Capitulo 19

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Antes de salir de casa de la agente se besaron una y mil veces, con desesperación, como si no fueran a verse en meses. Ninguna de las dos quería separarse, para ambas los momentos vividos juntas habían sido los más maravillosos de sus vidas, y la necesidad de estar juntas, de sentirse a cada segundo, había crecido hasta límites casi indescriptibles.

No volverían a verse al día siguiente después de anunciar la cancelación de la boda de la artista. Estar todo aquel día separadas les parecía una eternidad, un castigo demasiado grande, pero no les quedó más remedio que aceptarlo, Lucy debía cumplir con sus compromisos. Se besaron una última vez con pasión y finalmente abandonaron el que había sido su nido de amor. Estaba tan absortas la una en la otra, que ninguna se fijó en que la furgoneta de reparto que seguía aparcada en el mismo lugar, ni en su conductor que observaba atentamente cada uno de sus movimientos.


Amy avisó a Laura de que se dirigían a casa de la artista para que ella y Lorenzo volviesen a hacerse cargo de su protección, y la acompañó hasta la casa para que se cambiase rápidamente de ropa.


Nada más separarse, la joven rubia condujo directamente hacia la oficina de Franklin, para seguir con la vigilancia. Aquel iba a ser el último día que podría dedicarse cien por cien a ello y en aquellos momentos estaba más decidía que nunca a atraparlo y ponerlo entre rejas.
Sabía que ahora era más peligroso, Lucy lo había humillado, abandonado y desearía vengarse. La artista le había contado la noche anterior sus amenazas y Amy sabía que haría todo lo posible para materializarlas, pero ella iba a estar ahí para impedirlo costase lo que costase.
Durante toda la mañana el joven no salió de su oficina, a la hora del almuerzo se dirigió al mismo bar de siempre, acompañado de su secretaria. No parecía muy afectado por su ruptura con la artista, no perdía ocasión para tocar y acercarse más a la explosiva mujer que lo acompañaba y a ella eso parecía no molestarle, al contrario que a Amy que aquel comportamiento le repugnaba. Terminaron de comer y volvieron a la oficina.
Las horas iban pasando, y la detective estaba empezando a perder toda esperanza de conseguir algo que mereciese la pena, cuando vio como su coche salía del garaje. Encendió el motor y lo siguió.
Condujeron durante más de media hora hasta llegar a un pequeño hotelucho a las afueras de de la ciudad, Amy sorprendida aparcó el coche a una cierta distancia y observó sin perder detalle, intentando mentalmente dar con el motivo que le había llevado, al exquisito snob a un lugar como aquel.
La respuesta a sus preguntas se materializó frente a ella dejándola boquiabierta, nada más bajar del vehículo una mujer apareció en el otro lado del aparcamiento y se acercó hacia él, -era Gabriela-, en un acto reflejo la agente tomó su cámara de fotos e inmortalizó gráficamente el momento.
Gabriela llegó a la altura del hombre y se saludaron afectuosamente, le dijo algo y el la miró incrédulo y sorprendido, la mujer le entregó lo que parecía ser un pequeño reproductor con una gran sonrisa victoriosa en el rostro. El joven observó anonadado el contenido, mientras una gran sonrisa de satisfacción iba dibujándose poco a poco en su cara, volvieron a comentar algo y ambos desaparecieron en el interior del pequeño hotel.
Amy no entendía nada, no se podía creer lo que acababa de presenciar, por más vueltas que le daba no encontraba una respuesta a sus preguntas, ¿qué relación tenían Franklin y Gabriela?, ¿qué le había entregado la mujer que al hombre le había causado tanto placer?, ¿por qué se habían visto en secreto en aquel hotel de mala muerte?
Dos horas después ambos salieron, se despidieron, cada uno se dirigió a su vehículo y abandonaron el hotel. La joven agente siguió al hombre, las sorpresas no habían acabado para ella, al comprobar que Franklin se dirigió directamente a casa de Lucy. Instantes después aparecieron la actriz y Lorenzo.


Completamente sorprendida porel cauce que estaban tomando los acontecimientos, la detective apagó el motor yesperó oculta en el camino donde tantas horas había pasado esperando que aquelhombre abandonara la casa.
Otras tantas preguntas seunieron a las ya existentes, ¿qué hacía Franklin allí?, Lucy le había dicho queno quería verle más, incluso aquella misma mañana había ordenado que mandaransus cosas a su oficina, ¿le había mentido Lucy?, ¿qué tenía que ver la artistacon lo que Gabriela le había entregado al hombre?, demasiadas preguntas yninguna respuesta.
Un cuarto de hora más tarde elhombre abandonó la casa, al pasar frente a ella Amy pudo ver la gran sonrisaque llevaba en el rostro, lo siguió hasta el hotel Hilton, uno de los máslujosos de de la ciudad, bajó del auto, dio las llaves al botones y seintrodujo en el hotel, la rubia dio por finalizada la sorprendente vigilancia.


Lucy había pasado un día deensueño, creía que no se podía ser más feliz, ni estar más enamorada de lo queella lo estaba en aquellos momentos, Amy no había salido de sus pensamientos entodo el día, lo que provocó que una enorme sonrisa se hiciera perenne en sucara, y sus ojos brillasen tan intensamente como dos luceros al alba.
Aquella sonrisa solodesapareció de su rostro, al acercarse a casa y ver el coche de Franklinaparcado en la puerta.
"Lorenzo por favor, estateatento, sí se altera más de lo debido no dudes en intervenir", dijopreocupada a su acompañante.
El agente asintió, ambosbajaron del coche, la artista tomo aire profundamente y se adentraron en lacasa. Su ex prometido salió a recibirla.


"Franklin, ¿qué hacesaquí?, pregunto con voz cansada.


"Tengo algo que enseñarte",respondió el muy tranquilo.


"Franklin, no quiero queme enseñes nada, sólo quiero que salgas de mi vida. Lo nuestro se terminó".


"Eso lo discutiremoscuando veas lo que tengo que enseñarte, puede que cambies de opinión".


"Sea lo que sea lo quetienes que enseñarme no va a cambiar nada. Además, no creo que tengas nada quepueda interesarme lo más mínimo, por favor márchate".


"Lu mira esto y luego meiré", dijo tendiéndole el reproductor.


Lucy asintió con la cabeza, aceptandosu petición, tenía aún demasiadas cosas que hacer como para seguir pendiendo eltiempo con él.


"A solas, dile a tugorila que se vaya, no creo que te guste que vea lo que contiene".


La artista hizo un gesto aLorenzo y éste abandonó la habitación, nada convencido de dejarlos a solas.


Un escalofrío recorrió a Lucyal extender la mano para coger el aparato, al ver la sonrisa triunfante que sedibujaba en la cara del chico, hasta aquel momento no había reparado en laexpectación y satisfacción que se reflejaba en sus ojos, aquello no era nadabueno.


"Te va a encantar", dijoél, "me lo ha vendido tú amiguita por doce mil Euros, se nota que es unasimple policía yo hubiese sacado millones por él". Se colocó al lado de lajoven y su sonrisa se hizo más amplia al observar como le temblaban las manos,"atenta", estiró la mano y le dio al play.


Lucy observo un salón, parecíacomo si una cámara enfocara directamente al sofá, pero el plano era lo suficientementeamplio como para mostrar parte de la habitación. Lo reconoció enseguida, era lasala de estar de Amy, "Franklin, ¿qué significa esto?, no.....".


"Atenta, lo másinteresante viene ahora", la interrumpió él, obligándola a centrarse otravez en el aparato.


Lucy se quedó sin respiraciónal ver lo que sucedía a continuación, ellas dos aparecían en el plano, ellaestaba completamente desnuda, Amy la tumbaba en el sofá, se desnudaba eintroducía su cabeza entre sus piernas. La joven artista estaba horrorizada, nopudo seguir viendo más.


"Franklin, de donde hassacado esto", preguntó con un hilo de voz.


"Ya te lo he dicho Lu, melo ha vendido Amy", respondió el disfrutando cada vez más de la situación.


"Eso no es verdad, ellajamás haría eso", dijo ella al borde del llanto.


"Lu es su casa, su salón,¿quién más podría hacerlo?, te ha engañado, se ha aprovechado de ti, te haconquistado para sacar tajada, acéptalo", sabía que le estaba haciendodaño y gozaba con ello.


El corazón y el alma de Lucyse rompieron en mil pedazos en aquellos momentos, nunca había sentido un dolortan profundo, creyó morir. Tuvo que apoyarse en la escalera, para nodesplomarse en el suelo.


"Lucy te amo y estoydispuesto a seguir adelante con nuestra boda", escuchó que le decía Franklin,"te propongo que nos casemos y nos olvidemos de todo el asunto, o me veréobligado a poner el video en manos de la prensa.


Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora