Drew
Mierda, mierda, mierda...
Al diablo, voy a hacerlo.
Saque mi telefono y marqué al numero que ya me podía de memoria.
- Dominik.
- ¡Drew! ¿Cómo vas?
- ¿Todo va bien en la casa?
- Sipi. - Infantil de mierda. - Me he divertido con Keyla. Ya le mostré la casa, cocinamos juntos, ahora vamos hacia el centro comercial a comprarnos ropa.
- ¿¡Qué mierdas hiciste!? - Empezó a reírse con fuerza haciendo me ver la puta realidad, imbécil de mierda.
- No estoy para tus bromas de mierda Dominik. - Gruñi emputado.
- Vale, vale, perdona. Estoy con ella en este momento, parece que acaba de reírse por la broma, esta comiendo ahorita. Y ya mande a Lucas por ropa para la princesita.
- ¿Esta atada?
- Sólo de los pies.
- ¿Estan los perros cuidando la casa?
- ¿¡Por qué tanta paranoia Drew!? No me digas que te preocupa la princesita... - Maldición, sabia que era mala idea.
- Solo vigilala joder. - Colgué el telefono de mala gana y lo tire a algún lado del auto.
Que clase de mierda es esta... No podía dejar de pensar en esa rubia con hermosos ojos verdes-azules, su figura tan excitante, esos labios que me encanto morder...
- Tengo que sacar esta mierda de mi cabeza. - Susurré cansado.
Me emputa sentir esto tan extraño, tan fuera de mi, no, logro entender esta punzada en el pecho que me grita que estoy en el lugar equivocado, haciendo lo equivocado ¡Por favor! En toda mi vida de mierda he hecho lo mismo, sin pensarlo dos veces, no empezare a dudarlo ahora.
Que maricada.
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- Una vez mas. - Dije para mi mismo sacando mi arma, marque el número de nuevo y espíe por los auriculares.
- ¡Mal nacido! ¿¡Dónde tienes a mi hija!?
- ¡Cameron! Siempre es un placer saludarte. Keyla me habla muy bien de ti. - Me tenían en alta voz, un agente policial estaba rastreando la llamada pero no tengo nada de que preocuparme, Lucas se encargo de eso.
- Mal nacido, ¿Dónde tienes a mi hija?
- La pobre los extraña mucho... Siento su dolor cuando me la follo cada día.
- ¡Hijo de pu...!
- Hey, hey, mas cuidadito. Esperen otra llamada, y espero no ver a la policía porque no malgastare otra bala. - Colgué la llamada y antes de desaparecer de la calle le dispare a uno de los policías justo en la cabeza.
Conduje por la calles solitarias hacia mi próxima cita. Estacione el auto a las fueras del edificio ya conocido para mi y entre de un portazo.
- ¡Perros! - Grite haciendo que retumbara por toda la casa. - Alisten a las nenas ¡Nos vamos!
- ¿Pero que putas...? - Empezó diciendo Shane un poco alterado.
- ¡Rápido! El tiempo es oro en estos momentos.
Salieron los otros idiotas y tras explicarles todo nos pusimos manos a la obra. En menos de veinte minutos ya estábamos subiendo a las chicas a la misma camioneta de donde las trajimos. Las subimos a todas y me subí en el asiento del conductor para empezar a manejar hacia el fuerte de Franco.
Tardamos mas de una hora en llegar, me sentía muy furioso con solo en pensar en el encuentro que tuvimos pero si quería terminar con toda esta mierda, tenia que controlarme.
Entramos al enorme jardín delantero, recibiéndonos mas de cinco de sus hombres, baje mostrando mi identificación y diciendo la razón de mi visita. Uno de los tipos que supuse que era el "Cuando yo no estoy, tu estas a cargo" se puso ha hablar por teléfono como avisando nuestra llegada, luego de cruzar algunas palabras se me acerco con esa cara de "Soy bien pinche malo, tememe."
- No se muevan de aquí hasta que venga mi jefe. - No negare que me molestaron esas palabras ya que ¡A MI NADIE ME DA ORDENES! Carajo, este sera el primero en caer...
- Drew. - Susurro Stephen en mi oído, lo hubiera mandado al carajo si no fuera porque me mostró algo importante. El gran portón por donde habíamos entrado estaba siendo abierto, de nuevo, dejando paso a tres vehículos, de uno de ellos salio bien dramáticamente el marica de Franco; apreté mis puños involuntariamente con serias ganas de golpearlo duramente en la cara.
Oh, si eso suena maravilloso.
- Drew ¡Que sorpresa! - Saque mi arma y le dispare al sujeto que señale como su mano derecha.
Dije que seria el primero en morir.
Vi la mirada de Franco oscurecerse, cualquiera pudo haber notado la furia que la muerte de ese sujeto desataba ¡No negare la satisfacción que me hizo sentir al verlo así!
- Mira hijo de puta. - Empece diciendo. - Aquí traje tu mercancía, la tomas, te olvidas de mi y ya no te metes conmigo ¿Entendido? Ya estoy harto de esta mierda.
- Entrégame la mercancía. - Mande a uno de mis perros a abrir la camioneta donde se encontraban las chicas acurrucadas, atas de pies y manos, y vendadas de la boca y ojos.
- Rápido perros. - Se apresuraron a sacar a las chicas hasta dejarlas en una fila frente a Franco. Sonreí para mis adentros al verlas a todas vestidas con minifaldas y tops, enserio se ven como unas putas y eso me da tanta gracia.
Mas vale que se vayan acostumbrando ya que así sera su nueva vida.
- No trajiste a la rubia. - Murmuro lo suficientemente alto para que yo lo escuchara, sabiendo que me molestaría.
- No tengo porque hablarte de eso, esta es una reunión de negocios nada mas ¿Ok? Ahora disfruta a tus perras. - Me gire hacia la camioneta subiéndome después de asegurarme de que mis perros estuvieran adentro.
Salí de la estúpida mansión sin perder en ningún momento la vista del retrovisor, donde podía ver perfectamente a Franco. Estaba a punto de perderle de vista cuando pude ver una sonrisa en su cara y como decía una frase que termino de emputarme.
"Voy a encontrarla, Drew"
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Síndrome de Estocolmo
Fanfiction"Me enamoré de mi secuestrador, de la misma persona que debería matar con mis propias manos." Obra registrada en Safe Creative. Licencia: Creative Commons Attribution 4.0 Código de registro: 1605087455911 Fecha de registro: 08-may-2016 2:23 UTC Se p...
