Esa mañana me desperté con una energía extraordinaria, tenia ganas de todo, incluso de asistir a las clases, así que después de hacer mi rutina diaria, me dirigí al colegio, y allí justo en la puerta, esperé a Liam, normalmente solía llegar apurado, justo al minuto de que el timbre sonara para entrar a la primera clase, pero hoy no, ese día llegaba apresurado con la mochila medio colgando y la chaqueta tan sólo puesta en un brazo, el pelo más revuelto de lo normal y una cara de cansancio que daba a entender que hacia poco que se había despertado, llegaba tarde, bueno él y yo, porque ya había pasado un cuarto de hora desde que había sonado el timbre, pero igualmente sabiendo que entraría tarde a clase, decidí esperarle y entrar con él.
-Me he quedado dormido-dijo medio recolocándose la mochila lo mejor que pudo-.
-No me digas Liam, creo que ya me había dado cuenta-dije sarcástica mientras entrabamos-.
-¿Y como que no has entrado tu ya?-preguntó extrañado-.
-¡Que mas da!, por que llegue un día tarde no me van a matar-contesté-.
Los pasillos estaban vacíos, silenciosos, como era de esperar, ya que todo el mundo ya estaba dentro de las aulas, escuchando a alguno de los profesores a los que se suponía que le gustaba enseñar a los alumnos, o eso tendría que ser ya que de su profesión se trataba.
Piqué a la puerta y después la abrí despacio, no entiendo porque si no tenía que entrar sigilosamente, Liam que estaba a mi lado simplemente esperó a que abriera la puerta.
-Buenos días, perdón por el retraso-dije dirigiéndome al profesor de dialogo francés-.
-No importa, pasar y sentaros los dos en esa mesa-dijo señalándola-.
Y menos mal que el hombre de pelo rizado aunque un poco escaso en la coronilla, era el profesor de esa hora, porque estoy segura de que otro se lo hubiera tomado peor.
-Están preparando dos diálogos cortos cuotidianos para practicarlos en clase y los iremos complicando poco a poco-nos explicó a Liam y a mi-.
-Vale-contestó Liam antes que yo-.
Estuvimos haciendo esos diálogos que nos había mandado el profesor el resto de hora, hasta que finalizó la clase. Durante la mañana no lo pude evitar, no pude evitar estar pensando en Adrián, ya todo era como antes, me sentía como cuando llegue aquí, habíamos vuelto a nuestros principios. Y estar pensando todo el rato en eso me hizo tener una gran idea, él siempre me estaba sorprendiendo, me llevaba a sitios, me venia a buscar, y yo nunca le había preparado nada, y no se, ¿Porque no hoy?, me apetecía muchísimo ser yo la que le dejaba con la boca abierta, así que me puse manos a la obra. Salí de allí con Liam evidentemente, pero de ahí cada uno se fue a su casa, yo tenia que comer e ir a trabajar, pero dejé unas cuantas cosas preparadas y salí escopeteada hacía el trabajo. Del trabajo poco más que objetar, una jornada aburrida y rutinaria como el resto.
Llamé a su numero mientras mi móvil se aguantaba con mi cara y el hombro, yo que no es que sea muy habilidosa, intentaba abrir esa maldita puerta de mi portal que tanto me cuesta, me ayudé a terminar de abrirla con un toque de caderas y me metí para adentro.
-¡Adrián!-dije al fin cuando contestó a mi llamada-.
-Dime Nicky-contestó-.
-Nada mira que necesito un favor, y es muy importante que tu estés, es que desde que vine de mi casa tal vez ando un poco dudosa con el tema de Eden, y si, dirás otra vez, pero claro…-me paré intentando pensar como podía seguir esa mentira-ya sabes que él y yo llevábamos bastante tiempo juntos y al volver a verlo después de todo lo que había pasado, pues no se…-me volví a parar-y tú, tú, claro eres perfecto para ayudarme, porque me escuchas, y porque eres mi amigo, y se supone que eso hacen los amigos, ¿No?-dije intentándole colar esa mentira como excusa para quedar con él y que no se esperara nada-.
-Si…claro-dijo con la voz un tanto más apagada-¿Dónde quedamos?-preguntó Adrián-.
-A las ocho en mi casa-respondí- Adiós!-dije terminando la conversación-.
-Adiós-dijo y finalizó la llamada-.
Seguro que lo último que se esperaba era que le llamara para decirle eso, más que nada porque al principio yo no nombraba nada del tema, y quizás era un poco extraño que ahora quisiera que justamente él me ayudara a saber cuales eran mis sentimientos, que en realidad no me tenia que ayudar a nada pero a mi me gusta sorprender de verdad, y lo que le iba a preparar seguro que ni se lo iba a esperar.
Salí a la terraza y barrí todo los pelos que había soltado el perro de Carol, previamente las había avisado de lo que iba a hacerle a Adrián y ya sabía que no estarían en casa, continué limpiando esa mesita cuadrada de madera oscura y desgastada, añadí unas lucecitas en la valla para que hubiera algo de decoración y comencé a preparar la mesa, puse los platos, los tenedores, las servilletas mas o menos dobladas de una forma bonita y las copas para las cervezas, añadí unas velas encima de la mesa para que la mesa tuviera mucha más buena presentación y espere a que me llegara la cena a domicilio. Y no pude haber escogido más buena elección, sushi, la verdad es que no tarde mucho en decidirme por eso, porque me apetecía muchísimo y a Adrián también se que le gusta, aunque nunca los ha comido conmigo y por lo que me ha dicho lo de los palillos no es que se le de muy bien.
Miré el teléfono para guiarme de la hora y saber cuanto tiempo tenía para terminar de arreglarme, me puse un par de pulseras, la colonia, y me hidraté un poco los labios, ya que era absurdo pintármelos para ir a cenar. Sonó el timbre, Adrián había llegado tan puntual como de costumbre, con el telefonillo le abrí la puerta del portal y en poco menos de treinta segundos ya estaba picando a mi puerta, miré por la mirilla y así me aseguré de que era él, estaba nerviosa, nunca me había pasado, era muy extraño, abrí la puerta después de haberme pasado la mano por el pelo, y ahí estaba, bien puesto, mirando expectante, tal vez por lo que le iba a decir, o puede que estuviera pensando que porque olía a colonia y estaba bien vestida tan sólo para hablarle de mi ex, y solamente añadí un: pasa, para que entrara dentro.
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Quédate conmigo
Teen FictionUn viaje de cuatro días, se puede convertir en todo un curso. Un chico desconocido, se puede convertir en algo especial. Es difícil hacer daño a una persona que quieres, es difícil contarle la verdad, pero cuando la verdad salga a la luz, resurgirá...
