capitulo 49

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Los sonidos fueron la primera señal de que me encontraba en una habitación de hospital. Sin abrir los ojos escuche los murmullos de la gente, y también los olores: el antiséptico, las sabanas desconocidas, las flores. Levantándome un poco percibí el dolor, aunque estaba amortiguada por los analgésicos. Tenía el brazo vendado y podía percibir el tirón de las vendas. Despacio deje que los ojos se abrieran parpadeantes. La luz era muy brillante

-¿Martina? - En un instante mariana estuvo a mi lado - ¿tienes sed? los doctores dicen que debes tomar líquidos - me alcanzo un brazo con mano temblorosa

-dale un momento, mi amor - dijo Alejandro acercándose a ella - ¿te encuentras bien?

Hice un movimiento afirmativo con la cabeza. No quería hablar. Mi mente continuaba confusa, llena de imágenes opuestas. No podía desentrañar que era real y que no

Sosteniéndome, mariana llevo el vaso a mis labios y di un sorbo

-¿estas mejor? ¿Puedes hablar? -pregunto

Había demasiadas voces: la mía, la de Jorge, un hombre que decía ser mi amigo. Cerré los ojos y voltee la cabeza a la almohada

-¡Alejandro! - exclamo mariana angustiada

No quería alterarla

Si yo fingía no estar ahí, tal vez se pondría contenta otra vez. A veces eso daba resultado

-mariana, tini se encuentra en estado de shock - explico Alejandro para tranquilizarla - dale un tiempo

-pero no había estado así desde que la tuvimos por primera vez. Lo puedo ver en sus ojos

-shh, mariana. No te anticipes a los hechos. Tini, escúchame, tomate todo el tiempo que necesites nadie te va a presionar

Mariana se sentó en la cama y tomo mi mano

-te queremos, Martina, no lo olvides

Pero yo no quería amor porque provocaba sufrimiento

Alejandro encendió la radio y puso una estación que pasaba música clásica suave, que me envolvió como una caricia

Durante los años que viví en sucesivos hogares infantiles siempre escuchaba música. Siempre hablaba mediante cancioncillas extrañas y un poco locas que inventaba yo misma, lo cual había llevado a mis cuidadores pensar que estaba demente. Supongo que era así. Mariana y Alejandro me habían encontraron y pensaron que podían ayudarme. Habían sido tan pacientes esperando a que saliera de mi encierro, y gradualmente eso había sucedido. Desde entonces no había cantado ni una nota. No pida hacerlos pasar por eso otra vez

-estoy bien - musité. No era cierto, mi cerebro era un revoltijo de piezas inconexas

-gracias, querida - mariana me apretó la mano - necesitaba oírlo

Alejandro jugueteo con el ramo de flores mientras se aclaraba la garganta

-no somos los únicos que quieren saber si te encuentras bien. Jorge blanco y su familia han estado acampando en sala de visitas

Jorge, mi confusión aumento. El pánico estado en mi interior como una descarga electrica. Había comprendido algo importante acerca de él pero había vuelto a cerrar el acceso a la memoria de un portazo

-no puedo

-no te preocupes. Iré a decirles que te despertaste, pero que todavía no estás para recibir visitas. Pero me temo que la policía está esperando hablar contigo, teneos que dejarlos entrar

-no se que decir

-solo di la verdad

Alejandro fue a comunicarle las novedades a los blanco. Le hice un ademan a mama para que me ayudara a incorporarme

-¿hace cuanto tiempo que estoy aquí?

-estuviste inconsciente durante doce horas, tini. Los médicos no podían explicar la causa. Estuvimos muy intranquilos

Algo me hizo levantar la vista: lo blanco se marchaban del hospital. Jorge pasó lentamente delante de la ventana del corredor que daba a mi habitación y nuestros ojos se encontraron

mi alma gemelaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora