Capitulo 12

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Drew:

- Escuchame idiota, escuchame y hazlo bien. - Dije tomándolo por el cuello. - Ayer hable con ella y ya esta advertida, así que no intentes ninguna idiotez con ella ya que voy a enterarme y voy a matarte ¿Me doy a entender? - Asintió repetidas veces cagándose encima. 

Reí entre dientes y me aleje dirigiéndome a mi auto.

Conduci tranquilamente por las calles de Bradford, disfrutando el caluroso aire del día, sonreí repasando el plan en mi cabeza, todo tiene que salir como lo tengo pensando, no puede haber ninguna falla, no puede haber ningún pequeño error ya que un paso en falso y todo mi maldito plan se vendrá abajo.   

Un dolor agudo se especificó en mi estomago, en un costado, empezó como pequeñas punzadas inofensivas, pero luego empezó a profundizarse más, tuve que estacionar el auto a un lado de la carretera al ya no controlar ni aguantar este dolor.

- Mierda, porque a mi ahora.

Levante mi playera dejando al descubierto mi estómago. Nada, no había nada, maldición. El dolor era cada vez mas fuerte, como si estuvieran clavándome un puñal una y otra vez. Pero maldición, no tengo nada.

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- Vamos a ver... - Canturrie asegurándome de tener bien estacionado el auto, de tal forma en que pueda tener una buena visión peor ellos no puedan tener una buena visión de mi.

Saque mis auriculares y empecé a observar la casa, las ventanas están abiertas lo cual me facilita el trabajo. Logre visualizar a los papás de Keyla sentados en el jardín, almorzando seguramente. Empecé a reír alegremente al darme cuenta en como el destino me facilitaba todos mis planes, en cambio le estaba cagando la vida a la perra de Keyla.

Saque mi celular asegurándome de que tuviera el chip del numero privado y marque el numero que me había registrado Lucas.

- Lisa, querida, ¿Cómo estas? - Mientras hablaba también la vigilaba con los auriculares. Vi como la vieja esa frunció el ceño al escuchar mi voz, mientras su esposo ni era cociente de la situación.

- Disculpe ¿Quién habla? 

- ¿Cómo puedes comer tranquilamente con tu esposo? Digo, yo no he estado alimentando bien a Keyla. - Pude escuchar por el teléfono y ver gracias a los auriculares como se atragantaba con un pedazo de comida, su esposo le dio pequeñas palmadas en la espalda. Hasta que la vieja estúpida se calmo volvió a contestar el teléfono.  

- ¿¡Quién eres!? ¿¡Qué quieres!? ¿¡Dónde tienes a Keyla!? - Empece a reírme amargamente tomandome mi tiempo para contestar.

- ¿Ahora si le importa?

- Por favor. - Se le quebró la voz. -  Devuélveme a mi hija...

- Tendrá noticias de mi luego, mientras tanto no compre muchas cosas, le hará falta mucho dinero. - Antes de que pudiera decirme otra palabra colgué el teléfono. Me quede unos minutos mas observando su reacción, pero en el momento en que vi a la policía estacionarse a unos metros de mi preferí abandonar el lugar.

Hora de volver a casa...

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Estacione el auto frente a la casa ya conocida para mi, salude con un movimiento de cabeza, como siempre, a los guardias que siempre estaban vigilando y cuidado el perímetro. Entre a la casa intentado ocultar un poco la bolsa que llevo en mis manos, deje las llaves del auto tiradas por allí y me dirigí a la cocina por una cerveza. Enserio necesito una cerveza. Este día había sido un poco... Extraño, empezando por aquel incidente en mi auto donde sentí ese dolor en mi estomago y ahora por el contenido e la bolsa que traigo en manos.  

Mierda, si, le compre algo a Keyla.

No crean que es un regalo, maldición, simplemente... Carajo ¡No se que mierdas me sucedió! Vi ese conjunto en la tienda y una fuerza sobre natural me llevo a comprársela. Es lastima, joder, si, si, eso eso; me da lastima verla con esa ropa de mierda y ya que no tengo ropa de mujer tuve que comprarle esa... Si, si, maldición, eso le diré.

Me dirigí a su habitación, al entrar la encontré sentada como siempre, fingiendo estar bien y que no se sentía como la mierda encerrada en este sitio. 

- Toma. - Le lance la bolsa, prácticamente, en la cara, estoy seguro que la lastimo pero no me emm importa, no, no, no me importa.

- ¿Qué es esto? - Susurro sorprendida al ver las prendas.

- Eh... Es ropa, y emm... 

- ¿Me compraste ropa? - Me vio con esos enormes ojos azul-verdes, se nota que se encuentra sorprendida y confundida, por un segundo no supe responder al sentirme un poco intimidado por su mirada.

Mierda, ya ni se lo que pienso.

- Estas empezando a oler mal... Ya me estas dando asco, es mejor que... Eh... ¡Cámbiate! Me importa un carajo lo que hagas. - Salí furioso de la habitacion azotando la puerta.

"¡Cámbiate! Me importa un carajo lo que hagas" Perfecto, mas idiota no puedo ser. Además, ¿Por qué me importa? Demonios ¿Por qué estoy cuestionándome todo eso?

Mierda, ¿Que esta sucediendome?


Síndrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora