Capitulo 35

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¡Hola locas! Ya saben que ayer se tenía que subir capítulo, pero es culpa de Jenny, hay que matarla y hacerla en tacos :v jajajaja no mentira. No le digan a jenny, :v si aja, bueno me toca publicar mi genial sabias que... asi que va, se los dejo morras y espero sus fucking comentarios bebes, las amo de verdad ya saben :*

Keyla:
Después de ese beso, baje la mirada apenada.

No me siento nada bien aunque esto en el fondo se siente bien ¿Me explico? Aquí dentro no puedo estar como si nada.

-¿Que te ocurre princesa?- pregunto haciendo que levante mi rostro.

-Nada Jus- Drew...

-Tu, tu si puedes llamarme Justin - Dice con una mirada extraña- Solo dime que sientes al pronunciarlo.

Su petición me desconcierta.

-¿Siento cosquillas en mi interior?

Me mira como si fuera un estúpida.

-¿Siento la muerte?- trato de nuevo.

-Eso esta mejor. Cada que pronuncies mi nombre siéntete única y especial porque lo eres, si cualquier otro pendejo lo hiciera lo mato- dice acariciando mi cabello - Me gusta tanto la manera en la que se mueven tus labios cuando lo dices ¿Que tienes?

-Mis padres murieron eso tengo - Le digo alejándome y saliendo de la habitación.

Escucho sus pasos tras de mi y no puedo evitar sentir ese miedo que siempre he tenido. Mis lagrimas bañan mi rostro y caen sobre mi ropa, mientras corro hasta el sótano, donde antes me tenían, bajo las escaleras a toda prisa y me tiro sobre la cama.

-Hey - dice sentándose a mi lado- Se que es difícil Key...

-¿Podrías dejarme sola?- Lo digo sin pensar en su reacción, si se ofende o no, no me importa,me siento muy mal.

- Me siento tan...

-¡No necesito escucharte Justin!- grito - ¡Por favor, por favor quiero estar sola!

Escucho que patea la pequeña mesa haciendo que la madera cruja, aprieto mis ojos y lo escucho salir.

No se si es su culpa o no, no tengo idea de que hubiera pasado si jamas lo hubiera conocido, o que estaría haciendo justo ahora, solo recuerdo el rostro de mi madre mientras tomaba el te, recuerdo la sonrisa de mi papá cuando me miraba y siento la opresión mas fuerte en mi pecho, siento que el oxigeno me falta, es como si no pudiera vivir con esto, los pocos recuerdos que tenia con mis padres fueron buenos, pocos pero buenos, a pesar de que ellos casi nunca estaban conmigo son mis padres y eran lo único que tenia, me siento muy mal, terriblemente y no se como podre comenzar a asimilarlo.

Pasan horas mientras yo humedezco la almohada y trato de borrar los recuerdos, hasta que escucho mi silencio interrumpirse.

-¿Estas mejor?- pregunta con su voz ronca y contenida.

Me giro para mirarlo.

-Si - digo con la cabeza baja - Perdóname, por tratarte así... Es que...

- No digas nada - me interrumpe - Yo puedo entender la ira contenida que tienes ¿Es contra mi?

-No, es contra quien haya matado a mis padres y tu no eres esa persona.

-No, no lo soy - se repite asimismo- Te quiero mostrar algo.

Extiende su enorme mano y la sujeto sin dudar, comenzamos a subir las escaleras, pasamos por la sala donde están tres sujetos parados como estatuas y ni si quiera nos dirigen la mirada, subimos las escaleras hasta un segundo piso y en la primera recamara nos detenemos.

-¿Lista para descubrirme?

No entiendo su pregunta hasta que abre la puerta. Es su habitación.

Es enorme, es intimidate e imponente, con poca luz apenas la necesaria para vernos el rostro, es una iluminación diferente a la que haya conocido, una clase de luz azul pálido, la cama es enorme y tiene las sabanas mas blancas que haya visto, todo el suelo esta alfombrado con un hermoso tapiz gris con bordes en forma de ondas, un buro de vidrio brillante y dentro de el se pueden apreciar algunos objetos y papeles, sobre el hay una lampara que emana luz amarilla, a el costado izquierdo esta una pecera enorme con cientos de pequeños peces nadando a sus anchas, esta iluminada con el agua clara y brillante, miro a mi lado derecho y mi corazon se regocija, hay un piano, un enorme, real piano, casi idéntico al que había en el salón de mi casa, de ese lado de la pared en la parte superior hay una clase de iluminación conformada por vidrios que reflejan la luz, que forman una especie de circulo, miro a Justin con la boca abierta y siento su mano en mi espalda presionando, empujando, camino lentamente hasta ahí sintiendo la suave alfombra a mis pies, me siento en el banco y siento cosquillas en mis dedos, levanto la tapa y veo las teclas, toco una con el dedo indice, luego mis dedos se extasían y comienzo a tocar la sinfonía se Schubert, no se cual, solo suena, y resuena en las paredes blancas mi corazon late aceleradamente y cierro los ojos mientras siento mis labios curvearse de la forma mas natural en una sincera y verdadera sonrisa.

No se cuantos minutos pasan las mariposas en mi estomago se van acostumbrando y dejan de revolotear cuando suelto las teclas y levanto el rostro lleno de lagrimas buscando encontrarme con esos ojos color miel o color infierno no lo se. El esta mordiendo su labio inferior y me ve con sus ojos torneados, impasible, extasiado al mismo tiempo, veo su pecho inflarse y desinflarse.

-Justin...Gracias - le digo con la voz entrecortada, el se acerca lentamente hasta estar frente a mi y extenderme su mano izquierda, la sujeto sin dudar y me invita a levantarme cuando estoy de pie nos miramos mutuamente, solo no tenemos palabras pero sabemos lo que queremos, sus brazos me envuelven con tanta fuerza que juraría que me romperá un hueso, me sostiene mientras acaricia mi cabello con desesperación, lamentándose.

-Princesa - Dice con la voz entre cortada - ¿Qué te he hecho?

Cuando escucho sus palabras al fin lo comprendo. Esta tan arrepentido pero no tiene forma de volver atrás.

Por mas que quiera cambiar el pasado lo único que nos queda ahora es el presente y nada mas, lloro por el y lloro por mi, mientras nuestros cuerpos se funden en el calor mutuo.

- No importa ya, ahora solo hazme olvidar - le ruego pegada a su pecho.

¿Sabías que....?
Jennifer y yo apenas nos conocíamos cuando decidimos escribir la novela juntas. Y eso fue así.

No teniamos idea de con quien tratábamos, pero resulta que nos llevamos genial

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No teniamos idea de con quien tratábamos, pero resulta que nos llevamos genial.

Síndrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora