Capítulo 95

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Keyla:

Me abrazó una oleada de calor y una gota de sudor se deslizó por mi frente.
Lo que más me aterró fue la expresión de Justin.
Estaba desconcertado, incrédulo, diría que asustado.

Nos estaban esperando y la mitad de los hombres de Justin ya estaban llegando a Sinaloa; Nadie lo esperaba, nadie se lo hubiera imaginado. ¿En él desierto? La otra mitad venía con nosotros en dos camionetas más detrás, aun así éramos minoría. Note la tensión, y apreté la pistola. Fueron sólo segundos...
- Ahora- dijo Justin.
Se lanzaron Scotter, Alfredo, Shane, Kora y otros dos más que nos acompañaban y comenzó el ruido de los disparos.
-Será mejor que no salgas hasta que hayamos acabado con algunos.- me dijo Justin sosteniendo mi mano.
Sujeto sus armas y salió.
Yo no quería que él fuera, esta vez tenía mucho miedo.
Mire atraves de los vidrios los hombres de Justin atacaban, los sabía reconocer por la bandana, Justin desapareció, lo perdí de vista ¿Dónde estaba? Miré a Alfredo cubriéndose, miré todo, caían los hombres cual costal de basura y al hacerlo la arena los envolvía, corrían formando pequeñas tormentas de arena y yo sentía que me sofocaba aqui dentro no podía... Justin siempre ha tenido buenas estrategias, planes... fueron horas o más bien minutos, en que sólo vi sangre, escuchaba gritos, veía borroso todo, quedaban pocos hombres, y vi caer a Kora, su hombro sangraba mucho, Shane fue a su auxilio y le dieron en la pierna cayó... era un sujeto enorme, sostenía una gran arma se acercó a ambos y sonreía con malicia, le volvió a disparar en la otra pierna.
Apreté mis ojos. Era Shane.
Vi su expresión de dolor y la sangre que lo bañaba, el sujeto le decía algo.

Sujete mi arma con fuerza, la rabia subía por mi cuerpo, recorría cada molécula y de pronto sólo no lo tolere, quité el seguro y salí. Fue la primera vez que pise la arena de un desierto, mis zapatos se hundieron. Corrí como una maldita loca, corrí y cuando estaba a sólo unos metros levanté el arma y le apunté justo en la cabeza, me tomó unos segundos enfocarlo; así que no lo pensé, ni si quiera estaba segura de lo que hacia, jale el gatillo y mis manos se pusieron rígidas, ese sonido explotó en mi cabeza y luego cayó como algo que se derrumba, algo grande. Una montaña o un edificio.
Escuche un grito detrás de mí, me gire aun con el arma en alto y era un sujeto, corría hacia mí apuntandome.  Deje escapar la bala y le di justo en la garganta. Cayó. Me acerqué a el y levante su arma que había caído.

Yo solamente hacia lo que mi cerebro me decía, me movía automáticamente.

-Las princesas no juegan con armas.- murmuro Shane, me gire y tenía una sonrisa forzada, se habia quitado su playera y se había amordazado ambas piernas evitando el sangrado.
Estaba muy débil.
-¿Kora?- pregunte acercandome.
-¡Keyla!-me gritó Shane.
Me gire enseguida y un sujeto se acercaba, una bala me rozó la cintura y corrí, otra paso por entre mis piernas, me detuve y rápidamente apreté el gatillo, fallé.
Me tiré al suelo cuando el dejo venir otra bala, y mis codos detuvieron mi caida, me rodee sobre mi propio cuerpo sin soltar el arma y en cuanto lo tuve de frente solte un disparo dándole en el brazo izquierdo. Soltó un quejido y al mismo tiempo un disparo, dándome en el pie.

¡Mierda, mierda!
Dolía terrible.

Solté otro disparo, y luego otro, seguidos y lo derrumbe. Luego hubo un silencio. Mire a todos lados.

A lo lejos divise figuras, conté rápidamente. Siete. Mire a mi alrededor; muchos muertos un viento fuerte se hizo presente y levanto una tormenta de arena, me cubri los ojos y recorde aquellas palabras.

Imagina una tormenta de arena que el dios va a provocar y al demonio va a cegar, sin salida y sin a donde mirar, conoce ya su punto débil y así se va a terminar, ¿cuanto tiempo ha transcurrido y el Díos no lo puede olvidar? Rey del desierto y de la muerte, amo de las tinieblas, de todo lo que no es bueno y de tu mala suerte

Síndrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora