Bailé y bailé

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El día anterior, me llamó mi jefe dándome la bochornosa noticia de que al día siguiente comenzaría a trabajar con el horario establecido anteriormente. Me iba a costar volver a la rutina y tener que dejar el verano mucho antes que lo hacia antes. Eduardo, mi jefe me comentó que fuera vestida normal y allí me darían el delantal junto con el uniforme. Toda esta conversación la tuve en la mesa del comedor de Adrián antes de llevarme el primer trozo de pizza a la boca.

Salí con quince minutos de margen de la hora que me indicó Eduardo, ya que era el primer día en mi nuevo trabajo y eso de ser impuntual no es que fuera muy bueno. Al llegar al bar entré y pregunté por mi jefe a un chico bastante alto y delgado con un delantal rojo y vestido completamente de negro, del mismo color que eran sus ojos y su pelo.

-¿Esta por aquí Eduardo?-metió unos billetes en la caja registradora y dirigió la mirada hacia mí-.

-Ahora lo llamo, un momento-esperé impaciente a su llegada-.

Entró en la puerta que tenía justo detrás y al minuto volvió a salir con Eduardo.

-Hola, Nicole, ¿Lista para comenzar?

-Cuando usted diga.

Me entregó el uniforme y me lo guardé.

Ese día de trabajo solo hice algunas comandas.

Llegué a casa, dejé las cosas, me puse ropa cómoda y inmediatamente me senté en el sofá a mirar el correo recibido.

Un correo informativo sobre el curso de francés ocupó toda la pantalla de mi portátil, lo leí, no de sorpresa me pillo que comenzaba la semana que viene, comenzarlo ya, no me ilusionaba pero me había quedado allí para perfeccionar el idioma.

Comí tranquila en casa, pero sin la compañía de las chicas y después el resto de la tarde lo dediqué a hacer video llamada con Eden, estaba muy contento apartando el hecho de que me echaba de menos, hablamos de nuestros amigos, de que había estado con mis padres tomando el café hacia un día y que como era normal por lo vago que era, no quería comenzar las clases.

Y ahí mismo me desperté, en aquel sofá de pluma, negro y ancho, rápidamente me asusté al pensar que llegaba tarde a trabajar, pero con un poco de suerte, me equivoqué y todavía tenía una hora para llegar a la cafetería.

Me puse esos pantalones estrechos negros junto al polo del mismo color, cogí mi bolso, donde guardé, el delantal y las llaves. Y como el anterior día la caja estaba ocupada por aquel joven espigado, el cuál parecía ser mi compañero.

-Hola-saludé con muestra de educación-.

-Hola, ayer no nos presentamos me llamo Tomás, encantado.

-Igualmente-respondí con una sonrisa de simpatía-.

Al principio iba despacio con los pedidos, pero a medida que fueron avanzando las horas de trabajo, lo hacía mejor. Tenía un descanso para comer algo rápidamente y volver a atender a los clientes.

Esa noche salía con las chicas a una especie de bar musical donde los jóvenes solían pasar el rato bebiendo y bailando.

A Leyla le gustaba mucho más que a Carol eso de pasar tiempo arreglándote antes de salir a cualquier parte, así que me deje aconsejar por ella esa noche.

Una vez duchada, peinada y maquillada, salí por la puerta y nos metimos en el coche de Leyla, apretó con el tacón el acelerador y fuimos de camino al bar.

La llegada fue bastante agobiante, demasiada gente me rodeaba por todas partes, muchos no se separaban entre ellos, como si tuvieran que sostener algún objeto entre los dos sin que se cayera.

Pero a pesar de todas esas personas que cubrían mi campo de visión pude ver a una de la que hacía dos días que no sabia nada.

Como era evidente Carol y Leyla se fijaron hacía donde se dirigía mi molesta mirada, y al ver la expresión de mi rostro me propusieron algo.

-¡Primera ronda de la noche!-gritó Leyla-.

-Primera ronda-repetí-.

Una vez ya sentadas la una al lado de la otra y con nuestras respectivas copas Carol se atrevió a preguntarme.

-¿Te molesta verlo así?

Quería que no me molestara, igual que también quería que no fuera verdad que Adrián utilizaba a las chicas como lo hacía, pero yo estaba segurísima de que no tenía ni el menor tipo de semejanza con alguna de esas guarras.

-Simplemente me repela, me da asco que utilice a las tías cuando le de la gana...-puse los ojos en blanco-pero ya lo sabía y ya me habíais avisado, no es nada nuevo.

-¡Bueno tía, vamos a bailar un rato!-Leyla nos cogió de la mano y nos arrastró hasta la pista de baile-.

Bailé y bailé, intente disuadir la imagen de Adrián rodeado de chicas desesperadas porque él se roce con ellas. Y esta vez me sorprendí al ver una cara que también resultaba ser conocida, esa cara era la de Tom, que me saludo con una sonrisa y bailó junto a mi, una fina capa de sudor había debajo de ese vestido ceñido, el cuál me había escogido Leyla.

-Dos cervezas por favor-Tomás deslizó una de las cervezas a donde yo estaba-.

-Gracias-sonreí. Y allí seguían bailando, como si la vida les fuera en ello-.

-Que casualidad, a parte del mismo trabajo, nos movemos por los mismos sitios-dijo y seguidamente tomó un trago de su cerveza-.

-La verdad es que es la primera vez que vengo aquí y eso hace que sea más casualidad aún-de reojo pude contemplar como Adrián seguía bailando sin parecer estar cansado-.

Me bebí la cerveza de un trago.

-¿Bailamos?-Tom se acabó la cerveza-.

-Vale-respondió-.

Y volví a bailar pero esta vez más pegada a él, un cúmulo entre lo que había bebido y la emoción al bailar me creaba gotas de sudor detrás de la nuca.

Una mano se poso en mi cintura, pero no resultaba ser la de Tom.

-¡Nicky, que movimientos!-me giré y me vino un tremendo olor a alcohol-.

-Déjame-dije apartándole la mano de mis caderas-.

-¿Pero que te pasa?

-Vete a restregarte con las demás y a mí déjame tranquila.

-Tss...Tss...-me puso el dedo índice en los labios-deja de decir tonterías.

Agobiada intenté pasar de él, supuse que se cansaría y se iría a bailar de nuevo, pero me equivoqué.

-¿Me puedes explicar que coño te pasa ahora?-y ahí sobrepasó mi punto de paciencia-.

-¡Que yo no soy como tus amigas Adrián!

Quédate conmigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora