Capitulo 15

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    Amy pasó toda la mañana ordenando y observando el álbum de sus padres, cuanto más iba avanzando la mañana, peor se sentía ella. El vacío en su interior iba creciendo y llenándola de tristeza, no debería haber contestado a la llamada, se moría por estar con ella. Por supuesto que recordaba el pequeño parador a las afueras de la ciudad donde Lucy se escapaba para estar sola; muchas noches había soñado con que pasaban el día las dos juntas allí, y por fin daban rienda suelta a su amor en aquel idílico lugar.



Se sentía una estúpida, Lucy se había escapado de su casa para verla, para invitarla a compartir el día con ella, había estado a punto de confesarle sus sentimientos y ella no era capaz de mover un músculo por conseguir aquello que tanto deseaba.

Cogió su teléfono y llamó a Laura, para preguntarle donde estaba Lucy, esta le informo de que acababan de llegar al taller, sin pensárselo más, cogió su chaqueta, salió de casa y se dirigió hacia allí.



Lucy se encontraba tumbada con los ojos cerrados en el pequeño sofá de su taller, estaba decepcionada, había soñado con pasar el día con Amy. No entendía su comportamiento, notaba por su forma de mirarla, por su reacción ante sus caricias, ante sus besos, que sentía lo mismo que ella, pero su falta de interés la confundía. Tuvo que sopesar la posibilidad de que podía estar equivocada, de que lo que existía entre ellas dos solo era un juego para la detective, y en quien realmente estaba interesada era en Gabriela. No tenía ningún problema en concederle una cita a aquella mujer, sin embargo ella le había propuesto dos veces pasar tiempo juntas y nunca se habían materializado.


Unos golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos, estaba esperando a Franklin, al salir de casa de la rubia le había llamado, tenían que hablar, poner las casas sobre la mesa. Respiró profundamente y se acercó a abrir la puerta decida a enfrentarse a él y romper su relación, su cara se ilumino, "¡Amy!", exclamó sorprendida.


"Espero no molestarte", respondió un poco avergonzada.

Lucy no podía apartar la mirada de sus chispeantes ojos color miel, "tú nunca me molestas".

Una enorme sonrisa iluminó el rostro de la rubia, "yo..... yo.... quería proponerte algo y he preferido venir y hacerlo cara a cara", sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo, cada vez se sentía más avergonzada.

La artista la miró curiosa y expectante, suspiró, le parecía encantadora con su timidez y sus mejillas sonrosadas.

"Yo......, yo.....", se sentía como una colegiala a punto de tener su primera cita, "me gustaría invitarte a cenar esta noche".



Un escalofrío que la hizo vibrar recorrió el cuerpo de la artista, "me encantaría", susurró.

Las dos se miraron perdidas en aquellas centellas azules y avellanas, que en ese momento brillaban con tanta intensidad como las estrellas.


"Está bien......", dijo la rubia mirándola anonadada.

"¿Te parece bien si paso por tu casa solo termino un pendiente?", Lucy temblaba de emoción, por las sensaciones que le estaba provocando la rubia con su forma de mirarla.

"Perfecto......"

"Bien......"

Las dos se miraban sonriendo emocionadas, sin saber casi que decir, las palabras sobraban con la mirada se lo estaban diciendo todo, en sus ojos se reflejaban la pasión, el deseo, la necesidad de sentirse que ambas sentían. Eran conscientes de que aquella cita probablemente cambiaria sus vidas para siempre, nada volvería a ser igual.



"Bueno, entonces me voy", dijo la rubia haciendo un gran esfuerzo para volver en si, la beso en la mejilla, "te esperare impaciente", se dio la vuelta y se marchó, antes de perder el control por completo y lanzarse a saborear los labios de aquella mujer que la hacía perder la razón.

Lucy asintió, "contaré uno a uno los minutos hasta que pueda volver a verte", murmuro mientras veía como se alejaba, iba a cerrar la puerta cuando escuchó la voz de Franklin.

Amy sintió como la presionaban contra la pared, "¿qué estás haciendo aquí maldita lesbiana?, ya estás fuera del caso, no pintas nada", masculló Franklin con rabia, loco de ira, con su boca a escasos centímetros de su cara, " es mía, no vuelvas a acercarte a ella, sé que te gusta y te mueres por tirártela, pero nunca la vas a conseguir".

Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora