Justin
Si hubiese sabido que al arreglar las cosas con Alfredo iba a pasar esto, ni siquiera lo hubiera pensado carajo.
" - El "Si hubiese" no existe cariño, piensa muy bien las cosas antes de hacerlas, o a veces ni siquiera la pienses. Una toma de decisión puede costarte la vida entera, una vida llena de arrepentimientos, de tristeza y de dolor..."
La voz de mi madre aconsejandome resuena en mi cabeza, demostrándome la grandiosa y sabia madre que tuve, una madre que aun después de muerta, me restriega en la puta cara que siempre tiene la razón.
Me estacione afuera de lugar, apague mi camioneta y baje de esta observando otras dos camionetas estacionarse, en donde venían mis perros. Me adelante al lugar antes de que ellos pudieran decir algo que lo arruinaran. Ya había sido suficiente con que Alfredo me convenciera de traerlos aquí.
Atravesé el jardín observando cuidadosamente cada detalle, algo no me daba buena espina, como que algo estuviera fuera de lugar... Pero el tiempo es oro y sin prestarle mucha atención entre al enorme edificio. La recepción era algo muy fino, cualquiera que viera mi entrada se daría cuenta que este lugar y mi persona combinan a la perfección; la elegancia y la hermosura esta en mi persona, que puedo decir.
Al entrar al salón donde supuse que se daría el evento, me encontré con un montón de personas creando una rueda al rededor de algo.
Por favor que sea una pelea, que un par de críos hayan tomado bastante y ahora estén arrastrándose en el piso.
Por mas que deseara una gran escena de lucha libre, sabia que no se daría. Esos pensamientos se alejaron por completo al embriagarme por la hermosa melodía de un piano. La canción se me hacia conocida pero eso fue de menos cuando escuche un movimiento de dedos que conocía a la perfección.
Hey pervertidos, estoy hablando de tocar el piano.
Ese movimiento tan descuidado y delicado a la vez solo se lo había escuchado a una persona. Me abrí paso entre la gente, sin pedir disculpas, e intentando mantener el perfil bajo ya que gracias a mi travesurita en abattage estaba siendo buscado por todo el país, de nuevo.
Llegue al frente de toda la gente, quedando totalmente embobado y en shock, ya que tal vez no había visto y escuchado a Keyla muchas veces en mi vida tocar el piano pero, verla con ese hermoso vestido, una enorme y costosa corona en su cabeza, viéndose tan elegante y tan concentrada en lo que hacia, podría dejar hechizado a cualquiera.
Si que tiene un buen movimiento de dedos...
Me valió más que madres estar en un lugar publico, a mitad de un estúpido baile de la universidad a donde va Keyla, totalmente expuesto a que cualquiera me reconociera y así arruinar el baile de mierda. Pero solo pocos entenderán la excitación y satisfacción de ver a la chica que amas hacer una de las cosas que mas gusta hacer, su concentración, su pasión, ese brillo especial que la rodea de una manera encantadora y única, volviendo el momento mas especial que cualquier otro.
Es tu culpa madre que sea tan estúpidamente cursi...
En ningún momento aparte la vista de ella, y de sus mágicos dedos, ni aun cuando me perdí en mis pensamientos. En algún momento habrá sentido la intensidad de una mirada, y luego de recorrer un poco la rueda humana por la que estaba siendo rodeada me encontró, me encontró aquí de pie arriesgándome por ella.
No sé que tan estúpida era la escena pero luego de ver ese brillo en sus ojos y esa hermosa sonrisa que me regalo, no pude evitar una sonrisa y el deseo que se expandió por todo mi cuerpo.
No es deseo imbécil, es amor.
Debería dejar mis pensamientos de mierda para otro momento.
Luego de unos minutos (donde tocó con mas pasión, gracias a mi, quiero agregar) termino de tocar y fue despedida por una gran ronda de aplausos. Algunas personas se acercaron para felicitarla por su grandiosa presentación, otras para felicitarla por su corona bien merecida, y otros simplemente por pendejos. Ya cuando vi que estaba despidiéndose de las ultimas personas me acerque a ella siendo recibido por un gran abrazo.
- ¿Qué haces aquí? ¡No es que me moleste! Para nada, per-o... Es una gran sorpresa, enserio, nunca me imagine verte aquí.
- Tu misma lo has dicho, era una sorpresa. Felicidades por tu corona y por esa presentación, has dejado a todos con el culo en sus bocas. - Soltó una enorme carcajada intentando controlarse pero fue totalmente en vano.
- ¡Justin! No puedes decir esa clase de cosas aquí... - Dijo aun entre risas. Iba a responderle que yo podía decir "culo" donde se me diera la pinche gana pero escuche una canción lenta que reconocí como digna para bailar.
- ¿Podría la reina mas sexy, con un buen movimiento de dedos, concederle esta pieza a este pobre y humilde hombre increíblemente guapo? - Antes de que respondiera, sabiendo que diría que si, la lleve hasta la pista de baile donde empezamos a movernos al ritmo de la canción.
- Gracias por venir... - Susurro antes de apoyar su cabeza en mi pecho. Tener ese momento casi perfecto me hizo observar a mi alrededor, donde eramos recibidos por miradas indiscretas. Sintiéndome incomodo baje la cabeza escondiendola en el cuello de ella, previniendo que alguien me reconociera.
Pero no puedo tener ni un puto minuto de paz sin que algo suceda.
Alguien toco mi hombro. Aleje un poco a Keyla y me gire sobre mis talones emputadisimo para observar a un preocupado Alfredo.
- Debes salir en este puto instante para ver esto. - Sin esperar una respuesta se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida. Solté a Keyla y me gire para ir detrás de Alfredo pero una mano me detuvo por el brazo.
- Voy contigo... - Iba a gritarle que estaba jodidamente loca si creía que me acompañaría pero en vez de eso solo asentí.
Salimos casi corriendo a través de todo el lugar hasta llegar afuera, encontrándome a todos mis perros moviéndose nerviosos por el lugar.
- ¿Qué putas pasa ahora?
- Alguien destrozo las ventanas de una camioneta. - Habló Kora. - Dejaron esta nota. - Me extendió un pedazo de papel que decía: "¿Llevamos el juego al ultimo nivel? Estudia un poco de historia. Estaré esperándote en la Nueva España, si quieres algunas clases."
- ¿Piensas lo que yo? - Le pregunte a Alfredo recordando las clases de historia que nos dio la señora Mirta.
Quien diría que esa vieja bruja siempre tuvo razón...
- Nos vamos para México. - Sonrió Alfredo totalmente feliz con la noticia.
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Síndrome de Estocolmo
Fiksi Penggemar"Me enamoré de mi secuestrador, de la misma persona que debería matar con mis propias manos." Obra registrada en Safe Creative. Licencia: Creative Commons Attribution 4.0 Código de registro: 1605087455911 Fecha de registro: 08-may-2016 2:23 UTC Se p...
