Lucy tomó una decisión. Respetaría los deseos de Amy y no volvería a molestarla, seguiría esperando, no importaba cuanto, ella sabía que volverían a estar juntas.
Las siguientes semanas fueron un infierno para la joven de ojos azules, anhelaba a Amy, estaba tan cerca suyo y a la vez tan lejos. Todos los días recodaba los momentos tan hermosos que pasó a su lado, tocar su piel, besar sus labios, mirarla a los ojos, inspirar su aroma, decirle cuanto la amaba, todo aquello la llenaba de nostalgia e impotencia.
Cada día que pasaba, las ojeras y las bolsas debajo de sus ojos eran cada vez más marcadas. Perdió mucho peso, la mayoría de los días no era capaz de ingerir ningún alimento, su rostro palideció. La que un día fue la más grande, hermosa, deseada y admirada pintora y fundadora de uno de los centros hospitalarios para menores más prestigiados de la ciudad, parecía enferma y demacrada. No le importaba nada que decidió prescindir los servicios policiales que la escoltaban, sabía que estaba expuesta al peligro pero prefería salir sola.
Estaba terriblemente celosa de la relación de Amy con su nueva compañera Alexandra. Cada día pasaban más tiempo juntas, la rubia parecía estar encantada a su lado. Lucy se las había encontrado en el parque, en el supermercado. Las miradas cómplices, las atenciones y las caricias que se profesaban la reconcomían por dentro.
Las únicas horas del día en los que Lucy disfrutaba de algo de paz, era en sus paseos diarios acompañada de sus dos cachorritos las cuales se habían convertido en el centro de su vida. Tenían ya cuatro meses y eran terriblemente traviesos, a Lucy le costaba cada vez más mantenerlos a raya. Todos los días los llevaba al parque y corría con ellos hasta que perros y dueña terminaban exhaustos, cuando ya habían liberado energía y estaban más tranquilos, Lucy empezaba con sus clases educativas, intentaba que acataran sus órdenes, que caminaran a su lado...... la mayoría de las veces obteniendo poco o ningún resultado. Eran los únicos momentos en los que la rubia ocupaba un segundo lugar en su mente.
Amy echaba mucho de menos a Lucy, pero sabía que ese anhelo y ese dolor que sentía al verla tarde o temprano desaparecerían. Para paliar su sufrimiento se centró en hacer deporte. La relación con su nueva compañera se iba estrechando día a día, le encantaba pasar el tiempo con ella y la admiraba profundamente, además le parecía una de las mujeres más bellas que había visto. Para ella sus hermosos y profundos ojos azules eran un remanso de paz.
Nunca había disfrutado tanto de la música, como disfrutaba de ella, Alexandra cantaba y tocaba muy bien el piano. La primera vez que escuchó su voz, creyó que había muerto, se encontraba en el cielo y un ángel estaba cantando para ella con voz dulce y melódica.
“Muy bien Amy”, dijo Alexandra al terminar la canción, “has estado genial, es perfecto, mañana seguiremos”.
Amy estaba contenta por lo halagos, Alexandra le había enseñado a tocar el piano y lo estaba haciendo perfectamente.
“Amy, ¿gustarías ir a beber un café conmigo?”, dijo Alexandra, cuando la rubia estaba a punto de salir por la puerta de su casa.
“Por supuesto”, contestó Amy con su mejor sonrisa. Ambas se dirigieron a un pequeño Starbucks ubicado en el centro de la ciudad.
“Esta tarde cuando tocabas he visto que has tenido problemas para terminar la canción” ¿sucede algo?. Preguntó la joven rubia.
“Lo sé Amy, es solo que la canción me trajo recuerdos del pasado, sucedieron cosas horribles, trataré de olvidarlo”, se disculpó Alexandra.
“Lo sé, pero no debes dejar que eso te atormente. Te encanta la música, expulsa toda esa frustración y ese rencor que tienes acumulado, déjalo salir, libérate con la música”, contestó Amy.
“Claro lo intentaré, es difícil olvidar el pasado, y la música me hace sentir en paz, a parte de tenerte como compañera eso me emociona y me tranquiliza aún más”, contestó la agente.
Al salir del Starbucks Amy decidió llevar a Alexandra a un pequeño lago ubicado a veinte minutos de donde se encontraban, para darle unos consejos sobre las misiones en cubierto, lugar donde muchas veces compartió hermosos momentos con Lucy.
Ambas se encontraban sentadas en el pasto, contando historias de su infancia.
“Alexandra, ¿qué debo hacer para cantar una canción perfectamente? Preguntó Amy. “Es muy sencillo, ponte de pie” contestó Alexandra. Se puso a su espalda, rodeó sus caderas con sus brazos, "tiene que salir desde aquí, desde adentro", dijo presionando su diafragma.
Al sentir a Alexandra tan cerca, todo el cuerpo de Amy tembló, se le puso piel de gallina y su bello se erizó.
Alexandra sonrió al ver el efecto que provocó en ella. La acercó más hacia su cuerpo, puso su boca a su oído y le susurró, “tienes que dejar que toda esa ira que arde aquí, salga”, susurro moviendo la mano hacia el corazón desbocado de su compañera, acariciándole el pecho en su camino.
Amy suspiró profundamente, al notar aquella mano en su pecho y aquel aliento de aquella mujer tan hermosa quemándole la oreja, cerró los ojos y se revolvió entre los brazos de su compañera.
“¿Te incomodo?”, preguntó Alexandra, pasando los labios y la lengua por el cuello de Amy.
Al notar la cálida humedad de la saliva de la joven agente la rubia gimió, “al contrario”, respondió la rubia con la respiración agitada, “me encanta, me vuelves loca”.
“Me alegro”, dijo Alexandra completamente excitada, “porque hace días que deseo besarte, desnudarte y poseer tu hermoso cuerpo”, la obligo a girarse.
Amy no se lo pensó dos veces, atrajo la cabeza de su compañera hacia ella y la besó, no pudo evitar gemir fuertemente cuando sintió la lengua de ésta introducirse en su boca.
Las lágrimas corrieron por el rostro de Lucy al ver aquella escena, había salido a pasear a los cachorros y había ido a ese lindo lugar, quería salir corriendo pero algo se lo impedía.
Al separarse Amy pegó un respingo al ver a la joven de ojos azules observándolas. Quiso correr a abrazarla al descubrir la angustia y el dolor que reflejaban sus ojos. Su orgullo no se lo permitió, en vez de ello atrajo y la besó apasionadamente, mientras sus manos se introducían por debajo de su camisa y recorrían su torso desnudo, invitando a su amante a hacer lo mismo. Dicen que el ser humano es vengativo y rencoroso por naturaleza y quería causarle el mismo dolor a su ex novia, que el que ella le había causado.
Lucy creyó morir en aquel preciso instante. Cuando vio que las manos de Alexandra acariciaban los pechos de Amy no pudo soportarlo más y salió corriendo de allí.
Corrió y corrió hasta llegar a su casa, lloró durante horas, cuando finalmente se tranquilizó y pudo controlar su voz y su respiración sacó su teléfono móvil de su bolsillo.
“Mamá, necesito que hagas algo por mí”, dijo al escuchar la voz de su madre desde el otro lado.
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Solo cuando estoy contigo
RomanceLucy una joven pintora enamorada del hombre de su vida, todo cambia cuando matan a alguien dentro de su casa, y para hallar al responsable aparece Amy una joven oficial altamente capacita en el tema de crimenes, de la cual Lucy se enamora, pero p...
