–Necesito una mesa resistente, fuego controlado y que nadie respire mientras calculo –solté, tratando de sonar como un alquimista competente y no como un hombre a tres segundos de vomitar la vesícula.
El anticuario movió la cabeza hacia mí con una lentitud antinatural, como si cada movimiento suyo tuviera que ser aprobado por alguna comisión de momias jubiladas. Luego, levantó un dedo huesudo y señaló hacia el fondo de la tienda, donde una puerta que juraría no haber visto antes se abrió por sí sola con un quejido largo y dramático.
.
Por supuesto.
Porque en esta historia hasta las puertas tenían complejo de protagonista.
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–Allí encontrará lo necesario –dijo.
–Qué considerado –murmuré algo sorprendido.
–No es consideración. Quiero que termine pronto para que se vaya. No tolero a la gente mucho tiempo.
–Y encantador –añadí siseando.
Hermione me dio un codazo.
–Compórtate.
La miré ceñudo.
–Estoy a punto de lanzarme borracho por un armario interdimensional con un Giratiempo defectuoso. Creo que mi comportamiento es lo menos preocupante en esta sala.
Theodore resopló a mi lado.
–Por primera vez en mucho tiempo, estoy de acuerdo contigo.
–Anótenlo. Milagro.
Pasamos por la puerta dramática y entramos a la habitación indicada. Por un instante, olvidé respirar. No era grande, pero estaba repleta de instrumentos alquímicos tan antiguos que el coleccionista en mí quiso llorar, comprar y robar al mismo tiempo. Había alambiques de cristal negro, morteros de plata, frascos con líquidos que emitían luz propia, cuchillos rituales, una balanza diminuta con platillos de oro y una mesa de madera oscura marcada por quemaduras circulares. En una esquina, una pequeña chimenea ardía con fuego azul.
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Nada sospechoso.
Nada mortal.
Nada que gritara “vas a desintegrarte, idiota”.
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Me acerqué a la mesa y pasé los dedos por las marcas. Algunas eran antiguas. Otras parecían recientes. Demasiado recientes.
–Alguien ha usado esto hace poco –dijo Hermione, llegando a la misma conclusión que yo.
El anticuario apareció detrás de nosotros sin hacer ruido. Casi me salí de mi propio cuerpo de la sorpresa cuando habló.
–Muchos lo han intentado.
–Qué alentador –dije–. ¿Y cuántos lo lograron?
–Depende de lo que entienda por lograr.
–No me gustan sus respuestas.
–No están hechas para gustarle.
Theodore se cruzó de brazos.
–¿Qué pasó con ellos? –insistió.
–Algunos encontraron mundos. Algunos encontraron la muerte. Algunos encontraron lo que querían y descubrieron demasiado tarde que no era lo que necesitaban. Hay de todo.
–Qué hermosa charla motivacional. Debería tener su propio TED Talk –gruñí.
Hermione dejó el libro sobre la mesa y comenzó a revisar sus notas con manos veloces. Sus dedos, ya manchados de tinta, se movían de una página a otra mientras murmuraba palabras en griego que sonaban peligrosas solo por salir de su boca. Theodore se posicionó a su lado, leyendo por encima de su hombro con la expresión de no entender una mierda.
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Alter Ego
FanfictionCualquiera desearía tener una segunda oportunidad para enmendar sus errores, pero Draco Malfoy no era "cualquiera", no cuando cualquier cambio en el pasado podía quitarle su preciado presente. Sin embargo allí estaba, por su propia culpa, tratando...
