Justin
Estacionamos afuera del restaurante, ya conocido para mi, apague el auto y me gire hacia el lado del copiloto, donde se encuentra Keyla.
- Escucha... - Empece sin saber que palabras utilizar exactamente. - Esta fiesta no es una como en la que has estado con toda esa gente ricachona y buena. Allá adentro hay mas hijos de putas que en una cárcel.
- Pero la invitación afirmaba la elegancia de la cena. - Frunció el seño.
- Nena, es como vestir al diablo de blanco. - Pude sentirla aun confundida pero era mejor que lo viera con sus propios ojos. - Al punto que quiero llegar es que has estado practicando disparar y confío en que podrás defenderte sin mi ayuda, así que esto es para ti. - Abrí la guantera y saque de allí una bolsa, la cual le entregue.
Su rostro paso de confundida a muy sorprendida para terminar nerviosa.
- Gracias. - Susurro sin sacar sus ojos del arma que sostenía cuidadosamente entre sus manos, envuelto en una toalla que le serviría bastante..
- Es una Glock 18, semiautomática, cargador de caja de distintas capacidades... Fue una de las primeras armas que aprendí a usar cuando era un niño.
- Y ahora es mi turno... - Susurro de nuevo, terminando mi pensamiento por mi.
- Entremos. - Baje del auto y lo rodee para abrir la puerta del lado del copiloto, ayudándola a bajar.
- ¡Espera! - Me detuvo cuando cerré la puerta. - ¿Donde se supone que la guarda? - No pude evitar la sonrisa picara en mi labios. La acorrale contra el auto, dejando nuestros cuerpo a escasos milímetros de distancia.
- Esto. - Tome el arma con mi mano derecha, mientras mi brazo izquierdo descansaba en su espalda. En ningún momento aparte mi mirada de la suya viendo como sus ojos se oscurecían por todo el deseo que guardaba dentro. - Hay tantas maneras de esconderlo muñeca, pero ahora, con ese vestido, te recomiendo este. - Envolví el arma en la toalla, dejando la parte adherible al descubierto. Luego metí mi mano debajo de su vestido, acariciando su piel a propósito, luego pegue el arma en sus muslos, colocandola bien para que no le molestara al caminar y tampoco se notara.
- ¿Cóm-o...?
- La toalla es adherible, es fácil de quitar y así siempre puedes llevarla contigo, como una segunda piel.
- Muchas gracias Just...
- ¿Entramos? - Escuche la voz de Alfredo a mis espaldas.
- Hagamoslo. - Tome de la mano a Keyla y nos acercamos a la entrada del restaurante.
Al entrar, el olor a alcohol y tabaco inundo mis fosas nasales. Debía admitir que el lugar se veía impresionante con una pista de baile improvisada, la música tranquila de fondo, las mesas aun lado del lugar junto a la barra y una mesa con comida, meseros de aquí a allá repartiendo bebidas y comida.
Por un segundo me creí la farsa del lugar como los demás.
- Ves ese sujeto de allá. - Señale disimuladamente a un sujeto vestido elegantemente de traje, tomado del brazo de la que supuse es su esposa, hablando con otros tipos que se veían igual de elegantes.
- Si... - Me susurro de vuelta Keyla.
- Es uno de los mejores estafadores que conozco. Ha robado tanto dinero a su propia empresa que te sorprendería... Y ese de allá. - Señale a otro sujeto. - Es un traficante de armas muy conocido en este continente. Oh y ese...
- Ya entendí. - La escuche murmurar. - No sigas. - No dije nada mas y la guié hacia una mesa que contenía una placa con la palabra "Bieber".
- Es un gusto tenerlo por acá señor Bieber. - Me saludo el gerente del restaurante, otro corrupto...
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Síndrome de Estocolmo
Fiksi Penggemar"Me enamoré de mi secuestrador, de la misma persona que debería matar con mis propias manos." Obra registrada en Safe Creative. Licencia: Creative Commons Attribution 4.0 Código de registro: 1605087455911 Fecha de registro: 08-may-2016 2:23 UTC Se p...
