¿Me dejas que te acompañe?

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Al salir del restaurante mi madre me llamó:

-Mañana iremos tu padre y yo a dejarte las cosas por la mañana, y nos iremos después de comer, espéranos en el aeropuerto para ayudarnos.

-Vale, allí estaré, ¿A que hora tengo que estar en el aeropuerto?-pregunté a mi madre mientras esperaba a que los demás salieran-.

-Antes de las nueve, nosotros aterrizaremos a las nueve.

-Perfecto, bueno nos vemos mañana que estoy con unos amigos. ¡Adiós mamá!

Cuelgo la llamada y me guardo el móvil.

-Que solicitada-me dice Adrián con una gran sonrisa-.

-Eran mis padres, mañana por la mañana vienen a traerme el resto de cosas.

-Tendrás que ir con un coche para poder llevar todas tus cosas, ¿No?

-Seguramente pida un taxi.

-Tengo coche ¿Te puedo acompañar?-como iba a estar un chico que conocía de días a estar con mis padres-.

-No hace falta, no te molestes, gracias-le agradecí por la petición-.

-¿Me dejas que te acompañe?-no podía volver a decir que no-.

-Bueno vale.., a las ocho y media me pasas a buscar.

-Pensaba que me iba a costar más.

-No creo que sea lo único que me pidas, ya veremos las próximas veces-una sonrisa bastante picara fue su contestación.

Pasamos la tarde en casa jugando al bingo, era bastante peculiar pero a Leyla le encantaba jugar.

No me fui a dormir muy tarde para no estar dormida a la mañana siguiente.

Me desperté a las ocho para a sí ducharme y estar lista para cuando viniera Adrián.

Picaron al timbre, me paré un momento para ver si se habían despertado mis compañeras de piso, cuando me di cuenta de que seguían durmiendo profundamente, me apresuré a abrir la puerta mientras terminaba de abrochar mi camisa.

-¿Lista?-dijo sin evitar posar sus ojos en mi escote-.

-¡Lista!-cogí mis cosas y cerré la puerta suavemente-.

El trayecto desde mi piso al aeropuerto, fue bastante silencioso, era la primera vez que estaba sola con el y eran las ocho y media de la mañana, no había muchas ganas de hablar.

Adrián conducía muy bien, respectando los límites de velocidad y los semáforos, normalmente miraba a la carretera pero de vez en cuando me miraba de reojo, no podía evitar girarme para mirar por la ventana o mirar el móvil, y a sí no sentirme más incomoda de lo que ya estaba.

El silencio desvaneció cuando aparcamos el coche en el aeropuerto. 

-¿A que hora aterrizaban tus padres?-me pregunta mientras cierra el coche con el mando de las llaves-.

-A las nueve-caminamos hasta el ascensor y subimos a la planta dónde los íbamos a esperar-.

Adrián miró el móvil y pensaba que iba a estar con el teléfono mientras estaba conmigo, que no me extrañaba porque la situación no era de lo más entretenida, pero simplemente lo mira y se lo vuelve a guardar en el bolsillo trasero de los pantalones.

-¿Te apetece un café mientras esperamos?-miro el reloj y me doy cuenta que faltaban todavía diez minutos para que mis padres estuvieran en Francia-.

-Vale, pero no me entretengas más.

Nos sentamos en un Starbucks del mismo aeropuerto a tomarnos algo. Me tubo que convencer una vez más para que me invitara, pero finalmente cedí.

 Al rato comenzaron a anunciar que el vuelo ya había aterrizado así que nos dirigimos a la puerta de salida. Estaba muy nerviosa por la reacción que podían tener mis padres por traer un desconocido sin decirle nada, sonaba muy extraño, pero sí, era exactamente eso.

Comenzó a salir gente con grandes maletas y bolsas que abultaban bastante, y finalmente encontré a una mujer castaña bastante moderna vestida, a pesar de su edad y un hombre moreno que la acompañaba.

-¡Hola mamá! ¡Hola papá!, ¿Cómo a ido el vuelo?-los abracé y le di dos besos a cada uno-.

-Muy bien cariño, ¿Tú que tal por Francia?-mis padres no se habían percatado del chico moreno de pelo ondulado que permanecía junto a mí-.

-Estupendamente, la verdad es que cada día me gusta más-hice una pausa y les continué diciendo-Este es un amigo, se llama Adrián. Adrián ellos son Penélope y Román, mis padres.

-Encantado-dice a la vez que alarga la mano a mi padre y le da dos besos a mi madre-dejar que os ayude a llevar las maletas.

-No te preocupes chico-Adrián interrumpe a mi padre-.

-Por favor, si he venido a ayudar-mi padre le dio la grandiosa maleta y una bolsa y yo cogí la otra maleta que llevaba mi madre-.

Nos dirigimos al coche y Adrián se encargo de guardar todo en el maletero mientras nos metíamos en el coche.

A mi padre se le notaba con ganas de hablar, pero no especialmente conmigo.

-¿Y cuantos años tienes Adrián?

-Diecinueve, pero me falta poco para los veinte-contestó a la vez que salía del aparcamiento-.

La verdad es que yo tampoco sabia su edad, no era una de las cosas de las que hubiéramos hablado estos días.

-Ya estas hecho todo un hombre, y dime, ¿Hablas Español y Francés?

-Sí, también estudio ingles, pero no lo hablo perfectamente. Normalmente entre mis amigos hablamos en Francés, pero desde que Nicky está aquí, hablar Español es parte de nuestra rutina.

-Un buen partido, Nicky-mis mejillas se sonrojan y me tapo la cara con las manos, mi madre siempre es a sí de directa y espontánea-.

Adrián no evitó reírse y me miró, sonreí aun avergonzada por el comentario de mi madre. 

Llegamos a el que ahora era mi piso, subimos las cosas en el ascensor y presenté a Carol y a Leyla igual que había hecho con Adrián. Me organicé todo un poco por encima y ellas le estaban enseñando el piso a mis padres.

Decidimos salir a comer todos juntos a un restaurante y para eso avisaron a Oliver. El restaurante era el mismo que el de la otra vez ya que nos gustó. Pasamos la comida hablando del curso, de como los conocí y como había ido todo en general.
Ese momento era una situación diferente a las demás.

   

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