Capitulo 9

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Las muestras recogidas no arrojaron ninguna luz sobre el caso, los restos biológicos encontrados en la habitación correspondían a la artista y a su prometido, nada parecía indicar que ese era el lugar donde Fernanda había mantenido relaciones sexuales antes de ser asesinada, se encontraban en un callejón sin salida.

Durante los siguientes días, Lucy se empeñó en beber para cenar vino todos los días. Franklin extrañado accedió a sus deseos, achacó esa extraña petición a que por la proximidad de la boda intentaba calmar sus nervios con el alcohol y también así poder dormir mejor. De lo que no se dio cuenta fue de que Lucy sólo bebía sorbitos, así que el terminaba bebiéndose toda la botella y durmiendo plácidamente durante toda la noche debido a su poca costumbre.

En cuanto escuchaba roncar a su prometido, Lucy abandonaba la cama y bajaba al comedor a encontrarse con Amy. Hablaban y bromeaban horas y horas, durante todas aquellas noches la artista no durmió más de cinco horas diarias, pero disfrutaba enormemente de la compañía de la rubia, fueron unas veladas maravillosas.

Para Amy también fueron unas noches mágicas, nunca se había sentido tan cómoda, tan segura, tan confiada junto a nadie. Esperaba ansiosa en la oscuridad su llegada y cuando escuchaba los pasos de Lucy bajar sigilosamente por la escalera su corazón empezaba a latir más y más rápido, durante todo el día esperaba y deseaba que llegara aquel momento.

La unión que nació entre las dos durante aquellos días fue tan grande que incluso Amy se permitió contarle uno de los episodios más tristes de su vida, algo que nunca había hablado con nadie ni siquiera con Jennifer; Habían pasado ya más de diez años pero recordarlo aún le dolía.

Acababa de cumplir los dieciocho años cuando conoció a Martha, en cuanto la vio por primera vez cayó rendida a sus pies, se enamoró perdidamente. Siempre había sido una muy buena estudiante, y el orgullo de sus padres. Martha sin embargo era todo lo contrario una cabra loca, vivía con sus padres, ellos la habían obligado a hacer su carrera en España para intentar que se alejase de las malas influencias.

Estuvieron tonteando durante semanas hasta que por fin Amy se decidió y la besó, los dos meses siguientes fueron los mejores de su vida; aunque sus padres no opinaban lo mismo. Dejo de ir a la universidad, se pasaba el día de fiesta con Martha, bebiendo y drogándose, la mayoría de los días ni aparecía por casa a dormir. Sus progenitores intentaron alejarla de la joven sueca al considerarla una mala influencia, pero lo único que consiguieron fue que Amy hiciera la maleta y se fuese a vivir con ella.

Para la joven rubia todo era idílico hasta que los padres de su novia obligaron a su hija a regresar con ellos, ya que su comportamiento, ni sus calificaciones habían mejorado en absoluto. Amy decidió irse con ella, al ir a despedirse de sus padres en Berlín, estos montaron en cólera, si se iba sería mejor que no se molestase en regresar, la rubia lo aceptó sin dudar.

El primer mes con ella, fue perfecto, todo era nuevo para ella, millones de cosas por descubrir, y por hacer....Su relación con Martha iba viento en popa, cada día se sentía más enamorada. Pero todo cambió cuando su novia se encaprichó de su compañera de cuarto en la facultad, en una visita sorpresa Amy las encontró a las dos en la cama haciendo el amor.

Utilizó el poco dinero que le quedaba para regresar a Berlín, sola, rota de dolor, perdida, humillada y desengañada la única solución viable para ella en aquellos terribles momentos fue alistarse. Envió una carta a sus padres diciéndoles donde estaba y como podían localizarla, ellos insistieron una y otra vez para que volviera a casa, pero ella se negó. Tenía el alma destrozada, se había comportado rastreramente con sus padres, les había causado un gran dolor cuando ellos siempre se habían sacrificado y lo habían dado todo por ella, la culpa le impidió volver. Desde entonces, nunca había vuelto a entregar su corazón, nadie ni tan siquiera se había acercado a él, no había vuelto a decir unas palabras tan hermosas como te amo, porque nunca había vuelto a amar, ese sentimiento murió en aquella época de oscuridad.

Lucy vio como una lágrima corría por las mejillas de la joven agente, inmediatamente se acercó a ella la abrazó dulcemente intentando tranquilizarla. Otra vez aquel aroma embriagador que le hacía perder el sentido la poseyó, sintió como la rubia empezaba a temblar ligeramente y todo dejó de tener sentido. Sin separarse ni un milímetro de su sedosa piel, fue acariciando todo su cuello lentamente con su nariz hasta llegar a su cara, inundó de suaves y dulces besos sus mejillas, secando con ellos sus lágrimas, dirigiendo su boca lentamente hacía sus labios, mientras sus dedos se perdían en su pelo, masajeando su nuca.

La rubia cerró los ojos y suspiró profundamente, sentía que flotaba. Todo su cuerpo se llenó de pequeñas y placenteras corrientes eléctricas que la llenaban de gozo y la transportaban al paraíso, abrió ligeramente la boca al sentir la inminente llegada de aquellos labios que secretamente tanto deseaba degustar. Su respiración se aceleró, sintió una explosión en su entrepierna y giró su cabeza lentamente cuando los labios de Lucy llegaron a la comisura de los suyos, ambos labios se juntaron en una suave caricia, que la lleno de vida y resucitó su alma.


Sintió como Lucy se estremecía y la atrajo hacia si, pasó su lengua por los labios de esta, atrapó su labio inferior, seguidamente el superior, saboreándolos lentamente disfrutando de cada instante como si fuera el último, con temor a que Lucy se alejara y destruyera aquel mágico momento; sin saber que la joven artista estaba en su propio paraíso, borracha de sensaciones que nunca había sentido, perdida en su propio sueño sin querer despertar, rogando porque aquel momento no terminase jamás.

Un ruido las sobresaltó, Amy inmediatamente se puso en pie y llevo su mano a la cartuchera dispuesta a sacar su arma.

"Lu, ¿dónde estás?", escucharon que murmuraba Franklin.

Lucy miró a Amy aterrorizada, le hizo un gesto para que se tranquilizara y salió sigilosamente del salón, en el momento justo en el que el chico entraba por la otra puerta.


"Cariño, ¿qué haces ahí?, ¿sabes la hora que es?", pregunto Franklin al descubrirla sentada en el sofá mientras se acercaba a ella.

"No podía dormir", respondió la artista sin apartar la vista de la puerta por donde Amy acababa de desaparecer, intentando controlar su respiración.

"No te preocupes son los nervios por la boda, losé", se sentó a su lado, sujetó su cara con las manos y la beso.

Lucy se dejó besar, no sentía nada en absoluto su mente se había quedado detenida en el tiempo unos minutos atrás, cuando eran los labios de Amy los que degustaba con satisfacción. Al notar la mano de su chico acariciar su pecho por debajo del pijama, la mente de la joven de ojos azules se encendió y se apartó apresuradamente. Estaba segura de que unos ojos color miel estaban observando todos sus movimientos, amparados en la oscuridad de la noche.

"¿Qué pasa?", preguntó el chico sorprendido.

"Nada, es mejor que vayamos a dormir, si no mañana no seré capaz de hacer nada a derechas", respondió mientras intentaba levantarse.

Su prometido se lo impidió, "Lucy, ¿qué está pasando?, hace semanas que no me permites tocarte, parece que no quieras ni siquiera besarme".


Lucy suspiró, ni ella misma sabía que era lo que estaba pasando, "que tonterías estás diciendo mi amor, como no voy a querer que me beses, me encanta que lo hagas", pasó sus brazos alrededor de su cuello, atrajo su cara hacia si y lo besó, "perdóname dijo, son los nervios de la boda, vámonos a la cama por favor".

El joven la siguió a regañadientes, al llegar a lo alto de la escalera, la artista se giró escudriñando en la oscuridad intentando verla, pero sin conseguirlo, con un suspiro se adentró en el cuarto.




Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora