. Me acerqué y, aunque no hablamos mucho, me quedé a su lado por un momento. La música cambió y, sin darme cuenta, comencé a tararear la canción. Era una de esas melodías que me transportaban, que me recordaban momentos especiales, y podía reconocer sus voces en cualquier parte.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que lo vi. Bradley.

Estaba al otro lado de la piscina, riendo y bailando con Brooke. Se veían cómodos, casi en sincronía, como si nada más importara. Sentí algo extraño en el pecho, algo que me incomodó más de lo que me gustaría admitir. Me quedé de pie, aferrando el regalo que había comprado para él, observando la escena hasta que Brooke decidió entrar a la casa.

Respiré hondo y avancé hacia él con una sonrisa que probablemente se veía más tonta de lo que quería.

Bradley se giró y, al verme, su rostro se iluminó. Se acercó sin dudarlo, me envolvió en un abrazo cálido y me besó la mejilla. El gesto me tomó por sorpresa, y antes de que pudiera reaccionar, él me levantó un poco del suelo en un impulso juguetón. Solté una risa sin poder evitarlo y lo abracé con fuerza, sintiéndome, por primera vez en toda la noche, en el lugar al que pertenecía.

—¡Lola! —Bradley me saludó con una sonrisa enorme, su voz sonaba emocionada, incluso eufórica—. ¡Qué sorpresa! No pensé que te dejaran venir.

Estaba sentado junto a la piscina, en una reposera, relajado. Me acerqué con una pequeña sonrisa y envolví su mano en la mía.

—Sí, encontré quién me trajera... pero no tengo idea de cómo voy a volver —comenté con una risa nerviosa.

Open Your EyesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora