Soñando Despierta

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Capítulo 46

Rápidamente llegaron las últimas semanas de Julio y todo a mi alrededor se tornó en escalas de grises;

Bajaba las escaleras con mi bolso colgado del hombro y mi maleta rodando tras de mí, sintiendo cada paso como un eco en mi pecho. Me despedí de los señores Jonas, de Frankie y hasta de Elvis, el perro, acariciándole la cabeza como si pudiera entender lo mucho que extrañaría este lugar. Intenté contener las lágrimas, pero se agolpaban en mi garganta, presionando como un nudo imposible de tragar.

Abrazar a Nick y Kevin fue fácil, envolviéndome en su calidez como si pudiera guardar ese momento en mi memoria para siempre. Pero cuando me acerqué a Joe, un sollozo silencioso se escapó antes de que pudiera detenerlo. La última conversación que habíamos tenido semanas atrás seguía pesando en mi pecho, como un secreto que no quería soltar.

Con un gesto tembloroso, extendí mi meñique y lo entrelacé con el suyo, igual que aquella vez. Algo dentro de mí me decía que este no era un adiós definitivo, aunque doliera como si lo fuera.

Me subí al coche y me acomodé en el asiento trasero, del lado de la ventana. Mientras guardaban mis maletas en el baúl, seguí mirando a los Jonas, como si al parpadear fueran a desvanecerse.

Joe se acercó y se inclinó por la ventanilla abierta. Su pulgar rozó mi mejilla, atrapando una lágrima antes de que cayera.

—Si alguna vez vuelves a sentirte sola... o si necesitas que alguien te escuche... o simplemente quieres hablar de cualquier tontería —dijo con voz baja, mirándome con esos ojos que nunca podía descifrar—, puedes llamarme. O mandarme un correo —agregó, sonriendo apenas, como recordando aquella noche.

Suavizó la sonrisa, pero su mirada se tornó más seria.

—Donde sea que vayas, nunca olvides esto —hizo una pausa, como si estuviera eligiendo las palabras con cuidado—. Nunca dejes que nadie te haga sentir que no eres suficiente. Sé siempre tú misma, Lola

Mi respiración se atascó en mi garganta cuando sus dedos rozaron mi mejilla con suavidad.

— No dejes nunca de soñar —finalizó, con su media sonrisa de siempre.

Yo no pude decir nada. Solo asentí, sintiendo que si abría la boca, el llanto me ahogaría. Joe retrocedió hasta donde estaban sus hermanos y, antes de que el coche arrancara, me saludó con una expresión que era tan él: una mezcla de picardía y dulzura que me hizo reír entre lágrimas.

Cuando el auto comenzó a alejarse, ya no pude contenerme más. Me tapé la boca con la manga de mi sueter, pero no sirvió de nada. Las lágrimas cayeron una tras otra, mojando mi ropa, empapando mis recuerdos.

Marcos, sentado en el asiento delantero, intentó distraerme hablándome sobre mi nueva escuela, las actividades que podría hacer, lo cerca que quedaba de casa. Yo lo escuchaba a medias, con la mirada fija en el retrovisor hasta que la casa de los Jonas desapareció por completo.

Casi 3 años después:

Mayo del 2012

Ya pasó tiempo desde aquel adiós.

Aún recuerdo aquel primer día en el que Brooklyn me recibió con su bullicio y sus calles tan llenas de vida. Bajo esa apariencia vibrante, sin embargo, se escondían nuevos retos para mi alma. Mientras me dirigía al colegio, el fresco murmullo del viento me recordaba que, pese a la distancia de mi Argentina natal, llevaba en mi interior la esencia de quien fui... y de quien aspiró ser.

Mi nueva vida no ha sido mala. Marcos se asegura de que mi adaptación fuera lo más fácil posible, aunque sigue siendo estricto y no me deja salirme con la mía. La escuela es...normal. Tengo compañeros agradables, aunque las "populares" se divierten molestando a los demás, especialmente a los que, como yo, no encajan en su molde.

Open Your EyesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora