Capitulo 41

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Emma estaba preciosa, llevaba unos pantalones negros y una camiseta naranja, que hacía resaltar aún más el brillo de sus ojos, su pelo más alborotado de lo normal le daba un aspecto algo rebelde que la joven de ojos azules encontró irresistible y un maquillaje muy natural que no disimuló el rojo del que se tiñeron sus mejillas al darse cuenta como Lucy se mordía el labio inferior, mientras la devoraba con la mirada al analizarla de arriba abajo.

"¿Estas lista?", preguntó la joven doctora haciendo volver a  Lucy a la realidad.

"Ehhhhh...... si, déjame coger una chaqueta por si refresca", dijo la joven castaña mientras se dirigía a su habitación, se apoyó contra la pared intentando controlar su corazón, el cual latía desbocado en su pecho. Cuando a duras penas lo consiguió, cogió la chaqueta y volvió junto a Emma.

"Estás preciosa", dijo acercándose a darle dos besos.

"Tú también", respondió la doctora, "¡vamos!, Clara nos espera".

Durante el camino Lucy se arrepintió de haberse puesto esa falda tan corta, había notado como los ojos de Emma se desviaban de la carretera hacia sus piernas, la tensión sexual que habitaba en el coche se podía cortar. La joven castaña agradeció inmensamente que Clara las acompañara aquella noche.

Recogieron a la fisioterapeuta y se dirigieron  a un pequeño y coqueto restaurante italiano conocido por Emma, era su restaurante favorito, justo ahí se llevaría a cabo la cena.

Al entrar los camareros se deshicieron en atenciones con la bella doctora, se notaba claramente que era una habitual del coqueto restaurante, Lucy pudo imaginársela disfrutando de una velada romántica junto alguna de sus conquistas, sintió una pequeña punzada de celos.

En el fondo se encontraban la cumpleañera y otras chicas más. Durante la cena se divirtieron mucho, conforme avanzaba la velada y el vino iba haciendo efecto, se iban desinhibiendo cada vez más y más, los ojos de Emma y Lucy  se fundían en intensas miradas llenas de deseo y pasión. La hermosa doctora coqueteaba abiertamente con la joven de ojos azules, la acariciaba a la menor ocasión, la agasajaba, se desvivía en atenciones con ella, le hablaba de una forma tan sensual que Lucy se derretía con cada palabra, con cada mirada.

Al terminar la cena Clara se despidió, sintió que estaba de más. Ella no estaba en absoluto de acuerdo con el comportamiento de la doctora, sabía los profundos sentimientos que Lucy tenía por su novia  y todo el sufrimiento que podía causarle caer en las redes de Emma. Se lo había advertido una y otra vez y la joven doctora había estado completamente de acuerdo con ella en que lo mejor era evitar cualquier acercamiento no merecía la pena tanto dolor sólo por satisfacer una mera atracción física que era lo que ambas sentían, pero en aquellos momentos parecía haberse olvidado de todo y actuaba como un animal en celo.

Conocía perfectamente a Emma, conocía aquella mirada, aquel lenguaje corporal, ella misma años atrás se había dejado embelesar por sus encantos y había caído rendida a sus pies y sabía que no iba a parar hasta seducir a la castaña y conseguir lo que deseaba de ella.

"Yo también me voy", dijo inmediatamente Lucy, al escuchar como Clara pedía  un taxi.

"¡Nooooooooooo!” dijo la doctora decepcionada, "quédate un momento más", acercándose a ella y haciendo que le ronroneaba mimosamente.

"Debo irme ya es tarde", protestó la joven de ojos azules.

"Venga la última copa, nos estamos divirtiendo", volvió a insistir Emma, mordiéndose el labio inferior y mirándola con ojitos suplicantes, esa mirada terminó de desarmarla, no había nada malo en quedarse a tomar una última copa con Emma, se engañó a si misma-.

"Lucy, decídete yo tengo que irme ya", protestó Clara desde la puerta.

La joven de ojos azules se acercó a ella y la abrazó, "me quedo, vete con cuidado, nos vemos mañana".

La fisioterapeuta movió su cabeza tristemente de un lado a otro, "deberías venir conmigo Lucy, tienes que descansar, además.....".

Emma  no dejó a su amiga terminar, agarró a la joven castaña por la cintura y la atrajo hacia así, "no seas aguafiestas Clara, sólo vamos a divertirnos un rato".

Clara suspiró, ella ya no podía hacer más, eran dos mujeres adultas, "Emma sabes que lo que vas a hacer no está bien", le susurró al oído, mientras le daba un abrazo de despedida.

"No voy a hacer nada que ella no quiera", le respondió  a su amiga. Se separó de ella, cogió a Lucy por la cintura y se adentraron moviéndose al compas  de la música.

Estuvieron durante diez minutos hasta que finalmente decidieron irse, se despidieron de las chicas y se dirigieron calle abajo pararon frente a un local, al entrar se dirigieron directamente a la barra, Emma saludó cariñosamente a la camarera y pidió dos Gin Tonic, y se giró para saludar a una pareja que estaba a su lado.

Lucy  enseguida se dio cuenta de que el local estaba lleno de mujeres, no pudo evitar sonreír, al recordar como Amy se había negado una y otra vez a entrar a un  bar Gay de la ciudad, se moriría de la vergüenza decía.

"En que piensas", dijo la bella doctora, acercándose más a ella, agarrándola de la barbilla y obligándola a mirarla.

"En nada solo....", comenzó a decir la joven de ojos azules.

Emma la interrumpió, "estabas sonriendo, me encanta cuando sonríes, te pones preciosa", dijo acariciándole la mejilla, y mirándola insinuante a los labios, el juego había terminado.

Lucy cogió su Gin Tonic y lo bebió de un trago.

La doctora acerco su boca a la oreja de la joven, "me vuelves loca, esta noche te deseo como nunca he deseado a nadie, quiero follarte, hacerte mía", le susurro y mordió ligeramente su lóbulo.

Lucy gimió, toda la piel de su cuerpo se le puso de gallina, pero se recuperó inmediatamente y se apartó, "vamos a bailar", y sin esperar respuesta se dirigió a la pista de baile, Emma la siguió.

Ambas comenzaron a moverse al ritmo de la música, Lucy  intentaba no mirar los movimientos de Emma, pero era imposible, sus movimientos eran tan sexis, tan sensuales que a la joven castaña le costaba respirar al verla.

Emma se acercó un poco más a su pareja e intentó que esta imitase sus movimientos, estaban la una pegada a la otra, la doctora absorbió el aroma de su acompañante y aquel aroma hizo que se volviera completamente loca, ni tan siquiera fue capaz de clasificar lo que sintió al inhalar aquella fragancia.

Puso sus manos en la cintura de Lucy y pegó su cuerpo al suyo, se miraron a los ojos y se olvidaron de todo lo que les rodeaba, Lucy sentía que las piernas le temblaban y parecía que su corazón iba a saltar de su pecho en cualquier momento, no fue capaz de separarse, la atracción era demasiado fuerte.

Siguieron bailando sin apartar la una los ojos de la otra, sensualmente, con sus cuerpos pegados moviéndose al compás de la música, de repente Emma la besó, Lucy sintió como aquellos labios de lava se fundían con los suyos y aquella sabrosa lengua intentaba irrumpir salvajemente en su boca, sin dudarlo separó sus dientes dándole libre acceso, loca de pasión y de deseo agarró con ambas manos la cabeza de aquella mujer que tanto deseaba presionándola más a la suya y profundizando aún más en el beso.

Se besaron una y otra vez salvajemente, dejándose llevar por el deseo, buscando sólo satisfacer aquella necesidad que había ido creciendo en ellas más y más, día tras día; sus lenguas peleaban como guerreras bárbaras en una lucha a muerte acrecentando más la necesidad de satisfacerse. Eran como un volcán a punto de erupción.

Lucy sintió que la vista se le nublaba, el oxígeno no llegaba a su cerebro, se había olvidado de respirar, se apartó sin aliento y al ser mínimamente consciente de lo que estaba sucediendo, se dirigió corriendo al cuarto de baño dejando a Emma en la pista de baile incapaz de reaccionar.

Cuando Emma entró en el baño, Lucy estaba mirándose al espejo como en estado de Shock, "Lucy, ¿estás bien?".

La joven castaña reaccionó y la miró asustada, "yo...., yo...., me tengo que ir", dijo y se dirigió hacia la puerta, dispuesta a marcharse.

La doctora se lo impidió, bloqueando su salida, "No pienso dejar que te vayas, me deseas tanto como yo a ti", dijo acercándose más a ella.

"No....", murmuró Lucy casi sin fuerzas para resistir, "yo no puedo, yo....".

"Déjate llevar, maldita sea", Emma estaba fuera de si. No esperó más, empujó a la joven castaña contra la pared y se apoderó ferozmente de sus labios.

Lucy  luchó durante unos segundos, pero finalmente se rindió y atrajo el cuerpo de la apasionada doctora contra si, mientras la besaba desenfrenadamente una y otra vez.

Había luchado durante días  contra aquella tentación, pero finalmente había perdido la partida, su mente se apagó y se dejó llevar por sus instintos más primitivos, había sucumbido a la trampa del placer, ya no había marcha atrás, el sexo era inevitable.

Estaba en trance, hipnotizada por el momento, embriagada por el olor y la belleza de Emma solo deseaba sentir como la poseía salvajemente, como la penetraba ferozmente una y otra vez, como la volvía loca de placer. Su cerebro estaba apagado totalmente y su cuerpo rendido a merced aquellas expertas manos que lo exploraban curiosas.

Emma presionó más a Lucy contra la pared y metió su pierna entre las de la joven, puso sus manos en sus nalgas y empezó a presionar y a frotar su sexo contra ella, Lucy gimió fuertemente, su respiración se hizo más profunda y más pesada. La doctora sintió en su pierna la humedad y el calor que emanaba de la entrepierna de la joven de ojos azules, estaba completamente caliente, esperando ansiosamente a ser poseída por ella, se había entregado sin reservas.

Las caderas de la joven castaña  tomaron vida propia y su sexo empezó a mecerse rítmicamente,o masturbándose con aquella pierna, Emma abandono sus caderas y comenzó a desabrocharle rápidamente la blusa apartó el sujetador como pudo y mordió su pezón a la vez que clavaba su rodilla en ella.

Lucy gimió fuertemente, una descarda eléctrica la recorrió de arriba abajo, ya no podía más, cogió una de las manos de su amante y la llevó decidida hacia su sexo, la quería justo ahí.

Emma sonrió, sin dejar de morder, lamer, succionar ardorosa e incasablemente con la boca los pechos de la joven castaña, su mano presionó su sexo completamente empapado por sus fluidos y comenzó a moverla rítmicamente. De la boca de Lucy surgían constantes suspiros y su respiración cada vez se aceleraba más, no iba a ser capaz de aguantar mucho tiempo.

La joven doctora le aparto las bragas y atrapó con los dedos su clítoris para jugar con él, lo pellizcaba, lo soltaba, lo amasaba, lo presionaba dibujando círculos, cada vez más rápido, ejerciendo cada vez más fuerza, la castaña  comenzó a jadear, de su interior emanaban imparables cada vez más fluidos empapando la mano de Emma, esta no esperó más e introdujo sin previo aviso dos dedos fuertemente en su interior.

Lucy  gritó y se quedó sin respiración al sentirse tan repentinamente invadida, sintió un terremoto en su interior e inmediatamente empezó a cabalgar sobre aquella mano, la joven rubia metía y sacaba sus dedos cada vez más profundo, cada vez más rápido, Lucy suspiraba y se retorcía de placer, pero no conseguía que su amante le diera ese último y pequeño toque que necesitaba.

No se lo pensó dos veces, aquello se trataba de sexo puro y duro, sin sentimientos, así que no tenía porque avergonzarse de pedir más, de exigirle lo que necesitaba, puso su mano sobre la de su amante para decirle sin palabras que era lo que quería de ella.

La experta doctora la entendió inmediatamente y entonces si, la joven castaña cerró los ojos y empezó a galopar y a embestir salvajemente aquella mano, gemía y gemía sin parar, jadeaba, su corazón se aceleraba y su cuerpo comenzó a temblar.

Lucy sentía que el éxtasis absoluto se aproximaba, el calor en su vientre crecía más y más, sentía intensos escalofríos que recorrían todo su cuerpo sudoroso, aquel volcán en su interior estaba a punto de explotar y justo cuando el último enviste provocó que un grito saliera de su boca, cuando su cuerpo estalló, se liberó y la fuerza del orgasmo hizo que todo su cuerpo se convulsionara, se tensará, para caer instantes después rendida en los brazos de Emma; justo en aquel momento el cerebro de Lucy se encendió y su corazón se rompió.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, "Amy", murmuró.

Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora