Capitulo 66

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Justin

Lo primero que llama mi atención es el terror que cruza sus ojos.

Ella ha estado en el mismo infierno y ha salido vuelta en llamas, ha regresado y ha decidido quedarse.

Ha visto a muchas personas morir, ha visto la muerte de cerca, ha pasado cosas que cualquier otra persona no soportaría y aquí esta; queriendo ser parte de mi infierno.

No puedo evitar la corriente de aire frío que recorre todo mi cuerpo, las ansias de querer volarle la cabeza al estúpido de Harry crecen. Su voz tiembla mientras repite las palabras que le han causado un gran estrago en toda su anatomía y mente.

- Di algo... - Susurro luego de unos minutos de silencio donde no hacia nada mas que pensar en todo esto.

- Sabes quien soy. Todo el mundo sabe quien soy nena, han querido siquiera herirme pero no lo han logrado porque tratar conmigo es como hacerlo con el diablo.

- ¿Y todo lo que nos ha pasado? - La tome de la cintura acercándola a mi.

- Nunca debí dejar que hablaras con el. - Apreté la mandíbula. -  Espero te hayas despedido que luego de esto me asegurare que deje de respirar. - La solté bruscamente y me dirigí hacia la puerta donde encontraría a Harry pero las palabras que escuche salir de su boca me dejaron paralizado en mi lugar. 

- Deja que yo lo haga.

- Princesa...

- No Justin. - Me gire hasta quedar frente a frente a ella. - Yo-o... Tengo la practica y qui-ero hacerlo.

Sonreí.

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El dulce aroma de las flores de primavera llenaba el ambiente completamente, refrescante, encantador. El sol brillaba en el cielo en todo su esplendor, evitando que las nubes pudieran opacar su brillo.

La hermosa mujer recolectaba algunos girasoles, apreciándolosextasiándose de su aroma. El pequeño corría efusivo detrás de un pequeño perro que encontró, este siendo mas rápido, estaba dándole una buena carrera.

- ¿Por qué te detienes? Puedes alcanzarlo cariño. - El pequeño niño se lanzó al suelo sentándose, sintiéndose cansado y frustrado por nunca haber alcanzado al perro.

- ¡El es mas rápido que yo! ¡Necesitare aaaños para alcanzarlo! - La mujer soltó una pequeña risita y llamo al perro con un suave silbido, el cual respondió bien. 

- Bonito...

- ¡Deja a ese moribundo animal lleno de pulgas! - Ambos sintieron el temor correr por su circulación al escuchar esa voz, esa potente voz que a cualquiera haría temblar.

Síndrome de EstocolmoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora