-¿lista? – inquirió
-Ajah. ¿A dónde vamos?
-enfilemos hacia tu casa. Hay una cafetería en la calle Main, que debería estar abierta
-¿Es segura?
-debería serlo. Nos ubicaremos en uno de los bancos del fondo. Por más que aprecie las bondades de no llamar la atención, no quiero pasarme la noche sentado con la máscara puesta
-¿debería volver a ponerme esto? – Pregunte mostrando la máscara de calavera – me siento estúpida con esto en la mascara
-tal vez sea bueno que recordaras que, aunque tú no puedas hacerlo, la gente si puede ver quien está debajo del traje esqueleto
-buen argumento – repuse y, una vez que la tuve colocada, no pude dejar de reírme de nosotros – esta es nuestra segunda cita. ¿No?
-ves, te dije que se me iba a ocurrir algo mejor – contesto y entrelazó sus dedos con los míos: garras peludas y huesos. La cafetería estaba llena de padres que se tomaban un descanso después de haber deambulado penosamente detrás de sus hijos hiperactivos
-¿Qué quieres que te traiga?
-chocolate caliente con todos los acompañamientos
Trajo un vaso altísimo que desbordaba crema y malvaviscos, con una ramita de chocolate para revolver a un costado. Para él, había elegido café negro
-no sabes de lo que te pierdes – suspire extasiada mientras saboreaba un malvavisco pegajoso con salsa de chocolate
-creo que con solo mirarte, estoy disfrutando tanto como tu – bebió de café – sé que es una cita barata y te pido perdón
-sí, tu ya me conoces estoy calculando cuanto gastaste. La próxima vez quiero un caviar en un restaurante de cinco estrellas
-si tienes hambre, puedo estirarme hasta una hamburguesa
-no seas tonto – exclame quitándole una pata – la próxima invito yo y quedamos parejos – cuando me acarició la mano me recorrió un escalofrió por la espalda
-no me importa compartir la cuenta, pero si vamos a salir prefiero invitarte yo. No creo que me agradaría mucho que pagaras tú
-te criaste entre los hombres de las cavernas ¿no? – comente con una sonrisa
-ya conociste a mi padre y a mis hermanos. No tengo nada más que agregar
Regresamos caminado por las calles súbitamente silenciosas. Las cumbres nevadas de las montañas resplandecían bajo la luz de la luna, las estrellas eran motas blancos en el cielo negro, lejanas pero intensamente brillantes
-me hacen sentir muy pequeñas – dije al pensar en los kilómetros que nos separaban de la más cercana
-Martina, odio tener que darte la noticia pero eres pequeña – le di un golpe en el estomago y lanzo un resoplido, aunque no estaba segura de que le haya dolido
Estaba en uno de esos momentos en que uno se queda extasiado ante la maravilla del universo y tú me sales con eso. Ten un poco de respeto
-no es fácil cuando tienes un traje de esqueleto – dijo con voz burlona - ¿te das cuenta de que estas brillando bajo la luz de la luna? Nunca Salí con una chica que hiciera algo así
-¿y con quien has salido, Sr. blanco? Mechi dice que tus hermanos no salen con chicas de Wrickenridge
-es verdad, tu eres la excepción. Salí con algunas... la mayoría de Aspen – me apretó la cintura - ¿y tú? – enrojecí y desee no haber iniciado esta conversación
-en Inglaterra una vez mis amigos me arreglaron una cita pero fue un desastre. El chico estaba totalmente enamorado de sí mismo, era increíble
- ¿y te quería a ti como florero?
-¿Qué?
-como un adorno por la imagen
-supongo que sí, solo salimos dos veces hasta que me canse, de modo que podrás ver que mi experiencia es bastante limitada
-No podría decir que lo lamento ¿lo pasaste bien en la fiesta?
-los juegos eran tontos pero divertidos
-estaba esperando que lo mencionaras. Estaba particularmente intrigado por lo que le sucedió a esa gelatina – comenzó a frotar suavemente la nariz en mi cuello – Mmm Sin ninguna duda le quedaron restos
-¡Jorge! – proteste sin mucho entusiasmo: estaba disfrutando muchísimo de sus atenciones, cuando la limpieza, como él lo denomino hubo terminado, doblamos en la calle de mi casa. Al hacerlo dos chicos disfrazados de asesinos emergieron abruptamente de la bruma a los gritos. Tenían las manos ensangrentadas y cuchillos falsos atravesados en la cabeza uno de ellos llevaba una navaja en la mano
-¡aquí tenemos dos más para masacrar! ¡Acabemos con el lobo! ¡Liquidemos al esqueleto! ¡A la carga! – grito y salió corriendo directamente hacia mí. Pese a que intente alejarme de su camino, la navaja se aproximo hacia mí, algo asustada grite. Jorge se volvió loco
ESTÁS LEYENDO
mi alma gemela
Romancecuando martina ve por primera vez a jorge, el supuesto chico malo de la escuela ya no puede quitarselo de la cabeza. el le habla por sus pensamientos puede leer su mente. las sombras de su pasado la atormentan y un nuevo mal amenaza su futuro ella d...
