Y han pasado cuatro semanas aproximadamente, creo y todo que ya hace más de un mes que se fue Eden, incluso me atrevería a decir que un poco más, pero esto, sí que lo puedo afirmar, y es que de todos estos días menos de los que imaginas han sido provechosos y diferentes.
Me he pasado la mayor parte de mis días, haciendo lo mismo, nunca sin salirme de ese cuadrado que tengo, un desperdicio, y esos días en los que una pequeña parte de mí ha salido del cuadrado, ha sido más por un empujoncito de otra persona, más que por mí.
Y no, no he vuelto a saber de Eden, no me atrevía a escribirle, o a volver a oír su voz, por miedo. Pero tengo una conversación pendiente que no la he dejado aparte, pero eso ya lo explico luego.
Carol y Leyla, supieron desde el primer segundo que yo aparecí en casa lo que había pasado. Me apoyaron en todo e hicieron todo lo posible para que me sintiera mejor. Melany lo supo a la par que ellas, ya que no evite explicárselo, y, me aconsejo como de costumbre.
Pero solamente aquellos dos primeros días, fueron los únicos en los que hable de Eden.
Todo fue tan normal, tenía deberes de mis clases, exámenes, que los aprobé todos, porque una de las pocas cosas que hacía era estudiar, ya hablaba con más de uno de mis compañeros de clase, todos muy simpáticos, y con más de uno de ellos salí a tomar un café alguna que otra tarde, pero simplemente era para despejarme un poco.
He seguido saliendo a correr cada mañana, pero no corría una hora, si no que le había añadido otra más. En el trabajo me iba muy bien, y Tom estaba notando como perfeccionaba el idioma.
Y ya sabéis como es él, que muchos de esos días me intentaba convencer de que me fuera de fiesta con él y con mis amigas, pero la verdad es que no lo conseguía ninguno.
De Oliver sé, lo que sé, por verlo con Leyla. Siempre había sido lo mismo, saludarlo, hacer algo todos juntos, pero nunca, había mantenido una profunda conversación con él. Hasta ese día, uno de los que digo que me salí de mi cuadrado.
La mañana y la tarde las pasé, en mi clase y en el trabajo, volví cansada, como siempre, Carol, Leyla y Oliver, estaban jugando al bingo, eso que tanto apasiona a Leyla, no me apetecía jugar, así que me senté en el sofá, mientras miraba mi ordenador.
Al terminar aquella ronda, Oliver se sentó junto a mí.
-¿Puedes hablar?-me preguntó-.
-Sí-respondí-.
-Puede que no te apetezca hablar de esto, pero tengo que decírtelo-se acomodó en el sofá para poder mirarme mejor-es sobre Adrián, me pregunta cada día que vuelvo de estar con vosotras, que como estas, que si me has dicho algo sobre él, y mi respuesta siempre es que no me dices nada de él-hizo una pausa, si estaba tan claro que no me apetecía hablar de él, porque me lo decía, me daba exactamente igual como estuviera o dejara de estar, ya se lo dije bien claro, no quería saber nada de él, no sé qué no se entendía de todo aquello-y creo que estaría muy bien por tu parte que hablaras con él-continuó-.
Que no quería, que no iba a hablar con él, me había decepcionado muchísimo, ni siquiera quería tener ningún tipo de relación, ni contacto con Adrián.
-Sé que es tu amigo, y te preocupas por él, pero Oliver, no me apetece hablar con él-le dije, y agachó la cabeza pero después me sonrió y me dio las gracias por haberle escuchado.
Y ese fue el primer día que volví a saber de Adrián, solo sabía de él alguna que otra cosa, pero con suerte no le había visto todavía.
Y digo todavía, porque días después, de haber mantenido esa conversación con Oliver, lo vi, por casualidad pero lo vi, más que a él, a su coche, ese coche del que ya me sabia la matrícula de arriba abajo.
Estaba a punto de cruzar un paso de peatones, cuándo un coche bastante embalado, ni se paró para dejarme pasar, simplemente siguió hacía delante, y lo que le hizo frenar fue aquella luz roja. Si no fuera por aquel semáforo en rojo, no me hubiera podido fijar bien, en quien conducía aquel coche.
Y caminé por la acera en dirección paralela hacía donde estaba su coche, y vi su rostro, y como su ventanilla estaba bajada, para dejar escapar el aire del cigarro que se estaba fumando, tenía música puesta, precisamente una de esas que tanto hacía que me animara a cantar en cualquier viaje, y estaba atento mirando hacia delante, estaba muy serio. No continué caminando me paré delante del coche, sin saber porque, pero quería seguir observándole, hasta que aquel semáforo cambiara de color.
Y notó que le miraba, y giró la cabeza para ver de quien se trataba, y cuando me vio, cuando pudo comprobar que le estaba mirando, noté como se le iluminaba el rostro, y con suerte, el semáforo cambió y arrancó para desaparecer de ahí.
Y ese día estuve cerca, pero no tan cerca como otro día, sí, otro de aquellos días, me apetecía preparar a mí la comida, quería hacer una tortilla de patatas pero faltaban huevos.
Baje al supermercado que había más cerca de nuestro piso, una vez dentro, mientras intentaba buscar aquello que me faltaba, no lo vi, ni lo escuche, simplemente olí su colonia, y miré alrededor, y me parecía tan sumamente extraordinario, que hubiéramos coincidido en venir a comprar que no sabía qué hacer. Miré hacia delante cogí los huevos y me dirigí a la caja para pagar.
-¿Nicky?-estupendo, encima había cola, no era tan fácil escapar de él en aquellas circunstancias-.
Así que solo tuve una opción y fue girarme y responderle.
-¿Qué?-conteste y él sonrió-.
-¿Cómo estás?
-Bien-respondí, y no, yo no quería saber cómo estaba Adrián-.
-Tenía ganas de verte y de hablar contigo-me digo mirándome con esos ojos, que hacía días que no me miraban-.
-Adrián, no tengo tiempo, ya me iba-fue lo último que le dije-.
Me sorprendió, porque no insistió como siempre hasta convencerme, sino que dejó que me fuera y lo único que pude hacer es suspirar aliviada.
Quiero que te vayas, que no vuelvas, que te vayas. Dices que te marchas, pero no alcanzas, ni los cinco pasos, escasos, que nos separan.
Tienes que irte, no quiero oírte, no haces más que herirme, en vez de construirme. Y te digo que te vayas, pero no son más que mentiras, si te vas de verdad, vete porque quieres, no porque yo te lo ordene.
Si en realidad quiero que te quedes y me esperes, pero te digo que te vayas, no ignores mis palabras.
Y no estoy confusa, ni siquiera imagino como desabrochas mi blusa, y como bailas conmigo cortando el aire, acariciando el aire.
Quiero que te vayas, que no vuelvas, que no me enganchas, no me alcanzas, ni me frenas, ni me paras, solo me escuchas, y me haces caso, pero no, quiero que me lleves la contraria, por mucho que mi razón sea diaria.
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Quédate conmigo
Teen FictionUn viaje de cuatro días, se puede convertir en todo un curso. Un chico desconocido, se puede convertir en algo especial. Es difícil hacer daño a una persona que quieres, es difícil contarle la verdad, pero cuando la verdad salga a la luz, resurgirá...
