De ser él

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Las bebidas ya estaban servidas y la mirada de Adrián cada vez la sentía mucho más intensa, mucho más próxima, leímos la carta mientras que de reojo me tapaba prácticamente toda la cara y le miraba disimuladamente. Él decidió de entre todos los platos una pizza con varios quesos y jamón, y yo preferí unos canelones de crep que tenían pinta de ser muy apetecibles.
-Hacía mucho que no comíamos juntos-dije mientras apartaba la carta a un lado para que el camarero se la llevara-
-Es verdad, tampoco estabas por aquí-dice después de haber entregado su carta al camarero-.
-No porque no quisiera-contesté-.
-Me imagino-dijo mientras se apartaba un mechón de la cara con un pequeño gesto de cabeza-pero allí también habrás estado muy bien-continuó-.
Bebí un trago de agua de la copa que me habían puesto y la deje en la mesa justo en el instante en el que nos trajeron los platos. Comimos cada uno su sabroso y abundante plato mientras hablábamos de estupideces, nada importante y él me soltaba alguna que otra cosa como la que me había soltado nada más entrar al restaurante, pero no notaba fuera de eso ninguna intención de que quisiera algo más.
Adrián me dejo en casa después de comer tal y como yo le había dicho, pero en realidad varias veces antes me estuvo insistiendo en que pasara la tarde con él, siempre intentando convencerme pero esta vez no lo consiguió quería quedarme en casa y acabar los deberes que me quedaban del curso de francés, había hecho bastantes durante la estancia en casa de mis padres, bueno que también es mi casa, pero me quedaban algunos y no podía hacerlos en otro momento que no fuera esa tarde. Y si, como me pasaba todas las veces que tenia que entregar alguna cosa, las solía terminar a última hora, me confiaba en que me daría tiempo y luego acababa haciéndolo todo la noche de antes.
Llegué al piso, me descalcé, me puse un chándal para estar cómoda y me preparé un café con leche para bebérmelo mientras hacía todos los resúmenes y ejercicios que tenía que acabar, mientras esperaba a que estuviera listo, observando como caía el café de la cafetera a la taza y el olor me impregnaba las fosas nasales, llegó Carol de sacar a su perro, dejo la correa en un cesto de la entrada y vino a preguntarme que tal la mañana, como pasaba a menudo, ella ya estaba informada de ante mano por Leyla, que era la que me había dicho que Adrián quería quedar conmigo. Y le conté bastante resumidamente la comida de ese medio día, tampoco es que tuviera gran variedad de cosas que habían pasado para alargar más lo que le estaba explicando.
Terminé todo entre sorbos de café y papeles desordenados pero no es que lo acabara a una hora en la que me diera tiempo de hacer otra cosa, al contrario, solo tenia tiempo para meterme en la ducha ponerme el pijama y descansar ya que madrugaría al día siguiente.
Una mañana como todas las otras que iba a tener partir de ese día, me levante bostezando de la cama, tan solo con un ojo abierto me vestí de deporte me recogí el pelo en una coleta y enchufe los cascos a mi móvil, de tan temprano era facilísimo evadirte del mundo corriendo y escuchando la música que salía de aquellos auriculares, pasada la hora y con el cuerpo más espabilado que antes, me di una buena ducha y me prepare para ir a las clases. Llené la mochila con la libreta el estuche y una carpeta con apuntes y me fui directa al edificio donde curso francés.
Las clases me fueron muy bien, las tenía repartidas cosa que facilitaba que lo entendiera y que no se me hiciera muy pesado. Menos en clase de gramática, me la pasaba mordisqueando la punta del bolígrafo y mirando el reloj cada cinco minutos, mucho mas entretenido que escuchar todas las conjugaciones que explicaba el profesor, un tanto peculiar ya que hablaba demasiado lento, era mirar como Liam se quedaba dormido encima de su libro, me distraía, aunque él parecía aburrirse mucho más que yo, y cuando se despertaba lo hacía de golpe, es más siempre se sorprendía por haberse quedado dormido.
-¡Por fin!-exclama Liam mientras recoge el libro que había utilizado como cojín-pensé que nunca se acabaría-suspira colgándose la mochila-.
-Es la peor clase de todas-dije mientras caminábamos pasa salir de aquella odiosa aula-.
-Ya te echaba de menos-dijo sonriendo-.
-Y yo, menos mal que las clases contigo son más entretenidas-contesté mientras le miraba a la cara y como esas pequeñas pecas le cubrían toda la zona de la nariz-¡Las que no te duermes claro!-continué devolviéndole la sonrisa-.
Terminé todas las clases de aquel día, y al llegar a casa comí apresuradamente para que no se me hiciera la hora de entrada al trabajo. Al llegar, Tom ya estaba allí, en la caja registradora, que como casi siempre ocupaba ese lugar, en cambio yo repartía pedidos por todas las mesas. Al terminar mi turno me despedí de mi compañero y me fui directa a descansar un poco, unas calles antes de llegar al portal me pareció ver a Adrián, pero no estaba segura, ya que lo vi de pasada e iba de espaldas, tenia exactamente el mismo pelo moreno y un poco ondulado, con esa forma de andar de chulo, pero no iba sólo, a su lado, una chica con el pelo moreno claro, pero también ondulado como él, una camiseta de manga larga blanca con los hombros descubiertos y unos tejanos claritos, le acompañaba, esperé a ver en que calle girarían para poder averiguar mejor si se trataba de Adrián, iba bastante más atrás que ellos, pero no aminore el paso ya que no los quería perder de vista, casi dos calles antes de llegar a la mía cambiaron su rumbo y no siguieron por el mismo camino, así que de ser él, a su casa no es que fueran, pero no pude descubrir realmente si ese era Adrián o si se trataba de otro chico.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora