"Lucy, que alegría verte", exclamó el alcalde nada más verla, "me alegro mucho de que no estuvieras en casa cuando ocurrió todo aquello, ¿cómo te encuentras?.
"Mucho más tranquila, debo agradecerle en que me enviara a la capitana Coleman y a su equipo con tanta urgencia", respondió agradecida.
Gabriela miraba asombrada y con curiosidad a Lucy, habían coincidido en algunos eventos, pero jamás se había acercado a su terreno, ni ella al suyo. Era como un pacto que hubieran sellado sin hablar, mantenerse alejadas la una de la otra. ¿Por qué se había acercado?, ¿qué había cambiado?, intentaba escudriñar su mente, buscando alguna ligera pista que le hiciese entender que había en ese grupo de gente, que le interesase tanto a la joven pintora como para aceptar respirar su mismo aire.
La respuesta a sus preguntas se materializó delante de sus ojos segundos después y le sorprendió gratamente. Lucy saludo uno a uno a todos los integrantes del grupo, con cortesía y educación, a todos por igual, incluso a ella, hasta llegar a Amy. El saludo con la joven detective fue distinto, no sabía explicar en que, quizá el contacto entre ellas duró unos segundos más de lo habitual, o fue el escalofrío que pareció recorrerla, o la manera en que ambas se miraron. Tal vez ni ellas mismas se habían dado cuenta de lo que estaba pasando entre las dos, pero para alguien que había vivido tanto como Gabriela, aquello no pasó inadvertido. La mujer sonrió maliciosamente, la venganza es un plato que se sirve frio, y ella sabía que simplemente teniendo un poco de paciencia y dejando que las cosas siguieran su curso, tendría a la insignificante artista mordiendo el polvo, finalmente la destruiría y su arma sería precisamente la persona encargada de protegerla.
Lucy se colocó al lado de Amy, al poco rato el resto del grupo estaba inmerso en una probablemente para ellos apasionante conversación sobre seguridad ciudadana, "si me sacas de aquí, te invito a cenar", le susurro al oído.
Amy dudo, nada le gustaría más que irse con Lucy, su corazón había saltado de alegría la verla aparecer. Pero había ido para acompañar a Gabriela., "no puedo, he venido acompañada", respondió, pero al ver como la decepción asomaba en los ojos de la joven añadió, "pero puedes invitarme a una copa. No creo que se dé cuenta de que he desaparecido al menos en dos horas".
La castaña asintió con una gran sonrisa, al verla el corazón de Amy comenzó a latir más deprisa. La rubia sorprendida por la reacción de su músculo principal, tomó la mano de la artista y la llevó hacia la barra.
Al llegar a la barra ,Lucy la tomó por los hombros y le obligó a girarse para verla bien, "realmente estás preciosa ", dijo guiñándole un ojo, "tú acompañante debe estar muy seguro de si mismo para dejar que te alejes de el, yo no te permitiría que te alejases de mí ni un centímetro", ni tan siquiera se planteó quien podía ser el acompañante de Amy.
"Que exagerada que eres, tú sí que estas preciosa, me has dejado sin respiración. Ese novio tonto que tienes no sabe apreciar lo que tiene al lado", respondió inmediatamente la rubia al sentir como sus mejillas comenzaban a calentarse.
Lucy sonrió complacida de haberle causado esa impresión, "¡me alegro tanto de que estés aquí!, cuando te he visto ha sido como ver un ángel salvador. Nunca me acostumbrare a tanta cursilería y tanta tontería.
Amy puso los ojos en blanco, "dímelo a mí, creo que si no hubieses aparecido me hubiese muerto de repulsión y aburrimento".
Tomaron el trago entre risas y bromas, criticando los peinados imposibles y los vestidos horrorosos de de algunos presentes. Se encontraban muy a gusto juntas, parecía que se conocían de toda la vida cuando tan sólo hacia un par de días de ello. Lucy nunca se había sentido así con nadie, había sufrido algunas dolorosas decepciones y eso la hizo desconfiar inmediatamente de cualquiera que intentase entrar en su vida. Solo lo hacían por su dinero y tal vez por su fama.
Pero con Amy era distinto, había algo en sus ojos que le decía que aquella adorable rubia jamás la traicionaría, jamás intentaría aprovecharse de ella, su corazón lo sentía así.
Lucy vio como Gabriela las miraba y se acercaba hacia ellas, inmediatamente se puso alerta preparándose para el enfrentamiento, aquella mujer la odiaba y era capaz de cualquier cosa.
La política ignoró completamente a la joven artista, "cariño, creo que deberíamos irnos ya", agarró a Amy por la cintura y la atrajo hacia ella, "recuerda que te prometí una noche salvaje y apasionada", tomo su cara con las manos y la besó ardientemente.
A la joven pintora se le heló la sangre al ver aquella escena, intentó tragar saliva pero no pudo, su boca se había convertido en un árido desierto, sintió un dolor agudo en el pecho desconocido para ella y una opresión en el estómago que casi le impedía respirar. Su corazón y su razón estaban manteniendo una lucha a muerte en aquellos momentos, su corazón le pedía salir de allí corriendo y no ver nada más, pero su razón le obligaba a mantener la dignidad y permanecer sentada comportándose con total naturalidad.
Providencialmente Franklin apareció en su campo de visión, "perdonarme por fin apareció Franklin, tengo que amarrarlo antes de que vuelva a desaparecer", dijo aunque era consciente que ninguna de las dos le oía.
Al separarse a Amy le faltabael aire, todo había sido tan repentino que no era completamente consciente delo que había pasado. No sabía muy bien que sentimientos le había provocadoaquel apasionado beso que le regalo su pareja y que tanto había deseado; lehabía gustado, pero no era así como imaginó su primer beso, no había ocurridocomo ella deseaba, en el fondo era una romántica empedernida. De lo que siestaba segura era de que la había humedecido totalmente, había despertado susdeseos más íntimos en todas y cada una de las partes de su cuerpo. Pensó en quesi con un solo beso la hacía sentirse así, que no sería capaz de hacerle sentiren la complicidad de su cuarto, ardía en deseos de llegar a su casa, queríaentregarse a ella, dejar que la llevara al paraíso, que le hiciese el amorsalvajemente.
Aún noqueada escuchó como Lucydecía algo, la observo como se acercaba a Franklin y lo abrazaba, el chico ledijo algo y ella sonrió acarició suavemente su mejilla y le dio un dulce beso.Algo se removió en el interior de Amy al ver aquella escena.
Gabriela sonrió al ver esapequeña chispa de celos en los ojos de la que esa misma noche convertiría en suamante, estaba muy caliente, aquella situación la había excitado hasta llevarlaa un límite difícilmente controlable, agarró la mano de la rubia yapresuradamente la condujo hacia la puerta, la necesitaba ya. Lucy observó comoambas abandonaban la fiesta.
Con los primeros rayos de sol,Amy abandono el lecho donde había tenido la noche de sexo más increíble de suvida. Miró como su ardiente amante dormía plácidamente, aquella mujer era unadiosa del sexo, le había hecho gritar, gemir, jadear, sudar como nadie lo habíahecho jamás. Le había pedido, suplicado entre gemidos más y más hasta quefinalmente había caído rendida, exhausta, con todos los músculos de su cuerpodoloridos pero con los mayores orgasmos de su vida logrados.
Sin embargo cuando todoterminó, la joven detective no pudo pegar ojo en toda la noche, se sentíavacía, rara, incompleta. No podía dejar de pensar en Lucy, en la paz y laarmonía que la embriagaba cuando la joven poseedora de aquellos maravillososluceros azules estaba cerca. Hacia solo dos días que la conocía y en aquellosdos días no había salido ni un solo segundo de su mente, incluso la nocheanterior en sus momentos más íntimos, había aparecido.
Suspirando se vistió y salióde la habitación. Condujo hasta su casa, se dio una ducha rápida, se cambió deropa y se dirigió hacia la comisaría, quería ponerse al día con el caso deLucy.
La joven de ojos azules dabavueltas en su cama, Franklin se había ido hacía un rato ella se había hecho ladormida. La noche anterior habían hablado y el chico le había puesto unasridículas excusas para intentar explicarle su estúpido comportamiento, ningunahabía convencido a la artista, las había aceptado demasiado agotada tantofísica como psicológicamente para seguir discutiendo
No había dormido en toda la noche,sabía que estaba haciendo Amy en aquellos momentos y se la imaginaba una y otravez haciendo el amor con aquella odiosa mujer, sudada, fuera de si,retorciéndose, agarrada a las sabanas gritando, suspirando, gozando de un placerinfinito. No podía entender porque pero aquello le molestaba infinitamente,sabía que no era un comportamiento racional, conocía a la rubia desde hacía dosdías y no tenía derecho a juzgar con quien se acostaba y con quien no. Ni tansiquiera sabía el tipo de relación que mantenía con Gabriela, aunque estabasegura de que esa mujer no era buena para ella.
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Solo cuando estoy contigo
RomanceLucy una joven pintora enamorada del hombre de su vida, todo cambia cuando matan a alguien dentro de su casa, y para hallar al responsable aparece Amy una joven oficial altamente capacita en el tema de crimenes, de la cual Lucy se enamora, pero p...
