Al sentir la lengua de Emma pidiendo permiso para entrar en su boca, una imagen volvió a la cabeza de Lucy, su primer beso con Amy. Al primer contacto con sus labios, todo su cuerpo se había estremecido con aquella débil caricia.
Recordó el miedo que la invadió al separar sus labios por la impredecible reacción de la joven rubia; como había intentado separarse, pero Amy se lo había impedido volviendo a buscar sus labios. Se besaron, tímidamente al principio, al pedir acceso a la boca de su amada y ser concedido éste, sus lenguas se juntaron en una armoniosa danza y su cuerpo fue invadido por unas mágicas y maravillosas sensaciones que jamás había sentido .
En aquellos momentos tuvo que hacer frente a la realidad, aquellas sensaciones sólo podía proporcionárselas Amy, jamás podría ser mínimamente feliz con nadie que no fuera ella, era el amor de su vida, ella misma se había condenado a la infelicidad eterna.
Sus ojos se inundaron de lágrimas, rápidamente rompió el beso...”lo siento me tengo que ir”. Se levantó y abandonó precipitadamente el local.
“Eso es exactamente lo que quería que hicieses”, murmuró Emma con una sonrisa.
En aquellos momentos la joven doctora vio como Alexandra salía del baño, sonrió, todo estaba saliendo a las mil maravillas. Se levantó y se acercó a la mujer propietaria de aquellos maravillosos ojos azules.
No se anduvo con rodeos, no era su estilo y Alexandra la conocía perfectamente, “Tenía ganas de que tú y yo nos encontráramos a solas”, la abordó directamente.
La agente Meller se alegró intensamente en su interior de que la abordara. Llevaba esperando días que por fin se decidiera y se acercase a ella, pero no se lo iba a poner nada fácil.
“Te invitó a una copa y me cuentas como te ha ido todos estos años”, atacó de nuevo Emma.
Alexandra sonrió, Emma no había cambiado en absoluto, “no creo que sea buena idea, además he venido acompañada”.
“Olvídate de Amy”, respondió la médica, “sé que estas deseando que te invite a esa copa y hablemos. Te conozco, y tus ojos te delatan, no olvides que fuiste mi primer amor”.
“Emma he venido con Amy, insistió Alexandra.
“Ya me he ocupado de ella”, respondió la doctora con una sonrisa, “ahora está fuera, llorando......”
La agente la interrumpió, “dios Emma, cuanto más daño tienes planeado hacerle”, exclamó y se encaminó apresurada hacia la puerta.
“En los brazos de Lucy....”, suspiró Emma y resignada la siguió.
Lucy se paró en la puerta intentando tranquilizarse y entonces la vio. Sorprendida se acercó hacia ella, “que haces aquí, Amy ¿estás bien?”, preguntó.
La joven rubia no contestó, lloraba y lloraba sin parar.
“¡Amy!”, exclamo Lucy cada vez más preocupada, zarandeándola por los hombros. Levantó su cabeza y la obligó a mirarla, “¿has discutido con Alexandra?”.
La rubia negó tristemente con la cabeza.
“Entonces ¿qué te pasa?, ¿qué va mal? Cariño ¿por qué lloras?, ¿puedo ayudarte en algo?”, insistió la joven de ojos azules.
“Sólo abrázame, por favor”, susurró la joven rubia.
Lucy tiernamente la rodeó con sus brazos y Amy agradecida se acurrucó en ellos. Una sensación de bienestar la embargó, otra vez estaba en casa. Un rayo helado recorrió su cuerpo al clavar su nariz en el cuello de Lucy y aspirar su aroma, se amarró aún más a ella. Cerro los ojos y volvió al jardín del deseo, sus labios se abrieron y se cerraron dulcemente sobre el cuello de su amada; poco a poco fueron moviéndose lentamente hacia arriba. Su lengua dejó su refugio asomando tímidamente y degustando el lóbulo de su oreja, sus dientes lo atraparon suavemente, escuchó el profundo gemido de Lucy y sintió como su cuerpo se estremecía. Lentamente sus labios se deslizaron hacia la boca de su gran amor, sin interrumpir ni un solo segundo el contacto con su piel, necesitaba volver a degustar esos labios, atraparlos y viajar juntas al paraíso del amor. Sintió las manos del ser que más amaba recorriendo su espalda desnuda, hiriéndola de placer en cada centímetro recorrido. Una explosión volcánica se produjo en su entrepierna que comenzó a moverse y reclamar atenciones urgentemente, la deseaba con la fuerza de un ciclón, se moría por sentirla dentro.
La joven de ojos azules tembló al sentir después de tanto tiempo la proximidad del cuerpo de Amy. Su aliento en su cara la estaba matando poco a poco. Sintió los dulces besos que le regalaba en su cuello, con cada uno de ellos, intensos escalofríos inundaban su cuerpo, haciéndola enloquecer de deseo. Un gemido placentero escapó de su prisión perdiéndose en el silencio de la noche, al sentir la pequeña presión ejercida por los dientes en el lóbulo de su oreja, el deseo se iba apoderando de ella, su pelvis chocaba una y otra vez contra la de su amada incapaz de controlarse. Deseaba hacerla suya, necesitaba poseerla, la noche iba a ser su cómplice silenciosa permitiéndole consumar sus deseos. Giró su cabeza y entreabrió los labios al sentir la proximidad de la boca de su gran amor, ávida por encontrarla de nuevo.
“¿Amy?”, la voz de Alexandra retumbó en el silencio de la noche ahuyentando toda la magia. La rubia empujó instintivamente a su ex amante lejos de su cuerpo.
Lucy vio a la agente Meller y volvió a la tierra inmediatamente, “lo siento, a sido culpa mía”, dijo con la respiración entrecortada y completamente avergonzada. Se dirigió a su coche con lágrimas en los ojos.
Alexandra cerró los ojos frustrada, maldiciéndose interiormente por haber salido en busca de su amiga.
Amy respiraba costosamente, le estaba costando volver a la realidad, miró a Alexandra confundida.
“¿Qué haces ahí parada?, ¡ve por ella!”, dijo Alexandra exasperada, “no te entiendo Amy, ¿hasta cuándo vas a seguir haciéndose daño? Es la mujer de tu vida, ambas se aman con locura. Todo lo demás es secundario, si existe el amor verdadero, todo se supera, todo se perdona. Tienes que darte otra oportunidad para ser feliz, y sabes también como yo que eso sólo lo podrás conseguir a su lado. Amy ve y díselo, dile que aún la amas y que sigues locamente enamorada de ella”.
La joven rubia no podía moverse, por mucho que lo intentaba parecía que el cemento del suelo se había fusionado con sus pies.
“Sé que no querrás ni oírme, pero me veo en la obligación de decirte esto”, las dos mujeres miraron sorprendidas a Emma que acababa de salir del local, “todo lo que ocurrió fue culpa mía, lo busque y lo busque hasta casi obligarla. Ella te ama, siempre hablaba de ti. Nunca había conocido a una persona como ella, amable divertida, amorosa, hermosa. Ella solo quería volver a tus brazos lo antes posible”.
En la voz de la doctora se denotaba todo el arrepentimiento y la culpabilidad que sentía, las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Amy.
Emma continuó, “cometí un error, el segundo más grande de toda mi vida, lo comprendí inmediatamente al ver el terror y la desesperación que apareció en sus ojos al ser consciente de lo que había hecho. Mi primer error fue pensar que podía ser feliz lejos de ti, no lo he sido ni un solo instante desde que desapareciste de mi vida”, dijo con lágrimas en los ojos mirando a Alexandra. “Amy por favor, no cometas nuestro mismo error, dale otra oportunidad” además tengo algo que decirles, pero este no es el momento ni el lugar, dicho esto se adentró de nuevo a el local.
Alexandra la siguió inmediatamente, “¿todavía sigues queriendo invitarme a esa copa?”, preguntó con el tono más sensual que pudo, acercándose provocativamente hacia ella. Ya habían perdido demasiado tiempo.
“No deseo otra cosa”, le susurró Emma con una sonrisa, acariciándole tiernamente la mejilla, “pero la siguiente la pagas tú”
“Espero que para la siguiente tengamos cosas bastante más placenteras que hacer. Me muero por recordar viejos tiempos Dra. Stuart”, le susurro Alexandra al oído.
“No he dejado de amarte ni un solo momento, me vuelves loca”, murmuro Emma, la agarró por la cintura obligándola a acercarse más a ella y la besó apasionadamente.
Amy vio como las dos mujeres desaparecían dentro del local, salió corriendo en busca de la joven de ojos azules, vio como se introducía en su coche, ¡Lucy, Lucy!, gritó, la desesperación la embargó al ver como el coche se ponía en marcha.
La joven castaña miró por el retrovisor y vio como Amy se acercaba corriendo, sorprendida apagó el motor y bajó del coche.
“¿Amy ha pasado algo?”, preguntó inquieta cuando la rubia llego sin respiración a su lado.
Amy la miró incapaz de decir nada, había salido corriendo tras ella sin pensar en que iba a decir al llegar a su encuentro.
“¿Amy?”, insistió
“Yo.... yo.... me preguntaba.... si te apetecería comer e ir al cine mañana conmigo”, dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
La decepción cubrió el rostro de Lucy, “Amy me encantaría, me muero por estar contigo pero mañana es......”.
“Bueno pues otro día será, me acabo de acordar de que yo mañana también tengo planes”, la interrumpió inmediatamente la rubia, “pasado mañana te llamo”, le dio un beso en la mejilla y se alejó.
Lucy la vio marchar completamente asombrada, no estaba muy segura de lo que acababa de pasar era bueno o malo.
Amy por su parte se maldecía interiormente una y otra vez, había estado a punto de olvidarlo. Se dirigió apresuradamente al local en busca de Alexandra, había tenido una brillante idea. Al entrar y ver a su amiga comiéndose a besos con su gran amor, sonrió emocionada. Mejor buscaba a otra persona que la ayudase, se lo pediría a Jennifer, feliz salió del local, se dirigió a su casa y se metió emocionada a la cama, al día siguiente tenía muchas cosas que hacer.
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Solo cuando estoy contigo
RomanceLucy una joven pintora enamorada del hombre de su vida, todo cambia cuando matan a alguien dentro de su casa, y para hallar al responsable aparece Amy una joven oficial altamente capacita en el tema de crimenes, de la cual Lucy se enamora, pero p...
