Capitulo 30

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Amy entró por la puerta de la comisaria, hacía menos de una hora que se había despedido de Lucy y ya la echaba terriblemente de menos. Observo que Jennifer y Karen ya se encontraban en el despacho esperándola, había avisado antes de subirse a su coche que quería reunirse con ellas, suspiro y se dirigió con paso firme al despacho.
Después de tres horas de encuentros y desencuentros el plan estaba listo; Lucy tenía que ser lo más accesible posible, volvería a su casa, y disfrutaría de sus ratos de ocio como pudiera disfrutarlos cualquier persona, aunque siempre rodeada de grandes medidas de seguridad camufladas. Amy y Jennifer, nunca se separarían de su lado en público, Laura y Lorenzo algo más alejados, y en la sombra, camuflados entre la gente, un mínimo de cinco agentes vigilarían cada uno de sus movimientos.
Las dos detectives salieron del despacho satisfechas y comenzaron a ocuparse de elegir cuidadosamente al equipo y de hacer todos los trámites necesarios para que la artista pudiera trasladarse esa misma noche a su casa y contar con la seguridad adecuada. En la cabeza de la joven rubia, bullían cientos de pensamientos, por más que lo intentaba no podía concentrarse en los informes que tenía delante.
Movió la cabeza de un lado a otro intentando desechar los pensamiento que hacían temblar su alma y lanzo un pequeño suspiro.


"¿Qué es lo que te inquieta?", preguntó Jennifer a su compañera, la conocía demasiado bien y no habían pasado desapercibidos para ella ni el suspiro, ni la preocupación que intentaba ocultar en sus ojos.


"La carrera del Domingo, hay demasiados espacios abiertos, demasiada gente a la que vigilar, cualquiera podrá acercarse a ella entre la multitud, es casi imposible de controlar.


"Amy, estará vigilada, tú, Laura, Lorenzo y yo no nos separaremos de ella ni un segundo, doblaremos a los agentes encargados de velar por ella en la distancia, identificaremos cualquier conducta mínimamente sospechosa, incluso el servicio de seguridad del alcalde, estarán alertados de la amenaza y actuarán sin contemplaciones. Si aparece lo cogeremos".


"Me encanta como lo pintas, parece que no corra ningún riesgo", respondió Amy con una amarga sonrisa, moviendo la cabeza de un lado a otro. "No lo correrá, estaremos alerta, estaremos.....", intentó decir su compañera. La joven rubia la interrumpió irritada, "¡Jennifer, no me trates como si fuera una novata!. En un acto así es imposible garantizar su seguridad al cien por cien. No es el presidente de los Estados Unidos que tiene a doscientos agentes del servicio secreto vigilando cada milímetro de perímetro, seremos a lo sumo veinte de los nuestros observando a cientos de personas. Será cuestión de suerte que lo veamos acercarse antes de que sea demasiado tarde. No podemos actuar contra las cientos de personas que se convertirán en una amenaza, intentando sacar objetos potencialmente sospechosos de sus bolsos o sus bolsillos, solo para conseguir un autografo de alguna celebridad.


Vallejo, cogió las manos de suamiga entre las suyas, "todo saldrá bien Amy, tienes que creer en eso. Tuinstinto es tu fuerza vital, es lo que te guía y nunca has dudado de él. Cuandoestemos allí no puedes dejar que los miedos y la incertidumbre tedesconcentren, no puede haber nada que te impida tener la mente clara, tienesque actuar con contundencia y objetivamente sobre la amenaza real. Tienes quecreer en ti, en nosotros, sé que será peligroso pero ganaremos, lo atraparemos".


"Ojala no te equivoques,no puedo perderla". "No la perderás, te lo prometo". No hizofalta decir nada más, ambas mujeres se miraron durante unos segundos conprofundo cariño y volvieron a concentrarse en sus papeles. La semana pasó sinningún incidente, Lucy y Amy se habían trasladado a casa de la artista. La casaestaba las veinticuatro horas del día fuertemente protegida por grandes medidasde seguridad, tanto en el exterior como en el interior.


La artista por fin podíadisfrutar de una vida medianamente en libertad, después de dos meses encerradaen el apartamento de su chica y aquello le satisfacía enormemente. Por lamañana salía a entrenar para el gran evento, por los bellos alrededores de lagran mansión, siempre flanqueada por los detectives, Foster, Vallejo, Laura yLorenzo. Todos se colocaban como se colocarían el día de la carrera, Laura yLorenzo uno a cada lado de ella tapando los costados, Jennifer un par de metrospor delante atenta a cualquier eventualidad y Amy un par de metros por detrásdesde donde podía controlar perfectamente todos los flancos, adelantarse alagresor y actuar sin más dilación en caso necesario.
Después de la actuación,ansiosa se dirigía a su casa, se cambiaba rápidamente y se perdía junto a sunovia por las calles de la ciudad, le encantaba ir a cenar a los pequeñosrestaurantes, y cuando Jennifer se retiraba, disfrutaba de un romántico paseorecorriendo las tranquilas noches de de la ciudad junto a la mujer que era todoen su vida.
A veces era todo tan idílico,se sentía tan feliz junto a la enérgica, segura y valiente policía que seolvidaba de que en cualquier momento, alguien podía aparecer detrás decualquier esquina y arrebatarle lo que más amaba.
La discreta presencia de losagentes vigilando cada uno de sus pasos le hacia volver rápidamente a larealidad, entonces el miedo recorría todo su cuerpo, se instalaba en su pecho ydentro de ella un trocito de algo que no sabría explicar moría.
Para la joven detective,aquellos días fueron los más difíciles de su vida. El gran amor que profesabapor Lucy, el miedo a perderla, le hacían sentirse insegura, no pensaba conclaridad, concentrarse le resultaba imposible, intentaba mantenerse fría yserena pero la presencia de la artista a su lado le provocaba todo locontrario.
Aunque intentaba disimularlo,salir a la calle juntas para ella era una tortura, ante cualquier presenciaextraña el corazón se le aceleraba y sus temblorosas manos buscabaninmediatamente su pistola, su cuerpo no se relajaba, se mantenía en tensiónconstantemente. Una tensión que sólo desaparecía en la oscuridad deldormitorio, cuando ambas se entregaban la una a la otra, entre gemidos, jadeosy firmes promesas de amor eterno.


Amy sabía que tenía queinformar de aquello a su capitán, que era peligroso para todos, ya no era lapolicía, firme, fuerte, segura y decidida que todos pensaban, aunque enocasiones volvía a sentir ese valor, esa fortaleza, ella sabia que era solo unespejismo, en aquel momento era un vulgar dibujo de si misma. Pero tambiénsabía que Coleman no dudaría en apartarla del caso, y al menos hasta después dela carrera aquello no podía ocurrir.
Era el acto más peligroso alque su amada acudiría, al menos en los próximos meses, y ella sentía que debíaestar allí, algo en su interior le decía que su presencia era absolutamentenecesaria aquel día junto a Lucy. Después haría lo que tuviera que hacer, loprincipal era la seguridad de Lucy, y ella en aquellas condiciones no podíagarantizársela. No dudaría ni un segundo en proteger a Lucy con su vida, enrecibir una bala como mostraban en las películas por ella, ese no era elproblema, lo que la atormentaba era, ¿sabría ver a tiempo por donde vendría labala?


El domingo amaneció soleado,la joven de ojos azules se despertó con un leve cosquilleo en su narizprovocado por los rayos del sol, perezosa estiró los brazos buscando eladorable cuerpo de su amante, abrió los ojos sorprendida al no encontrarlo.


"¡Hey!, ¿qué haces ahí?,¿qué pasa mi amor?", pregunto dulcemente al descubrirla desnuda junto a laventana, con la mirada perdida y la frente arrugada.


"No podía dormir y noquería despertarte", respondió la rubia volviendo a la cama y besándolatiernamente.


"¿Estáspreocupada?".

"No puedo evitarlo, Lu esmi trabajo".


"Cariño, no pasará nada,tú estarás a mi lado".


"¿Y si eso no sirve, Lu?,¿y si no soy capaz de protegerte?"


La artista se sorprendió, porel tono amargo y derrotista que acompañaba a las palabras de Amy,inmediatamente la abrazó con fuerza, "mi amor, todo saldrá bien. Te amo,tú me amas, nada ni nadie podrá separarnos nunca. Mañana seguiré aquí,diciéndote que te amo, que eres el amor de mi vida, irán pasando las semanas,los meses, los años y yo seguiré aquí diciéndote cuanto te amo y que no puedovivir sin ti".


"Ojala tengasrazón", murmuró la detective emocionada.


"Por supuesto que tengorazón, yo siempre tengo razón", dijo la artista con una gran sonrisadibujada en su cara, "cariño, nos queda toda la vida por vivir y no nosrendiremos hasta conseguir que nos dejen amarnos tranquilas".


"¿Y cuando lo consigamos,nos casaremos, compartiremos hipoteca y tendremos hijos?", bromeo Amy.


Lucy la miró asombrada,"¿eso es una proposición seria detective?".


"Aún no, primero tenemosque salir sanas y salvas de esa maldita carrera", respondió la rubiasaltando de la cama, "es hora de ponerse en marcha, voy a darme una duchay a discutir los últimos detalles con el equipo, ya estarán todos abajo".



La joven detective abrió elgrifo, cerró los ojos y dejo que el agua tibia recorriese toda su anatomía,proporcionándole un gran placer al aliviar la tensión que sufrían todos losmúsculos de su cuerpo. Suspiró con gran pesar, cogió el jabón y comenzó aenjabonarse, la suerte estaba echada.



Faltaban cuatro horas para elinicio de la carrera. 

Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora