Me gusta cuando me miras

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Último día de ese regalo de cuatro días para mis dieciocho, pero si ese mismo día me hacía con un trabajo, todo podía cambiar y quedarme allí todo un año.

Madrugué, me duché y me vestí de manera que diera una buena imagen, quedé con Carol y Leyla, ya que se conocían más aquel sitio y me podrían ayudar. Carol me dijo que uno de los trabajos que más podía haber era de camarera o dependienta de alguna tienda, no era un súper trabajo, pero lo suficiente como para ayudar a poner dinero para el piso dónde iba a vivir junto a mis dos amigas, ya las podía considerar a sí y también lo necesitaba para las salidas o cosas que yo me quisiera comprar. Fuimos a una cafetería bastante grande, y preguntamos si necesitaban empleados, nos indicaron que esperáramos ya que iban a llamar al jefe. El jefe fue muy amable hablando con nosotras, dijo que sí que necesitaba un empleado, porque venía mucha gente y iban siempre muy ajetreados, pero que para poder trabajar tenía que hablar Francés, no perfectamente pero me tenían que entender y viceversa.

Para ver mi vocabulario y como yo me expresaba me dijo que hablara y que hiciera como si me estuvieran pidiendo algo, me hizo preguntas como si se hiciera pasar por un cliente y le terminé convenciendo, ya que le dije que iría mejorando, porque estaría apuntada a un curso de la lengua.

Justo después de salir por la puerta llamé a mi madre y le expliqué que tenía trabajo, muy contenta me dijo, que sí podía quedarme allí, y que ya me avisarían cuándo fueran a traer el resto de mis cosas.

Carol y Leyla se fueron a su casa y yo me fui al hotel para recoger las cosas y llevarlas a mi nuevo piso compartido por mis amigas, el plazo de la estancia finalizaba después de comer a sí que tuve todo recogido para antes de la hora de comer, bajé y disfruté de mi última comida allí y al terminar cogí mi maleta y mi bolsa, donde añadí todo lo que contenía la cesta del baño, ya que era para mí y bajé a devolver la tarjeta de la habitación.

Me puse rumbo al piso de Carol y Leyla, al llegar me instalé en mi nueva habitación y decidimos ducharnos por turnos, ya que esa noche íbamos a la fiesta, que nos nombró Oliver.

Fui la segunda en ducharme, era un plato de ducha en vez de una bañera, pero me seguía pareciendo estupendamente, ya que estaba muy contenta. Mientras el agua caía por mi cuerpo haciendo que me relajara, no evité pensar que volvería a ver a Adrián, ese chico tan atractivo.

Esa noche me decanté por una camiseta negra transparente, menos por la parte de los pechos, una faldilla ajustada también negra y unos tacones del mismo color pero con decoraciones en plateado, acompañado de un bolso de mano, donde metí el brillo de labios que me había puesto, el móvil y mi cartera.

Todas ya listas para esa fiesta, salimos de la portería y nos dirigimos a la fiesta que había, era algo muy parecido a una discoteca.

-Ya veo que as encontrado trabajo, ¿No?-me dice Adrián con una sonrisa-.

-Exacto-le digo fijándome en sus ojos, es extraordinario, hasta de noche sus ojos brillan-.

La música estaba bastante alta, al punto de que si querías hablar tenías que gritar o que acercarte a la persona que le querías decir algo.

Oliver me ofreció un cubata y lo cogí, pero solamente me iba a tomar uno aquella noche. Estábamos bailando y no sé que canción era pero estaba muy animada, moví los brazos más de la cuenta y la mano que contenía el vaso con la bebida chocó con Adrián, toda mi bebida se derramó en su camiseta, rápidamente dio un salto y maldijo aquel momento.

-¡Joder!-mis mejillas se transformaron en semáforos en rojo alarmándome de lo que acaba de pasar-.

-Lo siento- me disculpé intentando que me escuchara y fijándome en su empapada camiseta-.

-Tranquila, voy a lavármela- Adrián se fue directo al servicio para intentarse quitar aquella mancha de alcohol-.

Un impulso hizo que fuera detrás de él para poder arreglar aquel desastre, unos segundos antes había entrado en el lavabo de chicos, no me lo pensé dos veces y entré. Delante del espejo estaba Adrián sin camiseta intentando limpiarse la mancha.

-¿Te ayudo?-Le pregunto sintiéndome aun más incómoda que cuando le había tirado todo por encima-.

-¿Qué haces aquí?, ¿Tú no sabrás que aquí solo entran chicos? Lo pone en francés pero pensaba que entendías algo-.

-Ya, pero me sentía mal por haberte manchado y quería ayudarte-dije con la mirada puesta en el suelo-.

-No creo que se vaya, pero bueno, la voy a secar un poco y ya está-Adrián acerca la camiseta al secador de manos y espera a que se le seque un poco la camiseta-.

Que vergüenza como podía ser tan patosa, pero la idea de acabar en un baño y él sin camiseta por culpa de no bailar con cuidado al fin y al cabo no estaba nada mal. Esperé junto a él a que se secara la camiseta, sin ninguna intención de irme. Poco tiempo después Adrián se puso la camiseta y me preguntó:

-¿Se nota mucho?-me mira a la vez que espera mi opinión-.

-No mucho, a de más es de noche, no creo que se fijen-la verdad es que si alguien no se fijaba en un chico a sí, no sé como lo hacían-.

-Vale, salgamos ya, que como entre algún otro chico te mirará con mala cara.

Sonriente salgo, igual que Adrián. La noche siguió transcurriendo y cuándo ya estábamos cansados decidimos ir yendo cada uno a su piso, Oliver y Adrián también compartían piso y no quedaba muy lejos del de nosotras. Nos despedimos de ellos y nos fuimos.

Era mi primera noche fuera del hotel, no era lo mismo que mi anterior habitación pero estaba a gusto. Me dormí rápido, gracias a mi cansancio y al terrible dolor de pies después de una noche entera en lo alto de unos tacones. Esa mañana  desayunamos en casa, pero nos apetecía comer fuera, Leyla llamó a Adrián y les preguntó si se querían venir con nosotras, como ellos dijeron que sí quedamos en que a la una nos vendrían a picar. Era obvio que se pasaban el verano ellos cuatro juntos y ahora yo también lo pasaba con ellos. Picaron al timbre, fui a abrir, me saludaron y dejé que cerraran la puerta al entrar. 

El restaurante estaba bastante lleno y tuvimos que esperar a que una mesa se vaciara, cada día que pasaba veía mucho más guapo a Adrián, y muchas veces lo miraba sutilmente, yo pensaba que no se daba cuenta, pero estaba totalmente equivocada.

-Me gusta cuando me miras-dijo formando esa maravillosa curva-.

No podía estar dando una peor apariencia hacía el: patosa, obsesionada... Que más podía hacer mal.

No tenía respuesta para lo que me acababa de decir, a sí que le sonreí con cierta timidez. Nos dieron la mesa y él tomó la iniciativa y se sentó al lado mío, el resto no me fijé como estaba sentado. Cada vez que me preguntaba algo o manteníamos una conversación no podía aguantarle la mirada, sus ojos podían conmigo, miraba tan intensamente que parecía que su mirada traspasaba mis ojos. 

-Voy un momento al baño-dije levantando de la silla-.

-Esta vez no te confundas y vayas al equivocado-Adrián giró la cabeza para que le prestara atención. Era bastante divertido y tenía mucho humor, otra de las muchas cosas que hacían que él fuera un cúmulo de perfecciones.



Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora