Capitulo 52

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Lucy se acurrucó en el sofá junto a la chimenea, eran las seis de la tarde, acababa de llegar de la casa de su madre. Habían ido a comer  por  el día de su cumpleaños, pero su madre tenía una importante reunión y no pudo pasar más tiempo con ella.

Era la primera vez que pasaba su cumpleaños sola, a excepción del año anterior que lo había pasado con Amy, pero en aquel momento no le importó, estaba rota de dolor, sólo quería estar sola llorando y lamentándose una y otra vez por su terrible estupidez... Amy  y ella habían roto hacía mas de un año y desde la noche en que se fue, todo dejó de importar, todo dejó de tener sentido. No pudo evitar que una lágrima corriera por su rostro al recordar aquel día.

Luego de unos minutos sonrió al pensar en cuanto había cambiado todo desde que conoció a Amy. En aquellos momentos hubiese dado todo lo que tenía por poder tenerla acurrucada entre sus brazos ese sería su mayor regalo.

Miró a Tina y Tino, hacía un rato que estaban inquietos iban y venían gimiendo de la puerta, no estaban en alerta, pero se les veía muy nerviosos.

Justo cuando iba a levantarse para comprobar que todo estaba en orden, el timbre de la puerta principal sonó. Extrañada se dirigió hacia ella, no recordaba haber dejado la puerta del jardín abierta y sólo Francis  tenía llaves, pero ella  estaba en el hospital así que no podía ser. Miró por la mirilla y asombrada vio a Marcela sonriente al otro lado de la puerta con algo cubierto de papel de plata en sus manos.

“¿Marcela?”, preguntó sorprendida al abrir la puerta.

“Me han dicho que aquí se celebra el cumpleaños más salvaje de la ciudad y he traído una torta”, dijo la chica  con una sonrisa, tendiéndole su presente.

“¡Oh por Dios cuanto tiempo sin verte!” dijo Lucy lanzándose a los brazos de la joven quien en un tiempo atrás era su asistente personal. “Vaya estas…. Wow, no lo puedo creer, pero me temo que te has equivocado  Marce,  aquí......”

No pudo continuar, de pronto su jardín se iluminó con luces de colores, apareció un mensaje que decía “FELICIDADES”  y todos sus amigos se presentaron ante ella sonrientes, “¡Sorpresaaaaaaaaaa!”, exclamaron

Todos fueron pasando al interior, cada uno había traído algo para cenar o como postre, Lucy  era feliz, aunque no pudo evitar que su corazón se encogiera, allí estaban todos, viejos amigos que no veía hace un tiempo, Jennifer, Karen, Cindy.... pero faltaba ella, Amy  su gran amor. Se giró e intentó cerrar la puerta.

“Ehhhhhhhhhhhhhhhhhh”, escuchó que protestaba una voz desde el otro lado. Alarmada se giró y volvió a abrir la puerta.

No se lo podía creer, “¿Fran que haces aquí?, ¿no deberías estar en el hospital?”, se retiró un poco para que pasara.

“Si, pero hoy han hecho una excepción conmigo, ¿de verdad pensabas que íbamos a dejar que pasases esta noche tu sola?”, dijo la chica con una sonrisa, “además he traído a quien vele por mí”.

Detrás de Francis  estaban Emma y Alexandra agarradas de la mano.

“¡Emma!, ¡Alexandra!, exclamó la joven de ojos azules asombrada.

“¿Podemos pasar? “ preguntó Emma.

“Por supuesto”, contesto Lucy

“No están juntas, y nunca han estado juntas”. “Amy ha sido quien ha organizado todo esto para ti, estará a punto de llegar”, le susurro Emma  al oído antes de adentrarse en la casa.

En aquel momento atravesó la puerta del jardín como una exhibición dos  pequeños pastores alemán de no más de tres meses de edad, seguidos de Amy.  Tino y Tina corrieron a su encuentro.

Lucy observo embelesada como se acercaba hasta que por fin estuvo junto a ella.

“Siento llegar tarde”, dijo Amy  con las mejillas sonrojadas, “me han dado más trabajo del que pensaba. Pensé que si quieres criar, tendrás que tener más de dos, así que me pareció un buen regalo. “Ellos son  Dennis y Sharon”, dijo señalando a los  pequeños cachorros.

Lucy luchaba por contener las lágrimas, “tu sola presencia es el mejor regalo y me hace la mujer más feliz del mundo, gracias por todo”.

Amy le sonrió y Lucy  subió al paraíso, simplemente por aquella sonrisa merecía la pena todo, “Amy  yo.....”.

La rubia no la dejó continuar, puso sus dedos en sus labios, “Shsssssssss, tenemos muchas cosas de que hablar, pero lo haremos en otro momento, ahora será mejor que atiendas a tus invitados”.

Lucy  tomó tímidamente su mano con terror al rechazo, suspiró aliviada al sentir la presión que ejerció  Amy en la suya.  Juntas cogidas de la mano entraron en la casa.

Lucy puso música, entre todos organizaron la mesa y la joven de ojos azules pasó la fiesta de cumpleaños más maravillosa de su vida.

Durante la velada casi no se dirigieron la palabra, no tuvieron oportunidad, cuando se decidían a acercarse siempre aparecía alguien que lo impedía. Las dos se buscaban constantemente, se quedaban minutos enteros mirándose embelesadas la una a la otra, con infinito amor disfrutando de su pequeña parcela en el paraíso hasta que alguien las interrumpía.

Lucy se sorprendió al comprobar el cambio sufrido en la mirada de su ex novia. Ya no se escondía y le mostraba abiertamente su amor, sus brillantes y chispeantes ojos avellana la devoraban, con un deseo que parecía corroerla por dentro. Al cruzarse buscaba el contacto y cuando eso sucedía  Lucy  sentía una intensa descarga eléctrica atravesando su cuerpo.

No podía creer que aquello estuviese pasando realmente, tenía miedo a despertar, pavor a que todos se fueran y descubrir que todo había sido una mala pasada de su imaginación, que Amy  realmente no estaba allí.

Emma observo el gran esfuerzo que les costaba mantenerse separadas, decidió que ya era hora de que  Lucy  tuviese su propia fiesta de cumpleaños con Amy y tomó cartas en el asunto. Se acercó a la joven de ojos azules que estaba hablando con  Francis, “será mejor que nos vayamos ya, Francis  tiene cara de cansada”, dijo.

“¿Yo?”, preguntó  la  joven asombrada.

“Si Fran, tú”, respondió muy despacio, resaltando cada una de sus palabras y mirándolo fijamente.

La chica  pareció entenderlo, “¡Oh si estoy muy cansada!, lo siento cariño”, se despidió de la anfitriona dándole dos besos.

De repente todos parecían tener prisa por marcharse, Alexandra estaba hablando relajadamente con  Amy, pero a una señal de Emma, se despidió rápidamente de la rubia dejándola con la palabra en la boca completamente perpleja.

En menos de dos minutos todos los invitados abandonaron la fiesta, todo ocurrió tan de repente que se quedaron la una frente a la otra, mirándose, sin saber ninguna que hacer ni que decir.

“¿Quieres que te ayude a recoger todo esto o me voy ya?”, preguntó por fin la rubia.

La joven de ojos azules no contestó, mantenía una lucha interna para decidir cual debía ser su siguiente paso. Las señales habían sido claras,  Amy le había mostrado con un neón luminoso que había bajado la guardia, que era el momento. Pero  Lucy tenía miedo, le había partido tantas veces el corazón con sus rechazos...

“¿Lucy?, ¿quieres que te ayude o no?”, preguntó otra vez la rubia, sorprendida por la inactividad de su acompañante.

La joven de ojos azules tragó saliva, “tengo una idea mejor”, susurro.

Se encaminó hacia el equipo de música, rebuscó entre sus CD, por fin encontró lo que buscaba, lo introdujo y seleccionó la quinta canción. Era la canción que le había acompañado durante todos aquellos meses, la última canción que habían bailado antes del desastre.

Las primeras notas empezaron a sonar, una corriente eléctrica azotó el cuerpo de Amy, la reconoció enseguida. Todo el bello de su cuerpo se erizó. Había llorado tantas noches recordando aquella canción, evocando aquel momento mágico.

Lucy  se acercó a ella y extendió su mano, “baila conmigo”, susurró.

Amy dio otro paso hacia ella y rodeo su nuca con sus manos,  Lucy la tomó delicadamente por la cintura, se miraron emocionadas y comenzaron a mecerse al ritmo de la música sin dejar de mirarse tiernamente a los ojos.

Amy se  acercó aún más a  Lucy y apoyo su cabeza en su hombro, la castaña no desperdició la oportunidad e hizo presión sobre sus caderas acercándola más a ella, inmediatamente sintió los dulces besos en su cuello y como Amy comenzaba a temblar, a la vez que se dirigía lentamente hacia su boca. Se quedó sin respiración durante unos instantes, deseaba profundamente sentir esos dulces labios rosados en los suyos.

La boca de Amy finalmente llegó a su destino, y por fin sus labios llenos de anhelo se unieron en un beso dulce y mágico, nada parecía importar a su alrededor. Lucy gimió profundamente al sentir como la lengua de Amy  se introducía insegura en su boca y se juntaba con la suya, ambas lenguas lentamente se exploraron curiosas hasta que finalmente se reconocieron y se acariciaron ansiosas. El dulce beso pasó a ser un beso apasionado peligrosamente seductor e irresistible; el deseo de amarse creció cuando las suaves manos de Lucy  acariciaron la espalda desnuda de Amy.

Se besaron una y otra vez incansablemente, nunca tendrían bastante, jamás podrían saciarse la una de la otra. Sus manos exploraban dulce y tiernamente aquellos cuerpos que tanto habían anhelado.

Amy sintió que su mente se nublaba, tuvo que retirarse para coger oxígeno. Ella la deseaba casi dolorosamente, ansiaba tocarla, amarla, recorrer todo su cuerpo con sus labios y sentirse amada por ella. Pero no quería entregarse, aún no, ni tan siquiera habían hablado, quedaban muchas cosas por decir, decidió retirarse en aquellos momentos en los que aún le quedaban fuerzas para poder hacerlo, “creo que debería irme”, susurró.

Lucy la miró aterrorizada, “No te vayas por favor Amy, quédate conmigo”, suplicó en un susurro, “no vuelvas a dejarme sola, no me abandones por favor, no puedo más yo...”, la angustia no le dejó continuar.

Amy la atrajo aún más hacia ella mientras atrapaba otra vez sus labios, al notar como las lágrimas de  Lucy humedecían sus mejillas, todas sus resistencias cayeron, “Tranquilízate mi amor, no voy a volver a separarme de ti nunca, he tardado demasiado en volver, te amo con toda mi alma, jamás he dejado de amarte”.

“Te hubiese esperado toda mi vida mi amor, eres tú, nunca podrá haber otra, tu eres toda mi vida sin ti no vivo, simplemente el tiempo pasa..... No me alejes de mi tú lo eres todo”, murmuró la joven de ojos azules entre sollozos.

“Jamás”, susurró la rubia.

Lucy, posó sus labios de nuevo en los de la única mujer capaz de amar en el mundo, los rozó débilmente, saboreándolos una y otra vez, introdujo su lengua en su boca acariciando a su antigua compañera de juegos dulcemente, con miedo a que el embrujo desapareciese, con miedo de que todo fuese un sueño y despertar en cualquier momento, otra vez sola, vacía, muerta.

Creyó morir al notar como Amy se agachaba y levantaba poco a poco su camiseta a la vez que tiernamente besaba calma cada lugar de su cuerpo que quedaba al descubierto, su cuerpo empezó a temblar violentamente.

La rubia inmediatamente dejó lo que estaba haciendo, se incorporó y la abrazó con fuerza, “cálmate cariño, por favor relájate, quiero amarte. Deseo hacer el amor contigo toda la noche, dormirme en tus brazos, despertar a tu lado, llenarte de besos de caricias todos y cada uno de los días mientras viva, empezar junto a ti una nueva vida”.

Las lágrimas corrían por el rostro de Lucy  sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo, pero más un año después aquella lágrimas por primera vez eran de alegría, de completa felicidad. Estaba totalmente envuelta en una atmósfera de amor después de oír lo que tanto tiempo deseó escuchar.

Tomo la mano de su amada y sin decir una palabra la llevó hasta su cuarto. Amy no opuso ninguna resistencia.

Solo cuando estoy contigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora