Capitulo 97

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Justin:

El mundo no es hermoso. Eso lo sé. 

-La Policía viene en camino- me sentenció.
-Yo no quería hacerle daño...

Miro a la enfermera enseguida.

-¡¿Cómo esta?!- le gritó.
-Señor realmente no podemos decirle nada hasta que el doctor de aviso. Acaban de ingresarla y necesita esperar... venían en estado grave.

"VENIAN"
Shane y Alfredo están ahí también y la Policía viene en camino ¿Qué se supone que haga?
¡Mierda, mierda!
De pronto sentí una explosión en mi cabeza, algo que finalmente me derrumbaba, me sentí acorralado, derrumbado; y no era por la mirada que me lanzaba el padre de Keyla, si no por lo que en realidad pasaba con ella y con mi única familia y conmigo.

Termine sólo y expuesto de nuevo.

-¡Maldito hijo de puta! ¡Te la llevaste! - se lanzó contra mi y me golpeaba en el rostro pero yo me recomponia para recibir el siguiente golpe- ¡La lastimaste! ¡Hijo de puta, hijo de puta!

-¡Basta!- gritaban las enfermeras.

Todo ardía a mi alrededor, deje que finalmente desquitara un poco de su ira, yo mismo me habría matado.

-¡Llamen a la Policía es un delicuente!- explotó diciéndole a todos los que nos miraban.

Pero nadie hizo nada. Aquí saben como funciona, es parte de México, sobre todo en los Estados norte, saben como funciona, y que no les conviene. Apreté el arma debajo de mi pantalón. Mirandolos a todos amenzante mientras escupia la sangre.
Eso. Todos me miraban con temor, observaban mis tatuajes y luego se dispersaron con horror.
Las enfermeras volvieron a su papeleo.

-¡Háganlo, es un asesino!¡¿Dónde esta la maldita justicia?!- seguía gritando.

Trate de contener mi maldita, perra respiración, parecía un animal, quería sólo disparar mi arma justo a su cabeza para que se callara...

Levante mi arma y le apunté.
Su expresión se volvió diferente, escuche el grito ahogado de las enfermeras, pero nadie se atrevía a moverse. Sonreí como un perro maldito sintiendo el poder en mis manos y amé todo este metal que me lo otorgaba. Busque mi teléfono sin dejar de apuntar y marque el número que pensé nunca ocupar.

Me encantaba como todos me miraban.

-Justin. Necesito que envíes cuatro trocas llenas en cinco minutos, rastrealo. El honor es mío Juan.

Top5 cosas que amo de México.
*1.Su gente: siempre tan servicial.

Juan era el líder de un cartel enorme, y era mi único aliado en este país. La ultima vez que nos vimos me dio su número y ofreció su ayuda por un favor que le hice  para cuando estuviera en aprietos por aquí. Le dije que no creía volver jamás.
El Gobierno mexicano me tiene en la mira desde hace años cuando explote un mercado y asesine a un cartel completo. Mas bien deberian estarme agradecidos por ayudarles a erradicar sus putos problemas, Gobierno de mierda.

-Sólo estabilizenlos y me los llevare, no quiero problemas- le dije a la enferma y esta asintió aterrada.

*2.- Que la mayoría de los habitantes del Norte dominen los dos idiomas, así puedo hablarles el que sé.

Nunca dispare el arma, la baje y tome asiento en una silla vieja y sucia que formaba parte de la sala de espera. Habían muchas personas a mi alrededor pero nadie me decía nada, el papá de Keyla lloraba en silencio detrás de la puerta. Yo apretaba mis puños tratando de procesar todo.

No, nunca estare derrotado hasta que yo lo decida. Empecé a pensar en todos mis contactos, los nuevos reclutamientos que debía de hacer...

Pasaron tres minutos y escuche los gritos de la gente afuera.

Síndrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora